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domingo, 22 de agosto de 2010




LUIS CARLOS LÓPEZ


Pasa el tiempo. Los lugares se transforman, aquello que en su momento fue imprescindible y novedoso ha sido barrido por el olvido. Nombres rutilantes de una época son hoy meras alusiones de especialistas que nadie lee . Cada vez que visito pequeños pueblitos perdidos en la vasta geografía de Colombia, con sus calles polvorientas, árboles frondosos y un ritmo lento en las costumbres, me niego a aceptar que muy pocas cosas permanecen, que el movimiento incesante de la vida arrasa con todo lo que se le ponga al frente. Y pienso en un poeta que a mi juicio logró plasmar toda una época de la historia cotidiana de Colombia y que cada vez se lee menos:LUIS CARLOS BERNABÉ DEL MONTE CARMELO LÓPEZ, más conocido como el "tuerto" López.

Entro a una tienda y pido una limonada. Afuera, el calor obliga a las personas a refugiarse en sus casas y sólo los perros deambulan libres por las calles.


Flota en el horizonte opaco dejo
crepuscular. La noche se avecina
bostezando. Y el mar, bilioso y viejo
duerme como con sueño de morfina.

El universo poético del cartagenero discurre entre los prototipos provincianos, el tedio, una ligera concupiscencia y la más punzante ironía en la historia de nuestra literatura.

el alcalde, de sucio jipijapa de copa,
ceñido de una banda de seda tricolor,
panzudo a lo capeto, muy holgada la ropa,
luce por el poblacho su perfil de bull-dog.
...
su mujer, una chica nerviosamente guapa,
que lo tiene cogido como una grapa,
gusta de las grasientas obras de Paul de Koch,

ama los abalorios y se pinta las cejas
mientras que su consorte luce por las callejas
su barriga, mil dijes y una cara feroz...


Miro a los parroquianos que conversan, responden sus celulares y miran el noticiero de televisión. Una jovencita, de blusa ombliguera y bluyín ceñido se dirige a su amigo: "marica, vamos esta noche a la discoteca". No se parece esta chica a la muchachas provincianas de López:


Muchachas solteronas de provincia
que los años hivanan
leyendo folletines
y atisbando en balcones y ventanas
...

Pobres muchachas, pobres
muchachas tan inútiles y castas,
que hacen decir al Diablo,
con los brazos en cruz:!Pobres muchachas!

La poesía del Tuerto López plasma un universo tan parecido al que refleja Fernando Botero en su obra pictórica. El mundo provinciano de sus cuadros, parece nutrirse de los tipos que discurren por la poesía de López-curas, familias, prostitutas, políticos, policías, pueblitos-. Un mundo rígido, autoritario, lleno de convenciones y jerarquías, macho y sectario. Y seres humanos que a pesar de todo, lograron imprimirles a sus vidas la riqueza y el ritmo de un porro (hablo de música).

Salgo a la calle. Pasan raudas dos motos. Es otro mundo el que se vive hoy. Ya sólo queda la nostalgia.

Noble rincón de mis abuelos:nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas...

Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín...las carabelas
se fueron para siempre de tu rada...
!Ya no viene el aceite en botijuelas!

Fuiste heroica en los años coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,
en puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos.

(A mi ciudad nativa)

miércoles, 18 de agosto de 2010




CEREZOS EN FLOR


Rudie Angermeier reconoce, a la muerte de Trudi, que ha sido egoísta con ella, que los sueños de la mujer a la que amó con intensidad se postergaron por su falta de desprendimiento. Cuando la mujer fallece en el viaje que han hecho al Báltico, la desazón invade su alma. ¿Por qué solemos herir a los seres que amamos? ¿por qué callamos, omitimos palabras y acciones que en su momento pudieron hacer de la relación algo más pleno y bello? Sospecho que estos esguinces afectivos están ahí para que cuando ocurra la pérdida, nuestro ser alcance las cumbres del dolor, y la soledad adquiera el pleno dominio de nuestras vidas, acercándonos al vacío existencial que comporta la pérdida del ser al que se ama.

La película se inicia cuando Trudie recibe de los médicos la noticia de que su esposo sufre una enfermedad terminal. Ella decide callar y viaja con él a Berlín, donde viven sus hijos Klauss-casado, dos hijos- y Karolin- lesbiana, quien vive con su compañera. Pronto descubren que sus hijos se sienten incómodos con ellos y desean que se marchen pronto de sus vidas. Decide entonces la pareja viajar al Báltico. Una noche, la mujer fallece y la tristeza invade a Rudie. Y en ese proceso desolador, siente que ella está allí con él, que no lo ha abandonado. Viaja entonces a Tokio a visitar a su otro hijo,Karl. Este vive en un apartamento pequeño y trabaja buena parte del día. Vemos a Rudie desempacar su maleta y en ella, la ropa de su mujer: el saco azul, la falda oscura, el kimono, la levantadora.

Rudie inicia un viaje de descubrimiento del mundo que Trudie amó a través de su pasión por el BUTOH, danza expresionista japonesa contemporánea. Deseos siempre postergados de acercarse a esta forma artística tan sutil por amor a su marido y a sus hijos. En una escena conmovedora, vemos a Rudie atar su pañuelo a una baranda para tenerlo como punto de referencia y no perderse en esa ciudad enorme, extraña. Así, entra a un bar donde bailan y se exhiben mujeres semidesnudas, recibe la atención de dos mujeres en una sala de masajes y trata de acercarse a su hijo, quien al igual que los otros dos, desea de manera ferviente que su padre se vaya de Tokio.

En una de sus salidas, Rudie descubre a una joven en un parque. Los cerezos están en plena florescencia, y ella, ataviada con un un kimono, danza el butoh, y en sus manos lleva un teléfono, el que acerca a su oído. Rudie entra en contacto con la mujer y ésta le cuenta que de esa manera se comunica con su madre muerta. Y descubre que bajo el abrigo, Rudie viste el saco y la falda de su mujer. A partir de ese momento se inicia una relación especial con Yu-así se llama la joven-, que los llevará hasta cerca del monte Fuji.

El Fuji es caprichoso. Se esconde, no permite que lo vean. hay que tener suerte para poder apreciarlo en su esplendor. Varias veces Yu y Rudie abren la puerta corrediza del hotel donde se alojan y desde donde se divisa la montaña, pero esta permanece oculta. Hasta que un día, en la madrugada, Rudie, quien ha sufrido una recaída, se levanta y al correr la puerta, aparece blanca y soberbia la montaña sagrada. Rudie se viste con el kimono de su mujer-debajo lleva su levantadora - y despliega la coreografía del Butoh, tal como ella le enseñó en una ocasión. Yu se despierta y al descubrir que el hombre no está en la habitación, corre hasta la orilla del mar. Tirado sobre la arena, está Rudie, muerto.

Doris Rier, directora de cine alemana, ha logrado en LOS CEREZOS EN FLOR, contar una historia triste. El carácter efímero de la existencia se expresa por medio de la belleza de los cerezos florecidos. Y las moscas, que sólo viven un día, deben conciliar el placer con la muerte. Y el amor y la existencia humana, flores de cerezo que nos recuerdan la eternidad de los instantes.

La muerte, que ronda la película de comienzo a fin, alcanza la plenitud y la resignación a medida que Rudie se transforma e integra a Trudie. Aquellas gotas de dolor ocasionadas por el capricho de un hombre dejan paso a la asimilación absoluta de los dos seres. Más allá de la vida, permanece el espíritu del ser que se ha ido. Sin la fe en un mundo más allá del presente, el dolor por la pérdida del ser amado, la angustia del fin sin esperanza nos desgarran las entrañas, cual águila que devora a Prometeo. Ella no está más con Rudie y sin embargo, ella le da las alas para la danza final, ella es él.

Hermosas las flores, efímero su destino. Y cada momento una sensación de palpar lo infinito, lo eterno.

Esas imágenes que recorren la película son poemas tristes y alegres que nos animan a sentir la vida con intensidad, a pensar que la belleza es flor de un día y que placer y muerte son las dos caras de la misma moneda.

Vale la pena ver esta película.










jueves, 12 de agosto de 2010




LA PROTESTA


Paloma, la protagonista de LA ELEGANCIA DEL ERIZO, escribe en "el diario del movimiento del mundo": ..lo dedicaré pues al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso si no hay nada qué decir, de las cosas, y a encontrar en ello algo lo bastante estético como para darle valor a mi vida. Gracia, belleza, armonía, intensidad...". El pasado martes 10 de agosto se realizó una protesta contra el gobierno departamental de Cundinamarca, el que planea convertir el hospital del municipio en un puesto de salud. Y la marcha de protesta se transformó en una batalla campal que se prolongó desde las doce del día hasta las nueve de la noche, con heridos de lado y lado y la sensación general de que por fin se logró expresar el descontento con las polìticas públicas en salud del estado. Y así como el artesano que logra combinar diversos elementos para producir un objeto artístico, intentaré relacionar las reflexiones de Paloma con la revuelta.


¿Qué motiva a las personas a enfrentarse a policías armados, entrenados para disolver manifestaciones y siempre dispuestos a romperle el alma a quien se les atraviese? En lo más profundo de nuestro ser habita el animal que somos y que está dispuesto en muchas ocasiones a arriesgar el pellejo contra y por lo que sea. Y si se es joven, existe esa atracción por el peligro, sutil encanto que se realiza al borde del precipicio, movimiento extremo que excita al ser humano, vorágine colectiva que aviva el fuego latente en nuestros corazones.

Carreras, saltos, esguinces, movimientos son la coreografía del combate. Los sentidos se disponen en alerta máxima y el cerebro procesa las órdenes que permiten escapar de situaciones peligrosas. Emoción extrema que mantiene el cuerpo en estado alterado, reconciliación con los combates ancestrales que hicieron posible la supervivencia en los primeros tiempos.

Cuando la sangre fluye por los golpes, las pedradas y las balas de goma(o de las otras), la rabia y el miedo se mezclan y el ambiente se torna agitado. Deseo de venganza, búsqueda de refugio, replanteo de la lucha y la refriega continúa. Los policías antimotines parecen perros rabiosos dispuestos a acabar a dentelladas a los manifestantes y se vive la confusión y el alboroto ocasionados por las piedras que vuelan, el chorro de agua que se dispara, el humo de los gases y las puertas que se cierran de manera intempestiva.

A la noche, la calma. Los vehículos detenidos todo el día inician de nuevo el viaje. Los policías patrullan las calles y los habitantes de Guaduas pensamos que hoy fue un día muy especial.



















domingo, 1 de agosto de 2010









LOS JARDINES


Después de las seis de la tarde, el galán de media noche exhala su perfume. Es un olor delicado, breve. El olor se esparce por todos los rincones de la casa y flota en el ambiente una sensación de regocijo ligero. Luego, desaparece. Y al cabo del rato, otra vez su perfume.Me acerco a las ramas y admiro la profusión de flores, tan sencillas, tan ajenas a la exuberancia de las otras flores.

Cerca del galán, se encuentra la palma de Iraca. Me dice Alejandra que cuando ella y su familia se trasladaron a esta casa, ya la palma estaba ahí. Siempre verde, extiende al cielo sus hojas protectoras. Sus tallos delgados se alargan y tapan los rayos de sol que buscan colarse por entre los pequeños resquicios. Poco amiga de la humedad, soporta jornadas prolongadas de calor.

Como el patio es pequeño, hemos acudido a las materas. Anturios y novios despliegan sus colores, tan vívidos, tan alegres. Flores que no cesan de ofrecernos sus deliciosas formas: el anturio, gusano que camina sobre una alfombra roja; el novio, llamarada gozosa de rojos y rosados.También están las pequeñas alondras, flores lila que semejan los vestidos coloridos de Alejandra.

Unas flores que cautivan son los. cayenos: Está la de flores amarillas, con pequeñas pintas rojas en sus pétalos, y la granate . Cada mañana, cuando me levanto, las miro y me sorprende la presencia constante de sus brotes. Miro los capullos un día y al siguiente, una serie de enormes y vanidosas flores, cual estandarte de una procesión.

Pequeño, discreto, se encuentra el marañón. Cuando me lo regalaron, venía enfermo. Sus hojas mostraban las heridas propinadas por un cuerpo extraño. Pintas cafés en sus hojas de un verde deslucido. Con paciencia, logramos su recuperación. Y una vez al año, nos regala una cosecha abundante de sus frutos, que comemos con deleite y devoción.

Y en la mitad, el rojo. Lo planté en el año de 1987 y no le auguré prosperidad. Al comienzo, parecía que se iba a extinguir. Luego, comenzaron a brotar las flores rojas de sus hojas blancas, con pintas verdes. Ahora reina por sobre todas las plantas y amenaza con invadir el techo de la casa.

Clavellinas, camarones, diosmes, rosas, cecilitas, té, coca. Flores y plantas generosas que pintan los días de colores.

Miro hacia las montañas y se me ocurre que el jardín más bello está afuera, en las montañas que rodean a Guaduas y en el valle donde se asienta el pueblo. Verde de todos los colores como escribió el poeta Aurelio Arturo. Creo compartir la emoción que debió sentir el cantor Leandro Díaz al cantarle a La Lomita:

Después de La Lomita/ se encuentra un arroyuelo
donde la gente dice:/!Qué bello manantial!.
Sus aguas cristalinas como el cielo/me muero sin poderlas olvidar.
Qué linda La Lomita:sus verdes arbolitos/allá llega la brisa que viene de la Sierra
allí suelen volar los pajaritos/comiendo guayabitas piruleras

Yo recuerdo haber leído sobre los jardines japoneses, tan discretos y sencillos, con elementos como el agua, la piedra, la arena y el pasto. Cada elemento simboliza un aspecto de la vida, universo parco cuya riqueza se percibe en la contemplación gozosa de sus formas. La observación del conjunto aspira a brindar el sosiego e invita a la meditación. Miro el jardín de la casa y me parece que es como una feria de pueblo, colorida, intensa y llena de sorpresas. Un chupaflor se deleita con el néctar del rojo, los azulejos picotean un banano y las hormigas se preparan para su próximo asalto. Y me parece que el arco iris de nuestros jardines es prolongación de la parquedad de los otros jardines.

Culpable, el sol. Eterno, agazapado cuando llueve, y listo a saltar con su lienzo dorado. La claridad de los días, la transparencia de la luz, el aire delicado que pasea por todos los rincones invitan a decorar los espacios con color. Y qué mejor que el inventario profuso de flores que asaltan la paleta de colores de la naturaleza. En el trópico, el sosiego, la contención y la previsión carecen de sentido. Una orgía perpetua de luz nos mantiene alejados de la meditación.

No es culpa de las flores la ausencia de reflexión en nuestra cultura. Tal vez la creencia en otra vida, perfecta, sin contradicciones, nos ha alejado de la posibilidad de buscar la eternidad en lo efímero y presente. La imperfección, la culpa, el destino son accidentes en el tránsito hacia la verdadera felicidad, aquella que adquiere su verdadero valor con la muerte. ¿Para qué preocuparnos por asuntos pasajeros que nos distraen de la verdad? Las flores son adornos que celebran la muerte, paso invitable hacia la vida eterna.

Viene a mi memoria un haiku de ONITSURA:

EL RUISEÑOR,
POSADO EN EL CIRUELO
DESDE TAN ANTIGUO.