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sábado, 27 de agosto de 2022

 



NO PIERDAS EL ASOMBRO

Estaban los chicos duros, que imponían su ley; estaba uno que era el del billete, siempre rodeado de amigos; había otros  a quienes siempre nos  la montaban, "torombolo " para acá, "torombolo" para allá; y estaba uno, inclasificable, el único que entraba a la biblioteca del colegio y que a mí me llamaba la atención. En un recreo me le acerqué y le pregunté: "¿Qué lees?". Me miró, se sonrió y me mostró la portada de un libro enorme: "Ben Hur". Así me enteré, por su testimonio, de la vida  de Judá Ben-Hur. Poco a poco fuimos ampliando nuestra amistad y un día lo acompañé a la biblioteca. Ese día, por  sugerencia suya, llevé mi primer libro a la casa. Así que ahora éramos dos los que íbamos a la biblioteca.


Existen maneras diversas de relacionarse con el mundo, de descubrir las sutilizas de la existencia y una que valoro es la del conocimiento que nos brindan los libros. No es la mejor; tampoco, la peor. Es una. Su riqueza radica en la oferta inagotable de historias, de mundos posibles que nos permiten observar los hechos, las circunstancias de la vida y nos desvelan los misterios que subyacen en nuestro interior. 

Cuenta Irene Vallejo en el País que "en los veranos de infancia y sed, tu madre repetía: no dejes de asombrarte cada vez que abras el grifo. Y cuando girabas la manija, te parecía que el chorro brotaba como riéndose y silbando, sorpresa, sorpresa. Ella intentaba que retuvieras ese instante de fascinación, que conservaras siempre viva la admiración por esos avances, ya rutinarios".

Sea por medio de las páginas de un libro, de una pantalla digital, de la observación atenta de las cosas que pasan a nuestro alrededor, lo único valioso consiste en mantener la curiosidad, el asombro, para que los días se vayan tejiendo como alfombras de pétalos y el cielo siempre brille con luz nueva.


sábado, 20 de agosto de 2022


La escuela de Atenas, Rafael Sanzio

¡LA FILOSOFÍA ESTÁ VIVA!

Siempre, y sin que lo esperes, la vida te da gratas sorpresas. Sentado en un restaurante con amigos departo y miro por la ventana del local. Me encuentro con un rostro que me mira. Parpadeo y enfoco mejor: ¡Claro, mi alumna de bachillerato de hace algunos años!!! Fue en el Liceo pedagógico Jean Piaget donde compartimos un tiempo las clases de inglés. Salgo y nos saludamos efusivamente. La recuerdo siempre tan creativa, tan buena lectora, "rebelde", decían los profes. Me cuenta que estudia filosofía en la Javeriana, que esta a punto de terminar su carrera y planea salir un tiempo al extranjero a continuar sus estudios.

Cada vez que sucede esto experimento una alegría infinita, ver a chicas y chicos tan autónomos, metidos en diversidad de asuntos, en busca de aprendizajes para la vida, con actitudes muy actuales, con temores inevitables y dispuestos a jugarse el todo por el todo para vivir en armonía con el universo. No son tiempos fáciles. Muchos jóvenes luchan para conseguir un empleo, lograr llevar adelante un emprendimiento. A mí me alegra saber que mi alumna del Piaget haya escogido filosofía, y estoy seguro de que, dadas sus capacidades, brillará con luz propia en nuestro país.


Como todo está conectado y la serendipia funciona como un relojito, me encontré con un artículo en El País sobre la carrera de filosofía en España, que me cayó como anillo al dedo: "El boom de vocaciones en la carrera de filosofía: suben un 33 % en cinco años", por Elisia Siló. Han sido las carreras de humanidades las cenicientas de la demanda de carreras en el mundo y veo con preocupación que el déficit de profesionales de esas ramas afecte la perspectiva, los enfoques y las políticas públicas de un país. 

Los alumnos se interesan mucho por la filosofía. Cuando en clase la aterrizas en la realidad ―problemas sociales, conflictos armados, las redes sociales...― se dan cuenta de que tiene una hondura que no tiene, con todo el respeto, la enseñanza del inglés o la lengua”, razona Carlos Javier González Serrano, profesor de Filosofía y Psicología del colegio San Gabriel de Madrid. “Y eso al margen de los problemas psiquiátricos que tienen [los adolescentes]: ansiedad, depresión, infinidad de TOCS [trastorno obsesivo compulsivo], trastornos de conducta alimentaria…”. Aunque la aproximación al pensamiento, sostiene el también orientador, es general: “La gente quiere que la filosofía dé sentido a la vida cuando una experiencia como la pandemia nos la ha robado. O ahora la guerra, el alza de los precios 


En el mundo contemporáneo los límites entre carreras, la dedicación exclusiva a un campo de conocimiento ha sido desbordado por enfoques integrales, así que vemos a ingenieros ejerciendo en labores administrativas, matemáticos dedicados a la producción de videojuegos, en una cascada de operaciones que se entrecruzan y borran los límites establecidos en otros tiempos. Señala Siló que "La gente quiere que la filosofía dé sentido a la vida cuando una experiencia como la pandemia nos la ha robado. O ahora la guerra, o el alza de precios".

Un aspecto relevante de la formación que se requiere hoy apunta a las competencias blandas:

El informe España 2050. Fundamentos y propuestas para una estrategia nacional a largo plazo, encargado por el Gobierno a un centenar de expertos, lo pone de manifiesto: “No sabemos con certeza cuáles serán esas necesidades en el futuro. Parece claro que crecerá la demanda de competencias STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) y de competencias transversales (ejemplo, pensamiento crítico, creatividad, liderazgo)”. Y los filósofos bordan estas destrezas. Su creatividad explica que muchos se reciclen como guionistas o publicistas.


Entre la incertidumbre y el espíritu cambiante de los tiempos, qué grato saber que muchos jóvenes desbordan el marco impuesto por el mercado. La reflexión, el cuestionamiento constantes son las herramientas blandas necesarias para encarar un mundo difícil de asir- el pez enjabonado- y qué refrescante saber que las humanidades son, como la literatura, "la noticia siempre fresca".




sábado, 13 de agosto de 2022






RESPUESTAS INTEMPORALES

 ¿Qué es el deseo?

    

Se ha ocultado la luna
También las Pléyades
Es la media noche y las horas se van deslizando,
y yo duermo sola.

¿ Y qué es el amor?

Dulce madre mía, no puedo trabajar,

el huso se me cae de entre los dedos

Afrodita ha llenado mi corazón

de amor de un bello adolescente 

y yo sucumbo a ese amor.




Es cierto que el amor causa dolor?

Me parece semejante a los dioses ese

hombre que está ante ti

sentado y escucha la preciosa voz

de cerca

y la risa adorable que hace temblar

mi corazón en el pecho,

en cuanto te veo, se me va

el habla,

se me rompe la lengua,

me hormiguea un fuego impalpable,

mis ojos no ven, no oigo

claro,

transpiro de frío, un temblor

se adueña de mí, descolorida

como pasto seco,  y me parece

que me falta poco para estar muerta.

Una mujer, hace 1375 años, respondió  estas preguntas con la delicadeza y el ingenio propios de una sensibilidad atemporal. Se llamaba Safo, nació en Mitelene, Lesbos, entre 650-610 a.c. y sus poemas resuenan todavía como el viento delicado que acaricia los ocobos y les otorga brillo a sus flores. Se cree que murió en Léucade, en 580 a.C.


sábado, 6 de agosto de 2022



CONTADORES DE HISTORIAS

 Todos los martes,  Héctor Urién cuenta un relato de las Mil y Una noches en la taberna Alabanda en Madrid : "empezó el 6 de marzo de 2012, de modo que lleva 10 años, 4 meses y 4 semanas dándole a la lengua. Vi su actuación hace unos días y es un narrador formidable: embelesa y divierte. Le quedan por delante unos 20 años para acabar el libro. Como tiene 44, terminará más o menos para la jubilación. Ya lo dije antes: es el proyecto de vida" (Treinta años contando las Mil y Una Noches, Rosa Montero, El País Semanal).

Héctor se doctoró en biología y un día decidió que lo suyo era contar cuentos en bares. Así que abandonó la academia y se dedicó a fabular en esos templos en los que el deleite  llega en viandas y bebidas espirituosas. Doble placer, adobado con la palabra que nos acerca a la gloria.

Las Mil y una Noches constituye un legado de Oriente a la humanidad y muchos de nuestros sueños de infancia y juventud se nutrieron de estos relatos fantásticos. Su estructura y contenido los convierten en atractivo de grandes  y chicos y forman parte del tapete de historias urdidas en épocas y regiones diversas.


Imagino un lugar en Guaduas donde un día a la semana se propicie un encuentro de amigos para escuchar a bardos espontáneos, a narradores ocultos, a magos de la palabra enhebrar historias locales y universales, al calor de un refresco o de un vaso de bon vino. 



Que la palabra sea el pegante que nos une y nos reconcilie con la vida; que sea la palabra el vehículo idóneo para dialogar, compartir y disentir sin agresiones; y que sea la palabra el instrumento para intuir  el ritmo impasible del mundo, de apropiarnos de la belleza presente en cada instante.

Que nunca nos falten los contadores de historias.