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domingo, 27 de marzo de 2011


VIDA Y RELATOS


Cada vez que veo una película que transcurre en ambientes diversos, por ejemplo, un pequeño poblado en las faldas del Tibet, un bar en la ciudad de Tokio, un pueblito de pescadores en Brasil, experimento una curiosidad muy grande por saber qué cosas conversan esas personas, cuáles son los temas que dan sustento a sus relatos. Igual me sucede cuando me subo a un bus y viajo por algunas regiones de Colombia. Tarde en la noche, mientras los viajeros duermen, me dedico a observar caseríos, pequeños pueblos, viviendas humildes pegadas a las lomas y me pregunto cómo transcurre su día a día, cuáles son los chismes que han dado calor a sus vidas. A veces una casita permanece iluminada y me imagino a sus moradores, sentados en sillas humildes conversando sobre algún asunto. Y veo una tienda solitaria que en la madrugada sirve de refugio a un grupo de borrachitos que conversan delirantes mientras unos perros buscan las últimas sobras de comida.

Suelo, cuando converso con amigos y desconocidos, hacerles preguntas sobre sus historias personales, los lugares donde han vivido, en fin, temas que me permiten comprender cuáles son los asuntos que inquietan y alegran a las personas y estoy atento a los relatos cargados de sorpresas que en cualquier momento surgen de seres anónimos, para quienes la vida es un ejercicio constante de lucha y avatares. Recuerdo a mi mamá Ana Rosa, narrándome las peripecias que debieron sufrir por causa de la violencia que se desató a finales de los años 40 del siglo pasado. Historias en las que el coraje y la paciencia fueron los compañeros inseparables de gentes sometidas a la violencia política. Una viene a mi mente: una tarde, alquien le dijo a mi mamá que esa noche no deberían dormir en sus casas, ni ella ni los vecinos. Alguien, un jefe político, un directorio de algún partido en el poder había decidido escarmentar a los rivales. Y qué mejor que una buena batida contra un grupo de seres indefensos. Esa y otras noches, se fueron al monte a dormir. Y entre el frío y el temor, alguien se soltaba a contar una historia que servía de antídoto contra el miedo.

Hoy es posible ampliar el diálogo a través de la web. Las redes sociales, por ejemplo, han propiciado un tipo de diálogo ligero, en el que además es posible incluir imágenes y texto. No sobra decir que mucho de lo que comentamos es inducido por los medios, interlocutor todopoderoso que nunca se calla.No soy experto en comunicación. Sólo intuyo que esta narrativa no es diferente de la que se realiza cara a cara. Ciertas sutilezas, mayor interés por el reconocimiento social, pero en el fondo, es igual: nuestra vida adquiere sentido en los relatos. Las fuentes narrativas son variadas y van desde los temas que tomamos de la televisión, la radio ,el internet, el periódico y las revistas-telenovelas, noticias, realities, documentales, artistas, chismes,deportes, crónicas, redes sociales- hasta las vivencias cotidianas propias y ajenas.

En el ejercicio del diálogo existen dos senderos: el que intenta aconductar e imponer una visión, una ideología, ratificar una costumbre. Es la forma dominante, la que sanciona y ratifica un orden. El otro, el ideal, cuya finalidad consiste en dejarse llevar por la corriente de las palabras, jardín florido que permite la evocación, la ruptura, el vuelo ágil hacia nuevas fronteras. Nada más grato que el encuentro generoso en el que la palabra circula sin restricciones. No desconozco que toda interacción comunicativa conlleva una intencionalidad oculta, determinada por los intereses de los hablantes. El diálogo es también un ejercicio de poder, que se da desde la alcoba hasta el ágora. Y es la palabra la menos indicada para definir situaciones en las que todo es posible, menos la igualdad entre los participantes.

Hace muchos años-era yo un niño- encontré un día a Florinda, sentada en una butaca, en el patio exuberante de su vivienda humilde, lleno de mangos, naranjas, guamas y otras plantas. Me le acerqué y vi la tristeza en su rostro. No podía entender cómo ella, la flor más bella del jardín, había dejado de lado su alegría. Me abrazó y me contó la razón de su tristeza. Su amor único la había dejado por otra. Sus palabras fueron sortilegio que me descubrió el dolor, en medio de jazmines y dalias. Cada vez que alguien relata una historia desagarrada redescubro la dualidad humana que sólo cuenta con palabras y gestos para hacer visible aquello que circula a torrentes por nuestro cuerpo. Por supuesto, está el silencio. Pero no basta. En el fondo, el asunto es sencillo:la vida es un asunto complicado y las palabras no alcanzan a llenar el vacío, las dudas.

Habitamos los días como extraños.
El ruido de nuestras
voces
,
eco de una batalla olvidada.



Y sin embargo, acudo a ti, palabra, acudo como el sediento a punto de desfallecer, palabra.









miércoles, 23 de marzo de 2011


JUAN CARLOS MONTOYA

Alguien- no registré su nombre- escribió:

¿Qué dato o fecha indica el inicio de la edad moderna?... Existe un hecho capital que se produce en aquel tiempo y que tiene una importancia decisiva en la psicología colectiva: se trata de la exploración y la desacralización de los bosques y la sustitución de sus peligros por los peligros de la ciudad. LA MODERNIDAD SE HIZO CONTRA EL BOSQUE.


El auge de las ciudades significó una transformación profunda de las costumbres, la entronización y desarrollo de tecnologías para responder demandas sociales ineludibles y una dinámica económica y cultural cuyas fronteras son los límites del orbe. El campo se ha despoblado de manera dramática al punto de que la población urbana supera con creces a la población rural.


En el plano de la cultura, corrientes de pensamiento hegemónicas privilegian el abordaje de temáticas y formas relacionadas con lo urbano. Lo rural, como asunto de interés general, ha perdido fuerza y el necesario vínculo entre lo urbano, y lo rural desaparece entre el maremagnum de las tendencias que marcan las metrópolis.

El tema rural es asunto que carece de la debida importancia y cualquier manifestación de ella en el campo de la cultura se etiqueta como anacrónico o exótico-que es una de las maneras como se manifiesta lo anacrónico-. Lejano está el día cuando El Llano en Llamas o Pedro Páramo atrajeron a miles de lectores del mundo, fascinados por historias que penetraban en profundidad la condición humana.


Hace poco recibí con la revista El Malpensante un libro de poemas patrocinado por la Universidad Externado de Colombia. El librito- su formato es pequeño- forma parte de la colección "Un libro por centavos", que se distribuye gratuitamente con la revista. Mal lector de poesía, comencé a hojearlo y terminé inmerso en los poemas de Juan Carlos Galeano, natural de Florencia, Caquetá y en la actualidad profesor de poesía latinoamericana y cultura de los pueblos amazónicos en la Universidad del Estado de la Florida. El libro "Amazonia y otros poemas" se me convirtió en un referente para mirar la relación entre naturaleza y sociedad, entre ciudad y ámbito rural y comprobar que la buena literatura desconoce barreras geográficas, políticas y de cualquier otra índole.


La primera cuestión tiene que ver con el nexo que existe entre el mundo urbano y la selva. La frontera trazada de manera arbitraria entre los dos espacios es anegada por la fuerza de la mirada que nos descubre la unidad - en muchos casos conflictiva-de los dos espacios:






Con los primeros fogonazos de la guerra y agujeros

en las paredes,

mis padres corrieron a la selva.


Para salvarme, me pintaron con los colores de

una guacamaya

y me llevaron a vivir entre los indios.

...

Cuando me trajeron de vuelta, mis padres leían

los periódicos

y la casa brillaba en los espejos.


Por mi parte, era feliz mirando los informes meteorológicos.


(APRENDIZAJE)


Cada cierto tiempo, fenómenos naturales ineviatbles nos recuerdan la compleja relación del hombre y su entorno:

Para ser feliz, el río es capaz de cualquier cosa.

Crece, inunda los montes y se lleva las casas.

En los horcones donde cantaba la radio y colgaban hamacas

se siente, junto a sardinas y bagres, como pez en el agua.

(RÍO)


¿Acaso existen diferencias entre nosotros y los habitantes de la jungla?

Mi padre se vino al Amazonas para

enseñarles a los indios

a armar rompecabezas con las nubes.


para ayudarle, por las tardes mu hermano y yo

corremos tras las nubes desocupadas que pasan allá arriba.

...


Cerca de nuestra casa muchos indios hacen cola

para armar rompecabezas con las nubes que les son familiares.


Aquí unas nubes se parecen a los árboles, y otras les recuerdan los pirarucús.

Por allá los indios buscan una nube para completarle la cabeza a un armadillo. ... (NUBES)

Hay en la poesía de Galeano un reclamo sin aspavientos al exponer elementos de la mitología indígena con el encuentro con la cultura moderna. De manera sutil, juguetona, se intuye el riesgo del exterminio, la pérdida de un territorio:


A nuestra casa llegan indios tristes, llenos de recuerdos.

Mi hermano, como sabe, los reza y los protege con humo de tabaco.


Los indios le dejan su tristeza en piedras

y el las transforma en nubes.

Mi hermano gana poco, pero la clientela le aumenta cada día.

(CURANDERÍA)

Ese espacio gigantesco que es el Amazonas parece un niño que navega en su frágil canoa. Selva y río albergan la esperanza y la destrucción. Por sus caminos que sólo conoce la memoria, transitan la codicia y el deseo. Las palabras de colores de Galeano nos recuerdan la fragilidad de nuestras vidas, el inestable equilibrio de una naturaleza sometida a la explotación. Una secreta esperanza habita en sus poemas.









































LOLA


La última imagen que conservo de Lola: altiva, conducida por dos policías y una muchedumbre compuesta principalmente por mujeres. -Guaricha, puta, quitamaridos- le gritaban enfurecidos los manifestantes.

Lola llegó a mi pueblo muy joven, trece años, con su mamá y dos hermanos. Venían del Tolima, huyéndole a la violencia. Con tesón, instalaron una tiendita en su casa de arriendo. Allí vendían abarrotes, cerveza y el plus: unas empanadas exquisitas que eran la gloria de los clientes.

Tenía la joven tolimense un rostro moreno, y su mirada desquiciaba por las infinitas y seductoras lecturas provocativas que suscitaba en quienes tenían la gracia de verla. No he conocido una mujer con ese encanto innato para provocar incendios entre los hombres.

Unía a su belleza una independencia que a ratos semejaba soberbia. Ningún hombre poseía la exclusividad de su compañía. Ver a grupos de hombres departiendo en su tienda, embelesados con las risas y los movimientos sensuales de la chica, era todo un espectáculo. Cada vez que había que hacer un mandado en mi casa, me ofrecía con prontitud para hacerlo, niño de catorce años que creía que Lola era una diosa perdida en el trópico.

Muchos intentaron llevársela a vivir-sacarle pieza, se decía entonces-. Ella prefería el sutil y etéreo coqueteo con todos y con nadie. A sus 20 años, Lola era ciruela provocativa, eterno tormento de sus numerosos enamorados.

Un día conoció a Manuel, un ganadero joven, por quien sintió una atracción desconocida. El rostro de la mujer cambió: de la gracialigera pasó al arrobamiento. Parecía distraída, sumida en sus pensamientos enamorados.

Manuel tenía mujer y dos hijos. Decidido a conquistar a Lola, se largó de su casa. E invitó a su enamorada a irse a vivir con él. Lola no aceptó. Una mañana de domingo, Manuel la golpeó en una calle concurrida. Con su nariz rota, el rostro inflamado por los golpes, la mujer le dijo suave, sin alterse: -No soy de nadie. Vaya a atender a su mujer, que mucho lo necesita-.

Lola descubrió la fórmula infalible para ser feliz. Hombre que le gustaba, hombre que se acostaba. -No me amarro con nadie- decía. -Los hombres parecen domadores de caballos, quieren tenerla a una bajo sus pies-.

Pueblo pequeño, infierno asegurado. La moral pública comenzó a hincharse hasta que estalló la rebelión de damas y caballeros puros, que intentaron lincharla. Cada frase rabiosa era pedrada certera en el alma de una mujer para quien la libertad no tenía precio. Sólo faltó que la apedrearan. Escoltada por dos agentes, subió a un bus de la Rápido Tolima y no supimos más de ella.

A veces me imagino que Lola regresa, exquisita, con el donaire de las palmeras, altiva, y yo la saludo y le acaricio su cabello negro que se precipita sobre sus hombros de miel. y le agradezco por haberme enseñado que el amor es posible cuando se ama sin ataduras.




martes, 15 de marzo de 2011




DE PEQUEÑAS Y GRANDES COSAS



En el pasado " post" aludí a la paradoja de los grandes pensamientos que pretenden explicar y abarcar los confines del universo y la secreta relación que los mismos guardan con las "pequeñas cosas" del diario vivir. Es en el ejercicio cotidiano de los conflictos donde de verdad se muestra en toda su dimensión el ser humano. Es en el día a día donde aquellas elucubraciones son cubiertas por la luz cansada de una autopista a la madrugada. Es el escritor decadente, jugándosela toda a un libro que es un refrito de su producción, en contubernio con la editorial siempre ambiciosa y atenta a las oportunidades del mercado. Es el filósofo que en un arrebato asesina al ser que ama. En fin.

En varias ocasiones he aludido a la tremenda desazón que produce ver aquellas grandes obras-materiables o intangilbes- al cabo del tiempo. Esa pátina pertinaz que envejece los recuerdos, ese color sepia que convierte lo que en su día fue novedad en anacronismo viviente.Como el baúl de los recuerdos, lleno de objetos inútiles que se convierten en objetos inexplicables cuando su poseedor fallece. Bucles cortados para el amado, pañuelos perfumados, cartas en las que se jugó a tiro de tinta el destino de un hombre o de una mujer.

Creo que la aceptación de lo transitorio de las cosas humanas nos conduce a la aceptación gozosa del momento. Y no obstante, nos aferramos a la humareda que se eleva caprichosa hacia el cielo. Esa permanente ansia de eternidad, ese deseo de dejar huella en la tierra hacen de nuestras acciones una búsqueda incansable de lo trascendente.

En la novela de Coetzee, el señor C escribe sobre numerosos temas. La lectura que realizan Anya y Alan-especialmente este último- problematiza una tradición de pensamiento académica que se considera clásica. Para Alan, los planteamientos de C desconocen la realidad contemporánea, la que se construye sin ataduras al pasado y posee una enorme carga de pragmatismo. Dinero, poder, movimientos estratégicos para desestabilizar un producto, dominar un mercado.

Esa contradicción encubre una cuestión sutil. Las ideas del viejo seducen a Alan, al punto de espiar y leer los manuscritos De C. Tampoco entiende cómo un viejo logra tal grado de atención de su novia. Anya, a pesar de reconocer que el señor C posee un alto nivel de reflexión, no influye en su manera de comprender el mundo:

En cierto modo me ha abierto usted los ojos, eso lo admito. Me ha mostrado que existe otra manera de vivir, teniendo ideas, expresándolas claramente y esas cosas.

Y el señor C encuentra que a partir del descubrimiento de Anya, lo que escribe pasa por ella, sus pensamientos se impregnan de su belleza y de su agudeza. Catedral y vivienda, autopista y atajo. Ni más ni menos.

En ciertos momentos de nuestras vidas, descubrimos que a la hora de la verdad los asuntos fundamentales, los de cada uno, se definen de la manera menos reflexiva posible. Una mirada, un insulto, el tedio de una tarde de domingo son motivos suficientes para torcer destinos El castillo que hemos construido con la suma de los imperativos sociales se derrumba de manera inexorable frente a los ventarrones inesperados que nos asaltan a cada momento.

DIARIO DE UN MAL AÑO, la novela de J.M. Coetzee, me dio la oportunidad de adentrarme en estos tremedales con la única convicción de desear salir a campo abierto, con las heridas que produce el monte enmarañado y la alegría de entender que

ESTE MUNDO DE ROCÍO
MUNDO, COMO ES, DE ROCÍO
Y, CON TODO...

(ISSA)




martes, 8 de marzo de 2011






AL SUR DE LA FRONTERA, AL OESTE DEL SOL


Cada etapa en la vida de las personas se impregna del color y las sensaciones que las experiencias imprimen en nuestras vidas. Como un caleidoscopio, lo heredado y lo adquirido proyectan en el cinematógrafo de la vida una infinita variedad de combinaciones que posibilitan la existencia de innumerables filmes: unos, llenos de tragedia y dolor; otros, comedias que destacan la levedad; ora se proyecta una historia signada por la gran Historia, ora se realiza una inmersión en las profundidades del individuo.Y al igual que los géneros en literatura, lo híbrido atraviesa sin permiso las fronteras.

En "AL SUR DE LA FRONTERA, AL OESTE DEL SOL", Haruki Murakami nos da una lección memorable sobre el amor en diversas etapas de su vida. Hajime nos cuenta sus relaciónes con las mujeres que lo han acompañado desde su infancia hasta la primera madurez. Hijo único, conoce en la escuela a Shimamoto, otra hija única y con una ligera cojera, con quien establece una relación especial al compartir su condición de hijos sin hermanos. La música, clásica y popular les permite compartir durante dos días a la semana a Rossini, Beethoven, Liszt, Nat king Cole y Bing Crosby. Un día se toman de la mano:


"Aún recuerdo el tacto de su mano aquel día...Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquel. Durante diez segundos tuve la sensación de convertirme en un pajarillo perfecto. Surcaba el aire, sentía el viento. Desde las alturas, podía ver paisajes lejanos. Tan remotos que no era capaz de vislumbrar con claridad lo que había. Y que algún día iba a visitarlos. Esa certeza me dejó sin aliento, me hizo estremecer".



Al finalizar la primaria, los dos chicos se separan. Hajime va al instituto. Su complexión se transforma de enclenque a atlética, pues comienza a practicar la natación. Conoce a una chica con quien sale algunas veces. Se llama Izumi y con ella descubre el sexo de una manera particular. Se besan y acarician. "Pero en lo que se refiere al sexo, no llegamos hasta el final..En ocasiones, cuando mis padres salían, la llamaba y ella venía a casa.Nos abrazábamos sobre la cama. ...Pero aunque estuviésemos solos , ella jamás se desnudaba. Decía que no sabíamos cuándo iban a volver...Así que yo siempre tenía que abrazarla vestida, introducir los dedos en la ropa interior y acariciarla como buenamente podía".

Conoce luego a otra chica: "Desde la primera vez que la vi, quise acostarme con ella...y comprendí de manera instintiva que ella también lo deseaba..Así que la persona con quien tuve relaciones sexuales por primera vez era prima de mi novia".

al enterarse Izume, rompe la relación, pasa el tiempo y Hajime ingresa a la universidad.
Allí conoce a otras chicas, convive con una, termina su carrera, trabaja en una editorial, se casa con Yukiko, monta dos bares exitosos, tiene dos hijas y se reencuentra con Shimamoto. Este encuentro va a transformar su vida. Inicia una relación en la que el amor desmedido le desestabiliza su relación con Yukiko.

Pero sabe muy poco de Shimamoto. Sus encuentros en los dos bares son esporádicos, sujetos a la voluntad de la mujer.Hace mucho tiempo siguió a una mujer que cojeaba. Creyó que era ella. Después de un buen rato, un hombre lo detiene, le pide que no siga a esa mujer y le entrega cien mil yenes, que el conserva. Shimamoto le confiesa que esa mujer era ella.
Un día, después de una noche febril y apasionada, Shimamoto desaparece. Al dolor de la perdida le sucede la reconciliación con Yukiko:

Aún no sabía si , a partir de entonces, me sentiría con fuerzas para cuidar de Yukiko y las niñas. Las ilusiones no me ayudarían más. Ya no entretejerían mis sueños para mí. Por más lejos que fuera, el vacío seguiría siendo el vacío....

Esta novela posee el don de mostrarnos de manera bella los ritmos sutiles del amor en cada etapa de la vida, de cuestionarnos frente a lo que significa vivir, de conmovernos frente a la fragilidad de lo que llamamos proyectos de vida. ¡La recomiendo!!!

domingo, 6 de marzo de 2011



RUMOR DE POESÍA



Ni por nada del mundo me perdería la conferencia del célebre poeta costeño afincado en Bogotá por varias décadas, José Pedro.., que dictaría en la Universidad Incca, una noche de un jueves de septiembre de1998. Siempre había anhelado conocer a un poeta de primera línea y gracias a la información de otro poeta menos famoso, Armando..., militante de la JUCO, supe que además estaría un filósofo cubano, hablando sobre ciencia y política. -No sabes cuánto anhelo estar allí- le dije a Lucía, mi novia, estudiante de filología e Idiomas, y dueña de la sonrisa más esplendorosa de la tierra. - Te acompaño- me dijo y sus pecas titilaron radiantes, pues ella también amaba la poesía.

Ese jueves, muy a las 6:30 p.m., Lucía y yo, parados a la entrada de la universidad, en la carrera 13, esperábamos a que abrieran las puertas del auditorio. A las 7:30 se presentó mi amigo el poeta, con su saco desgastado, boina, pipa y en una de sus manos, un libro de poesía. Pasó junto a mí sin prestarme atención, hasta que notó la presencia de Lucía. -Amigo- me dijo extendiéndome su mano. Y galante, besó la mano de Lucía. -Saludo a la más bella del jardín-dijo el poeta. -Me llamo Armando y le pido que me permita navegar en sus ojos- remató con breve venia.

Sentados en primera fila, Lucía, el poeta y yo, en ese orden, escuchamos la charla del filósofo cubano, aunque me pareció notar que el poeta estaba-supongo- más atento a comentar al oído de mi chica los intríngulis de la charla sobre la superioridad del socialismo. En un breve intervalo, sacó de su saco una botella de whisky, que bebió deleitosamente y luego extendió a Lucía. Ella rechazo la oferta; A mí ni siquiera se dignó ofrecerme un trago.

En el intervalo y antes de la charla del poeta invitado observé cómo dos amigos del poeta me encerraban con el pretexto de ofrecerme unos libros mimeografiados de sus poemas, mientras Armando empujaba a mi chica hacia el extremo del salón. Inquieto, me escabullí y llegué en el momento en que Armando hablaba de una escapada hacia el "lugar sin límites"(así dijo el cretino). Cual Chapulín colorado, tomé del brazo a Lucía y la conduje a otra parte del salón.-Es todo un caballero" - me dijo arrobada mientras miraba el libro mimeografiado del poeta con su firma y una dedicatoria que intenté leer, pero no hubo tiempo pues el poeta invitado, J.J., se acercó a Lucía y la invitó a acompañarlo a la mesa principal. Armando y yo ,solidarizados por el rapto descarado del poeta mayor, trotamos tras ellos pero ya era tarde: Lucía, sentada junto al gran poeta, saludaba con la mano al público.

La charla, adobada con citas de autores de todo el universo, arrancó aplausos de los presentes. Luego vino la tertulia y observé cómo José Pedro sacaba de un bolsillo de su saco una botella de vodka, consumida hasta la mitad. El duelo entre Armando y el poeta mayor por llamar la atención de Lucía derivó hacia un debate sobre el compromiso de la poesía, mojado con aguardiente y los restos de las botellas de los dos poetas. Lucía, sabiéndose la fuente de inspiración de estos dos aedas transformados en gladiadores implacables decidió intervenir señalando que el verso más bello de la vida lo había inventado José de Espronceda, cuando escribió: "Volverán las oscuras golondrinas...". Avergonzado intenté remdiar la metida de pata de mi amada, pero para mi sorpresa los elogios y halagos por partida doble me obligaron a callarme. Lucía me manifestó en un murmullo, sentirse la mujer más feliz de la vida, pue nunca había conocido a seres más sensibles y refinados. El poeta mayor, con los bolsillos de su saco al revés, miró triste la botella vacía. - Se agotó el néctar, camarada Armando-. Uno de sus cómplices , victorioso, mostró una botella de aguardiente, lo cual arrancó aplausos del respetable público.

Del fondo del salón irrumpió el sonido alegre de un son cubano y en instantes se prendió la fiesta. Lucía era la reina indiscutida , la elegida del Parnaso. Armando bailaba con estilo de pulpo y sus manos parecían multiplicarse en la espalda de Lucía. El poeta mayor me pareció en cambio un a sabandija, pegado a la humanidad de mi chica. Yo estaba a punto de reventar, de decirle a todos que eran unos...cuando observé a Lucía que , desesperada, intentaba repeler los abrazos del pulpo, cada vez más envolventes. Como pude, agarré la botella de whisky y se la descargué a Armando en la espalda. Algo crujió en su humanidad. Un grito desesperado desató la reacción en cadena de la cofradía de poetas, que intentaban agarrarme para molerme a patadas. El poeta mayor, borracho, intentó golpearme, con tan mala suerte que cayó sobre una mesa y allí quedó tendido. Lucía llegó a mi lado y agarrándome de la mano arrancó a correr hasta que logramos evadirnos del lugar y de la horda de vates asesinos.

A las dos cuadras nos detuvimos.El cabello de mi angel guardián estaba alborotado. Yo temblaba un poco. Ella me secó el sudor de mi rostro y me besó con ternura. -Eres mi mejor poema- me susurró mientras acariciaba mis cabellos.

Una estrella solitaria asomó en el cielo nocturno.







miércoles, 2 de marzo de 2011




LA FIESTA


No recuerdo el lugar de la fiesta. Tal vez fue en casa de Gloria; tenía entonces dieciséis años y una timidez centenaria. Fui porque a Manuel le parecío imposible que dejara de asistir a una rumba donde escucharíamos a Richie Ray y a Bobby Cruz. Y por supuesto, las chicas (confieso que no era yo el objeto de su interés).

En las fiestas se tiene establecido un orden y una jerarquía determinados por la posición social y económica, lo que hace difícil para los que ocupan los rangos más bajos acceder a las delicias y encantos de las jovencitas.

En realidad, no me interesaban las novedades musicales. A Richie lo escuchaba en la radio, de la mano y los comentarios de Miguel Granados Arjona. De las chicas, me atraía todo.

Existía en aquella época-años setenta- cierta actitud liberadora, un aire de "yo soy distinto" , y una de las maneras de serlo consistía en despreciar la música de Pastor López y todos los grupos a los que denominábamos " el combo del chucuhuco". La onda era la salsa, compleja, exquisita, llena de experimentación y riesgo-eso decíamos-.

A mi me gustaba Miriam. Picarona, dulce, con su cola de caballo y sus vestidos de flores.

La minifalda llegó en los sesenta y se quedó para siempre. Dos estilos se impusieron: la ceñida y la rotonda.

En cierta ocasión, Miriam me contó que ella rellenaba con piedritas el dobladillo de su vestido para que el viento no pudiera alzarlo. Esa noche imaginé que por un extraño fenómeno natural desaparecía todo vestigio de guijarros y el viento campeaba a sus anchas .

Nada más triste que una fiesta en la que la chica a la que deseamos se entretiene con otros y pareciera que somos ánimas perdidas, sin deudo.

Sentado junto al DJ con una cocacola que logré robarme en un descuido de la dueña de casa, miraba a Miriam bailar alborozada, en brazos de rivales más curtidos y prestigiosos. Era la reina de la fiesta y yo ni siquiera alcanzaba el grado de bufón del rey-digo, de la reina-. Con cierta regularidad veía entrar a la cocina a los invitados especiales, quienes salían limpiándose la boca, relamidos de gusto.

Los temporales, las hojarascas, los huracanes son dioses encargados de imponer un nuevo orden, una nueva disposición de las cosas.

A las 10 p.m., cual Cenicienta retro, entró a la sala una chica despampanante, de la mano de un desconocido. Saludó a Gloria y luego a la pista de baile.

Una borrasca, por ejemplo, agita los tejados de las casas, dobla las ramas de los árboles, derriba cuerdas de la luz.

A partir de ese momento, todos los jóvenes dejaron de atender a sus amigas. Las miradas recorrían febriles el cuerpo de la chica voluptuosa que más que bailar rendía un homenaje abierto a la sensualidad desbocada.

Pasado el temporal vienen los arreglos.

Debo decir que Miriam se fue pronto para su casa. Pocos notaron su ausencia- uno de ellos, quien les cuenta-. Ni más faltaba, pues tuve el privilegio de acompañarla a su morada, y darle un cálido beso de buenas noches y recibir una promesa de un "tal vez" que me pareció un canto de ángeles.

Todavía recuerdo a esa joven que como una aparición encendió los deseos de los hombres y permitió que otra joven, herida en su orgullo, se dignara descender a los confines de Barataria.

¡Ah! Alguien, en un descuido, se robó tres acetatos de Richie y una libra de carne que se había dispuesto para la picada de los invitados especiales.