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sábado, 26 de diciembre de 2020




 " Cartas a Antonia" es "el libro inédito que Alfredo Molano le escribió a su nieta durante mas de una década, en el que reúne  sus historias y pensamientos mas íntimos  para explicarle el país en el que nació, y le relata muchos de los viajes  que lo llevaron a recorrer casi 14.000 kilómetros  del territorio colombiano, a pie, subido en sus Converse de colores"(Alfredo Molano, Cartas a Antonia, Aguilar). Una lectura en la que se extiende como verdolaga el amor de Molano por su nieta y que constituye, a la vez, un manifiesto de amor a Colombia, narrado en un lenguaje sencillo y fresco que vale la pena leer. 

En una parte escribe Molano: "Cuando cambien el río, no traerá arena , los manglares se morirán  y la gente se irá de sus tierras donde tiene sus muertos y tiene sus abuelos que abuelan a las nietas  noche y día".  Se refiere al ecocidio  cometido por una multinacional gringa para desviar el curso del  río Ranchería con el fin de explotar una mina de carbón. 



 

          Aparte de la indignación que produce tal atentado a la naturaleza y a los pueblos de la Guajira, me            llamó la atención el verbo "abuelar", que usa Molano. Es sinónimo de consentir, malcriar, mimar,          alcahuetear, arrullar y todas las palabras  que describen el amor de los abuelos por sus nietos.

En un país como el nuestro, en el que existe el  culto a la violencia, al maltrato,  a la patanería y la agresión, bien vale la pena exaltar a los abuelos, seres dotados de un amor inextinguible por sus nietos, dispuestos  siempre a realizar proezas para dar gusto a los niños, dotados de una comprensión infinita que desconoce el maltrato y abunda en amor.




En ese contacto permanente se tejen los sueños imborrables de niñas y niños, se aprenden los secretos arcanos de misterios y aventuras sin fin, y se establecen los valores mas íntimos: la ternura, la comprensión, el diálogo y el anhelo permanente de vivir las aventuras de cada día, sin la mirada severa de los padres.

La lectura del libro de Molano es una oportunidad para dialogar con nosotros mismos, para interrogarnos acerca del valor del amor filial, y de perdernos en la locura de los juegos y el cariño por esos locos bajitos, como llamó Serrat a los niños.