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sábado, 28 de octubre de 2017




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CORREDORES

De la casa,  el corredor es el camino de los sueños, el mirador del universo. Alfombra que invita al reposo, a la contemplación gozosa. Camino  que bordea, adentro y afuera,  la intimidad de la casa;refugio placentero para meditar y observar sin prisa el vuelo de la imaginación.

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Ahí están. Casas campesinas, con sus corredores de tierra apisonada, unos; otros, de cemento o baldosa, dan ganas de sentarse para iniciar el diálogo gozoso. Por razones de índole socio económica,  desterrados de la ciudades. Todavía se construyen en los pueblos y existen lugares en los que es un placer observarlos, con sus baldosas de diseños diversos, que reflejan el paso del tiempo y la mudanza de los gustos. A mì me encantan los corredores de baldosas moriscas, tan propios de la Costa Atlántica. Arabescos, con sus formas de flores, follaje, figuras geométricas.

 
Corredores y patios van de la mano. Su diseño tipològico corresponde a las letras I, L, U, O. Los corredores internos son el mirador  que permite disfrutar del patio interior, decorado con jardines. El que bordea la casa, es la playa privada desde la que se aprecia el mundo circundante. En pueblos de tierra caliente, cuando el sol de la tarde disminuye su poder, las familias sacan sus sillas al corredor para conversar y compartir con parientes y vecinos.




Café, para estimular los sentidos. El aroma se extiende por los espacios amplios y nos volvemos  astronautas que contemplan arrobados el espacio exterior. En la mañana, al abrir la puerta de la habitación, pisamos el corredor que nos transporta a la visión colorida del jardín. 



sábado, 21 de octubre de 2017





EL DESCANSO


Trabajar de sol a sombra se ha convertido en un símbolo de prestigio, rasgo definidor de aquellos que encuentran en el trabajo  la casi única actividad. Lo demás, distracción, molestia.El trabajo es una especie de religión moderna, condición sine qua non para lograr mas desarrollo económico y social y mayor bienestar individual. En Japón, una sociedad adicta al trabajo, es común y no causa sorpresa ver a hombres y mujeres dormidos en las escaleras  de algún edificio, sentados en una banca de un parque, el maletín agarrado firmemente, durmiendo, agotados,  a cualquier hora del día.




Alex Soojung-Kim Pam escribió un libro, "Por qué logras más cuando trabajas menos", reseñado por Arianna Hufftington en el New York Times del 12 de diciembre de 2016.  "Su tesis central es que el descanso no sólo nos hace más productivos y creativos, sino que también hace que nuestras vidas sean más ricas y más satisfactorias. Pero no todo el descanso se crea igual - no se trata sólo de no trabajar. El tipo de descanso más productivo, según Pang, también es activo y deliberado. Y como tal, eso significa que el descanso es una habilidad. "Descansar es como tener sexo, cantar o correr", escribe Pam.


Si no somos capaces de desconectarnos del trabajo, es imposible asumir el descanso como un motor de la creatividad. El trabajo dirige el descanso, por lo que se requiere de rutinas, las que se convierten en "campos de aterrizaje para la musa". Para lograrlo se requiere deshacerse del celular, porque su sola presencia "altera nuestro mundo interior", según Sherry Turkle.

Cierto. El celular representa el mundo en nuestro bolsillo, la conexión inmediata con las tribus virtuales, la caricia constante.  Pero no es el celular el problema. En el mundo actual, trabajamos para producir con el fin de realizar los consumos que nos impone el mercado. Se trabaja sin cesar y las fronteras entre el descanso y el trabajo se pierden. El computador se convierte en la oficina desde la cual realizamos los oficios que no cesan. Hasta  altas horas de la noche, la secretaria, el profesor, la ejecutiva, el contador se desvelan cumpliendo los requerimientos del trabajo.

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Existe una idea de descanso como ausencia de actividad, el abandono total o por lo menos, el olvido parcial de cualquier actividad relacionada con el trabajo. Me parece que en nuestro mundo presente, la tentación concupiscente de las nuevas tecnologías han convertido cada momento en una subversión de los tiempos normales, el espacio para el voyerismo y la exhibición en un crucero interminable  sin destino definido. El trabajo se interrumpe cuando es posible con retornos a la virtualidad cautivante y cada momento libre se convierte en exploración de páginas, chats y todo lo que nos ofrece la realidad virtual. Mientras tanto, las conquistas laborales alcanzadas después de tantas luchas desaparecen bajo el manto ilusorio del discurso neoliberal.

El descanso como navegación perpetua. ¿En busca de qué?

sábado, 14 de octubre de 2017


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CARTOLA-ANGENOR DE OLIVEIRA


Qué extraño prodigio el de seres anónimos, con poca o ninguna educación, capaces de producir las canciones mas bellas, las melodías que nos despiertan saudades, como lo hizo Angenor de Oliveira, "Cartola", considerado en Brasil la figura mas destacada de la música de carnaval, la samba.


Cartola, lo apodaron sus amigos,  porque trabajando en la construcción se ponía un sombrero hongo, para proteger su peinado-¡ Pinchado que era!-. Uno de sus amigos,  de apellido Castro, dijo de èl: 

Cartola era una prueba viviente de la sabidurìa de Dios, que naciò negro, pobre, sin religiòn ni educaciòn formal, viviò su vida entera en las barriadas(favelas) y compuso los mas bellos versos de samba jamàs escritos y dejò un increìble legado para el pueblo brasileño (Global Voices).

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Cartola naciò en Catete, Rìo de Janeiro, un 11 de octubre de 1908 y muriò el 30 de noviembre de 1980 en la misma ciudad. Pobre, bohemio y enamorado, produjo las mas bellas canciones e influenciò a grandes artistas como Elis Regina, Carlos Drummond de Andrade, Zeca Pagodinho, Chico Buarque y Caetano Veloso. 

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Imagino a Cartola sentado a la diestra de Dios Padre,  cantando en tardes memorables con sus amigos, y apuesto que Vadinho, el sinverguenza, le escancia una copa de cachaza mientras mira descarado a las mulatas  angelicales que bailan sobre nubes. 

Amanecer en la colina, qué la belleza 
Nadie llora, no hay tristeza 
Nadie se siente descontento 
El sol es tan hermoso colorido,  es tan bella 
 la naturaleza,  sonríe, teñida, 
(Amanecer) 
usted También me recuerda el amanecer 
Cuando llega iluminando 
Mis caminos sin vida 
Pero lo que puedo hacer es muy poco 
O casi nada, que le  vaya bien, vagando 
En esta calle perdida







sábado, 7 de octubre de 2017



LAS RUINAS

De muchacho, pasé muchas veces por allí. Luego del ascenso  por el Camino Real de Guaduas, se corona un sendero llano,  con abundante vegetación a lado y lado del camino. La casa, a la vera del sendero, estaba casi siempre en silencio. Los ruidos de las gallinas, los sonidos característicos  de labores rurales nos permitían suponer que allí adentro se desarrollaban las actividades propias de una casa de campo. A mí me parecía una casa misteriosa, bella y discreta . Al verla, soñaba con tener una similar, algún día. Hace poco volví a aquel lugar y solo quedan las ruinas.

En Puerto Bogotá  se construyeron unas bodegas de aduana en el siglo XVI para almacenar mercancías que luego se transportaban a lomo de mula a Bogotá y viceversa. Hoy permanecen de pie algunas columnas de aquella construcción, vital para el comercio colonial.


Por todas partes emergen las ruinas. Lo nuevo y lo viejo, en eterna y permanente lucha. El sello identitario de la experiencia humana radica en la construcción permanente, en el inagotable afán por renovar y cambiar aquello que en su momento se levanta como símbolo de poder. La nostalgia elabora el relato seductor de lo viejo como objeto de culto y el pasado se reconstruye en las estrategias del mercado cultural.

Igual que con los objetos, nos habitan las ruinas interiores.