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martes, 25 de mayo de 2010




EL ÚLTIMO ENCUENTRO

Esperó 41 años. Ni las guerras, ni las pestes, ni los duelos, ni los años lograron disminuir su pasión por la venganza. En un castillo al pie los Cárpatos, Heinrich, que alcanzó el grado de General de una república de Europa Oriental, hijo de un guardia imperial y de una francesa, familia rica y cercana al emperador, espera el momento definitivo: La llegada de Konrad, su amigo de infancia, con quien alcanzó la carrera militar y con quien mantuvo una amistad sólida hasta que konrad decide partir sin ninguna explicación.


Heinrich es un militar, un hombre que cree en los principios, que condiciona su vida a las normas y odia la música. En su infancia fue criado por una nodriza, NINI, quien lo crió y amamantó y por la cual desarrolló un amor especial. Ella lo acompaña en este momento definitivo y se ha encargado de preparar la cena y los cuartos donde se desarrollarà el encuentro. Konrad, en cambio, ama la música, toca el piano y de acuerdo con el padre de Heinrich, "...nunca será un soldado de verdad". A pesar de las diferencias, su amistad es sólida, constante. Cuando Heinrich se casa con Krisztina, su amigo los visita dos o tres veces a la semana, hasta que un día se va de la ciudad. A partir de ese momento, Heinrich comienza a preguntarse por la partida de su amigo y por la clase de relación que mantuvo con Krisztina.

La historia en su forma es sencilla. Inicia cuando el general espera a su amigo para consumar la venganza, reconstruye la vida de los dos amigos, y a partir de la mitad, sólo se escucha la voz de Heinrich, quien desea saber "la verdad". Las palabras fluyen de manera sólida, como si se hubieran guardado a la espera de ser pronunciadas en el momento indicado, y allí, en un cuarto del castillo, desnudan los conceptos de la verdad, la realidad, la amistad, la fidelidad, el honor, la cobardía.

Sándor Marai, el autor de "EL ULTIMO ENCUENTRO", ha escrito una obra reflexiva, provocativa, con un aliento aristocrático y burgués, en el que la palabra sirve de fondo a los avatares de la amistad de dos hombres y de los lazos secretos que los llevan a encontrarse luego de cuatro décadas.

lunes, 17 de mayo de 2010





DE LO BELLO, LO EFÍMERO, LO ABSOLUTO




Muriel Barbery, autora de LA ELEGANCIA DEL ERIZO, dijo a propósito de los dos personajes de su novela:" Ambas (Paloma y Renée) se preguntan dónde reside la belleza. La niña está convencida de que se oculta en las cosas frágiles, fugaces. Por eso la busca en el movimiento, que es elusivo por naturaleza. Y la encuentra. Incluso en un partido de rugby, en los movimientos de un jugador maori"(ARCADIA). Esta idea de la belleza se hermana con el haikú, tan breve en su composición, tan inmediato en la aprehensión de un hecho, "tragaluz abierto un instante sobre un pequeño hecho natural, resplandor súbito, sonrisa formada a medias, suspiro interrumpido antes de ser oído" (Chamberlain).

La belleza es desde esta perspectiva la frescura que anida en cada instante y que se renueva por la inmediatez de las sensaciones, por el carácter efímero de la vida y de las cosas:

una mota de polvo contiene la tierra entera; cuando una flor se abre, todo el mundo viene a nacer

Hekiganroku, libro de escrituras del zen

La belleza en otra perspectiva, la que se expresa en las letras de los boleros y el tango, asume lo absoluto como finalidad, la permanencia del sentimiento, el dolor por la pérdida: un viejo amor, ni se olvida ni se deja...Y el carácter sacro del amor nos remite irremediablemente a la otra vida, infierno y paraíso que se escribe con dolor y esperanza ...por eso yo te pido una vez más/me esperes en el cielo/ y allí entre nubes de algodón, haremos nuestro nido.


En la música popular de América latina belleza y sufrimiento van de la mano, y el disfrute momentáneo de lo bello acarrea el dolor, la pérdida, la nostalgia; y se vive con la esperanza de transformar el rechazo, el desprecio en armonía con un mundo intemporal donde lo humano pierde su condición terrena. La belleza aparece así en su condición absoluta, ajena a las contradicciones pasajeras, las que dan lugar a un estado beatífico, sereno.


La belleza aparece de manera espontánea, inesperada, como el pechirrojo que surge ante nosotros en el camino. Sólo se requiere de los sentidos, de la disposición para descubrir en cada recodo, en cada fragmento, un pedazo del universo. O acaso es aquella una idea perenne, que a pesar de las contingencias de la vida, se transforma con la esperanza y el absoluto.

domingo, 16 de mayo de 2010



LUIS ACOSTA


Lo recuerdo siempre con su sonrisa generosa, atenta a los comentarios de sus amigos, con la broma precisa, con el estallido constante de carcajadas por cualquier motivo. Màs de treinta años administrando canchas de tejo y en un periodo, el Café Real. Ahora ya no está, ha muerto LUIS ACOSTA.

Muchos guadueros compartimos tardes y noches de tejo y farra en su negocio cerca de la Piscina Municipal. Lugar de encuentro en el que compartíamos los últimos chismes, las bromas eternas a los amigos y a ratos, las penas desnudadas por los ríos de aguardiente y cerveza. En su negocio éramos los reyes del momento, pregoneros de conquistas amorosas que se convertían en epopeyas al calor de las canciones de JULIO JARAMILLO, JOSÉ ALFREDO JIMÉNEZ y tantos otros agitadores del amor y el desamor. En las noches, cuando el trago había cumplido con su deber, se escuchaban cuitas y declaraciones sentidas por la amada.

Alguien me dijo algo hermoso: Luis atendió borrachos toda su vida. Es cierto, Luis fue el hombre que compartió con sus amigos un momento esplendoroso de la vida de los seres humanos: el tiempo en que el trago nos hace levitar, vagar por senderos ocultos, prohibidos, en la búsqueda ansiosa de eternidad.

Ah, Luis, ojalá que si existe el paraíso, logres montar una juega de tejo, para bien de todos los amigos que se han muerto, y de los que pronto o tarde nos iremos.

lunes, 10 de mayo de 2010






LA HISTORIA ÚNICA

Cuenta Chimamanda Ngozi Adichie que en su infancia, una infancia feliz en Nigeria, leía libros de literatura en los que los personajes eran blancos, tenían ojos azules y bebían cerveza de jengibre. Luego empezó a descubrir autores africanos: "Me di cuenta de que personas como yo, niñas con piel de chocolate, cuyo cabello rizado no se podía atar en colas de caballo, también podían existir en la literatura". A partir de ese descubrimiento, Chimamanda comprendió el peligro de las historias únicas.

Una historia única es un estereotipo , y "la consecuencia de una historia única es esta: roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes".

Ahora que estamos de celebración del bicentenario del grito de independencia, estos planteamientos nos permiten aproximarnos a la diversidad de historias nunca contadas en los textos oficiales y en las que los actores principales son los de abajo, aquellos que como las raíces de la ceiba, están allí para sostener el mundo. Por esta razón me pareció un contrasentido la decisión del CENTRO DE MEMORIA de Guaduas al elegir como tema de participación "EL ÚLTIMO BAILE DEL VIRREY ". Considero que ya está bien de tanta veneración a valores hispánicos deplorables-los virreyes, casta parásita y excluyente- y que es hora de indagar por tantos personajes y acontecimientos ligados a sectores populares de Colombia.

Las comunidades de nuestro país, en especial las que forman parte de la periferia geográfica y social, construyen cotidianamente historias de coraje, sacrificio, sentido colaborativo, y en sus acciones de todos los días siempre está presente el espíritu lúdico, gozón, que hace de la convivencia una experiencia gozosamente compartida...a pesar de tantos avatares.

en su hermosa intervención, Chimamanda Adichie concluyó de esta manera:

cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola histoira sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso.