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sábado, 27 de abril de 2013






DIANITA CARTAGENERA


Ella es como la flor llamada cartagenera: siempre viva, expansiva, festiva. Dianita cartagenera. Me atrevo a pensar que su simpatía es genética, le viene de familia. Los que conocemos a doña Rosalba y  a don Heriberto, sabemos que son los  responsables de la gracia sin par de su hija.De don heriberto heredó la  ironía y el tono mesurado, que se rompe en pedazos cuando de nuevo empiezan la charla y el baile, legado de su mamá.

Hace ya un buen número de años la conocí en el Samper. Joven, llegó un día y desde entonces se volvió la niña consentida de nuestro grupo. Una suerte de Melquíades con faldas, que a todos nos encantaba con su alegría y ese gusto proverbial por la buena conversación y los libros.
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Natural de Honda, viajó a Bogotá a estudiar idiomas en la universidad Distrital. Y recién terminó su carrera, paró por estos lares,  en donde se convirtió en una impulsora incansable de la literatura.A mí me fascina verla ocupada en su salón, con los incontables textos de sus alumnos, los que lee en detalle y profundidad.


A Dianita le fascina la poesía. Y si está acompañada de música, mejor. La vi muchas veces emocionarse hasta las lágrimas con un poema de Machado, y no desprecia ocasión para cantar a Silvio Rodríguez.


 Como notario acucioso, registra con su cámara los eventos destacados del colegio, reúne documentos y construye la memoria de las experiencias culturales del Samper. Ha sido ella gestora incansable de la Semana de la Ciencia y la Cultura Samperina, y sus proyectos buscan propiciar en los estudiantes el amor por la riqueza arquitectónica, cultural y natural de  Guaduas.


En alguna ocasión viajó a un taller de literatura en Girardot y tuvo que salir temprano en la mañana huyendo del asedio de poetas y escritores fascinados con su gracia e inteligencia. Para tranquilidad de mi compadre Néstor, ella, en el amor, sólo lo escucha a él.


Hay seres en el mundo que derrochan sensibilidad a cada momento. Dianita, para encanto de sus amigos, navega sin prisa en busca de la belleza y la  armonía de la vida. Poco amiga de enredos y tragicomedias, goza con las cosas sencillas de la vida.


Reconozco, eso sí, que lo de sin prisa es su rasgo más destacado. Para ella llegar tarde a las citas  parece ser su emblema. Lenta, despreocupada, aparece en el momento en que todos están a punto de irse. Fresca.  Entonces sonríe y todo parece como si el día despuntara con un sol radiante.

Posee Dianita un tesoro que es su familia.Sus hijos, Sergio y  Oriana; y Néstor, su esposo. A ellos y a su colegio les regala su sensibilidad e inteligencia. Sergio y Oriana son lectores exquisitos , amén de deportistas consumados.



Miro la cartagenera que  florece en mi casa. Sin duda, Dianita es tan bella y generosa como esa flor.






miércoles, 24 de abril de 2013




HERMANITAS SIAMESAS

La esperanza es promiscua, polígama, poliándrica. No admite el uno, aspira a sumar a partir del dos. Existe agazapada en la bruma y un día se asoma como sol. Sabe que su rival, el pesimismo, es amigo de la lluvia, de la penumbra.

Esperanza y pesimismo equilibran la balanza de la vida. A veces la primera se erige como campeona inigualable. Y sin que nadie lo espere, salta,el pesimismo, como la liebre, a reclamar el palmarés.


El nombre verdadero de la esperanza es segunda vez. El primer intento, fallido, acoge la resignación, da paso al pesimismo. No es posible el triunfo, la vida se mira a través del cristal empañado.  Un día, sin aviso notorio, resurge la esperanza, y de nuevo nos alistamos a retomar  el camino.

Esperanza y pesimismo, sinónimos de mortalidad. El empuje, la constancia, el desaliento, la desazón. Así construye el ser humano su viaje, así se recorren las geografías de la vida, así se elaboran las cartografías del carácter humano.


Un día sentimos la levedad de nuestros pasos; otro, la pesadez, el cansancio. Un día nos parece que su sonrisa es la fuente de la alegría; otro, es el rictus y el desprecio.

La esperanza es amiga del símbolo, de la fábula. Ella es como el ave en el cielo.Cuando se eleva a las cumbres descubre la fuerza de dioses  omnipotentes.

Montañas y jardín a una
se van adentrando
hasta la habitación en verano
(Basho)

El pesimismo es como el caracol que arrastra sus penas. La novela, la poesía  y la historia son sus elementos naturales.
vosotras, también, pulgas,
¡noche larga tendréis
y soledad...!
(Issa)

jueves, 18 de abril de 2013






 LOS AGUJEROS NEGROS


La literatura infantil es un universo que se renueva de manera constante, no sólo en sus temáticas sino en la manera de contar las historias. De  reyes y reinas, príncipes, princesas y vasallos que urden tramas en reinos  misteriosos y mágicos,se ha pasado a nuevas peripecias  en las que los lugares que se nombran corresponden a ciudades futuristas, con relatos cargados de personajes tecno, en ambientes en los que se evidencia el deterioro ambiental y los conflictos humanos. Lo interesante radica en que ambos estilos logran impactar la mente de los niños y adultos que se aventuran por las sendas de los relatos infantiles y juveniles.


Yolanda Reyes, bumanguesa nacida en 1959, es una escritora muy conocida en las aulas de primaria y bachillerato de Colombia. El terror de sexto B, uno de sus libros, se ha leído por mucho tiempo, dado el escenario en que transcurre el relato y lo apasionante de la historia. Ella ha sido una infatigable promotora de  la lectura desde el colectivo "Espantapájaros taller". Alfaguara publicó hace algunos años una colección de relatos con el propósito de hablarles a los niños sobre los derechos humanos y Yolanda se encargó de uno de ellos:

El libro surgió hace varios años, dentro de una colección que publicó Alfaguara, en la que se le pidió a autores de diferentes países que escribieran un cuento alrededor de un derecho de los niños. Año 1999, en Bogotá, y mi derecho era: «los niños tienen derecho a ser los primeros en recibir protección y socorro». Todo el mundo me aconsejaba que hablara de una ranita y el perrito al que le pasó tal o cual cosa, y yo me decía: «Yo no sé hablar de perritos ni de ranitas a las que les pasan cosas». Un domingo le dije a mi esposo: «Yo no puedo hacer esto, yo no lo sé escribir, mañana por la mañana le digo a mi editora que contrate a otro escritor». Justo ese día Héctor Abad Faciolince había publicado en las lecturas dominicales del diario El Tiempo una cosa preciosa que se llamaba «Notarios en tiempos de guerra»: hablaba de que crecer en Colombia era una cosa tan loca. Su padre, de izquierda, había sido asesinado por la derecha, seguí leyendo su artículo y decía «y la mano de mi padre en el bosque, caminando por el campo [...] y yo me acuerdo de ese niño de siete años». Esa imagen de esas manos de ese niño y ese padre, esa mano grande y esa mano pequeña, y el niño mirando el mundo con asombro fue lo que me prendió una luz.(Entrevista a Yolanda Reyes por Mónica Kiblansky, en el portal de Ministerio de Educación de Argentina).


Los agujeros negros , así se llama su libro, se publicó en Colombia en 2005 y  el origen de la historia, nos cuenta Yolanda, obedeció a un hecho doloroso:

Y así llegó la historia de Iván. Debe tener ahora unos 8 años, hijo de unos investigadores del CINEP, Mario Calderón y Elsa Alvarado, a quienes mataron por esa época. La noticia había salido en el periódico. Habían entrado en la casa por la noche, un departamento de clase media en Bogotá, como el de cualquiera de nosotros, y habían matado a esa pareja, y el hijo de dos años se había salvado. Me imaginé a esa mamá en el último instante de su vida, ante el estruendo de las balas, poniendo a salvo a su criatura dentro de un armario; como en el cuento «Los siete cabritos». Entonces le dije a mi esposo: «Cambié de opinión, voy a aceptar escribir el cuento», y me preguntó: «¿Qué vas a contar?» y le dije: «La historia de los investigadores del CINEP, a los que los asesinaron los paramilitares». «¿Cómo?», me dijo. «¡Sí!», dije, «le voy a decir a mi editora que esa es la historia que tengo para contar y que si le parece muy fuerte o políticamente incorrecta que consiga a alguien que hable de un sapito». Mi editora me dijo que entonces esa era la historia y así empecé a escribirla, y me salió.(Entrevista...).



¿Cómo contar, a partir de un crimen infame, una historia que logre superar el morbo y el melodrama? Creo que la historia contiene elementos en los que la vida aparece plena, albergando el mundo interior de los personajes, y la relación entre el niño y su abuela nos devela territorios llenos de poesía y esperanza.Como fondo del relato, el Páramo de Sumapaz, fuente de vida por cuyas ladera corren fuentes de agua que Elsa y Mario quisieron defender un día.

Recomiendo de manera especial este libro, tan actual en su temática y tan universal en la manera de contarla.

domingo, 14 de abril de 2013







LIBROS COMO FLORES
26 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO
 
Llegó abril y el invierno que se había previsto se redujo a algunas regiones, por lo que en otras hemos gozado de un sol implacable. Cuenta Bill Cuningham en el New York Times que la llegada de la primavera se muestra en todo su esplendor, con los narcisos amarillos compitiendo con mujeres y hombres que celebran la llegada de la estación con una explosión de colores en sus prendas.

 Satoshi Kitamura

,Abril ofrece  un encanto especial para Bogotá, pues la capital se convierte en un gigantesco jardín cultural, gracias a la Feria internacional del libro- 18 de abril a 1 de mayo-. Este año, el país invitado es Portugal y se han organizado tres pabellones para niños y jóvenes. Entre los invitados a la Feria, estará Satoshi Kitamura, el ilustrador infantil autor de de En el desván, Gato tiene sueño, Igor, ¿Yo y mi gato?, Alex quiere un dinosaurio yotros libros cuya belleza convierte la lectura en gozo infinito.

Laura Restrepo, la autora de Delirio, lanzará  su novela Hot sur, sobre el tema de la migración: "Hot sur retrata los silencios, los secretos y los tropiezos de tres mujeres tan distintas, tan desconocidas, una madre colombiana y sus dos hijas que después de una larga separación terminan reunidas en Estados Unidos en busca de un sueño que nunca encuentran"(El Tiempo, domingo 14-04-13).


Habrá encuentros con escritores, periodistas, editores; talleres para niños y jóvenes; actividades lúdicas en las que destacados artistas compartirán sus saberes con jóvenes y viejos; la música, esa coqueta siempre bienvenida, tendrá a dos artistas ilustres del fado portugues: Ana Moura y Misia.




Observo las lomas que rodean a Guaduas, un poco maltratadas por el calor. Me parece, viéndolas, que los libros se parecen a ellas, llenos de encantos y sorpresas, siempre frescos y actuales. Cada planta, cada árbol nos ofrece lecturas nuevas, cada libro es un botoncito atento a mostrarnos la belleza que porta.



Invito a mis amigos blogueros a echarse una pasadita por la Feria con la familia, los amigos, comprarle un libro a la hija, al hijo, autorregalarse uno, sorprender a la pareja con otro y gozarse ese ambiente  pleno y festivo.


jueves, 11 de abril de 2013






 EL MUSEO DE LA INOCENCIA

 Los restos del amor se guardan  en un rinconcito del cerebro, y cada cierto tiempo brotan  como las flores de mayo. La pérdida, el abandono son náufragos sin esperanzas. A medida que transcurren los días, la costa se aleja de nuestra visión y las agitadas aguas del presente atacan el frágil bote de la ilusión. Como destellos fugaces, surgen en nuestra memoria la imágenes  de  labios delineados con aquel carmín que tanto nos apasionaba, el bolso de cuero que portaba con tanta elegancia, el gorrito de lana en esas tardes frías, el pocillo donde se bebía el tinto de la mañana, los ojos, esos ojos que durante tanto tiempo fueron el faro seguro para atracar en puerto amor.

¿Y qué tal un museo que albergue todos los objetos que hicieron posible ese amor? Orhan Pamuk, el nobel turco, ha escrito un libro llamado El Museo de la Inocencia, relato pródigo que narra el amor de Kemal, un burgués de Estambul, y Fusun, una pariente pobre. A lo largo de setecientas páginas se desarrolla una historia cuyo hilo conductor son los objetos que Kemal guarda de su amada, la mayoría robados, luego consentidos por la chica y sus padres.


Cierto día, Kemal descubre a Fusún en la boutique Champs Élysées  en Estambul y a partir de ese momento se inicia una pasíón obsesiva por la chica. Apesar de estar comprometido con Sibel, burguesa que posa de liberal,  la atracción por su pariente lo hace romper con el compromiso matrimonial, que a su vez conduce a la desaparcición de la amante. Los escasos meses en los que juntos dieron paso a una pasión encendida en el edificio Compasión bastaron para hacer de Kemal un obseso :

 Poco antes de las cinco, todavía acostado, recordé que tras la muerte de mi abuelo, mi abuela, para soportar el dolor, no solo había cambiado la cama, sino la habitación entera.Haciendo uso de toda la fuerza de mi voluntad pensé que debía deshacerme de aquella cama, de aquella habitación,, de todos aquellos objetos que crepitaban por sí solos  con una agradable veteranía y olían a pefume de amor feliz.Pero lo que me apetecía era justo lo contrario, abrazarlos.

...Al entrar me dirigía a objetos que me recordaran el placer de haber estado junto a ella, la taza de té,el pasador de pelo olvidado, la regla, el peine, el bolígrafo, o buscaba entre las cosas que mi madre había tirado allí por viejas o inútiles aquellas que Fusun había tocado, con las que había jugado, las que se habían impregnado del olor de su mano, y ampliaba mi colección reviviendo ante mí  mirada cada uno de los recuerdos relacionados con ella.


Después de la separación, transcurre un buen tiempo hasta que localiza a Fusun. Se ha casado, vive en casa de sus padres con su marido y a partir de ese momento, acude todas las noches a visitarlos. No cuento mas, porque les daño el placer de descubrir por ustedes mismos una historia fascinante.

El Museo de la Inocencia es, además de un tratado amoroso, el registro de las transformaciones de Estambul, tanto en la arquitectura como en la política, los negocios, el arte, las costumbres. La  tensión entre los modelos occidentales y la tradición musulmana se explicitan en el comportamiento de la clase social de Kemal, ansiosa de mostrarse muy liberal en las costumbres, en un proceso complicado en el que las uñas de los rígidos principios musulmanes asoman a cada rato.



Orhan Pamuk ha organizado un museo en el que aparecen los objetos mencionados en el libro: 

 La colección de objetos que yo había empezado a reunir en torno a esta época sería el vehículo, en el museo, de la historia de las familias y de los amantes apasionados. Por un lado, la novela ofrecería un relato realista de la emocionante historia de los amantes —como la historia de Leyla y Mecnum, la versión otomana de Romeo y Julieta— y, por otro, el museo iba a ser un lugar donde objetos de la vida cotidiana en Estambul en la segunda mitad del siglo XX serían desplegados en una atmósfera especial.(Pamuk, entrevista ).


Para Pamuk, los museos se han encargado de ofrecernos una idea de nación:

  En consonancia con esa misión sancionada por el Estado, y compartida por la escuela, de contarnos la "historia nacional” en la que se supone que debemos creer, estos grandes museos contenían exposiciones autoritarias de objetos diversos cuyo propósito no terminábamos de comprender, y que pertenecían a reyes, sultanes, generales y líderes religiosos cuyas vidas e historias estaban muy alejadas de las nuestras.


De lo que se trata entonces es de convertir los museos en lugares donde la cotidianidad de las comunidades se manifieste por medio de aquellos objetos cotidianos, desprovistos de la retórica oficial, en los que las personas se identifiquen y comprendan el carácter actual y dinámico de sus historias. Un museo se convierte entonces en el escenario propicio para dialogar con el mundo cambiante y sensible.


Idea Vilariño, la poeta uruguaya escribió:
 “Hoy el único rastro es un pañuelo / que alguien guarda olvidado / un pañuelo con sangre semen lágrimas / que se ha vuelto amarillo”(Idea Vilariño)

jueves, 4 de abril de 2013



LA HAMACA


Compadre Ramón (bis)
le hago la visita
pa´que me acepte la invitación
quiero con afecto
llevar al Valle cofres de plata
Una bella serenata
con música de acordeón (bis)
Con notas y con folclor
de la tierra de la hamaca 

Luis Vidales, el poeta colombiano, reivindicó la cama como el mueble mas entrañable de la especie humana. Quienes lo visitaban eran recibidos en  su alcoba, donde el poeta ejercía de sultán tropical de la palabra. Desde la comodidad de su cama enhebraba ideas y poemas en encuentros memoriosos en los que la palabra fluía diligente, como los tejidos de una cobija de tierra fría. Tal vez  Scherezada desgajaba las historias fabulosas al  rey en su lecho. ¡Cuántas historias de gesta han nacido en el tibio y acogedor espacio de una cama!

Yo, en cambio, reivindico la hamaca. Colgada en palos, en argollas, ubicada en corredores, patios, salas, potreros, la hamaca proporciona a los mortales la sensación de abandono total- Que me perdone el maestro Vidales-.   Tentadora, con su sinfín de colores, nos  invita a disfrutar del placer de la mecida, el reposo y el sueño que llega sin falta.

Hace algunos meses visité  San Jacinto, Bolivar, la tierra de las hamacas. A lado y lado de la vía principal se extienden los negocios que ofrecen tal cantidad de hamacas, lo que hace extremadamente difícil elegir una. Por supuesto, hay que regatear, salir, regresar, ofrecer y comprar.  Al final, la alegría de haber conseguido un objeto primoroso,  elaborado por manos sabias, llenas de conocimiento atesorado a lo largo de varios siglos.






Alguna vez leí que existe una tribu indígena colombiana cuya habilidad en el dominio de la hamaca es tan sofisticado que son capaces de hacer el amor allí sin problemas. Me imagino a un novato en hamaqueadas intentando abrazar y completar lo que mandan los cánones amorosos. De seguro terminará en el hospital, con costillas rotas, chichones y moratones, mas la verguenza del trabajo no cumplido.

Mejor elogiar su  carácter moroso y pasivo. Quien se acuesta en una hamaca se dispone a abandonarse al placer mas sutil y refinado de la vida: dejarse llevar por su delicado vaivén, vía segura al sueño  reparador. O, si se quiere, dedicarse a pensar sin prisas en aquellas cosas que nos fascinan o inquietan. 

Hay otros a quienes la hamaca les estimula la lengua. En esas posiciones, los pensamientos se alborotan, el juego aparece a cada rato y el diálogo se eterniza. Imagínense si en  la ONU  se instalaran hamacas y los delegados de países en conflicto decidieran, en vez de ordenar invasiones y sanciones, compartir un sancocho, organizar un picadito, bañarse en el río o, mejor aun, organizar un concurso de chismes.



En mi caso, disfruto leer  en hamaca. Qué  bueno la pasé leyendo El museo de la inocencia de Orhan Pamuk, devorando las setecientas páginas de la historia de amor entre Kemal  y   Fusun. Creo que la lectura   gana así  en percepciones y afina la sensibilidad- hasta que nos atrape el sueño-.


Cada vez que puedo, acudo sin falta a echarme en mi hamaca. Atravesado y orondo, me dispongo a dejarme acariciar por la suave brisa mientras observo a los azulejos devorar los bananos que les pongo en una tabla. Poco a poco, un calorcito ligero me invade y luego es el sueño.