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sábado, 30 de septiembre de 2023

 



LAS PIEDRAS CRECEN

Monumentos impasibles, creciendo en silencio, acumulando los sedimentos de minerales y agua: las piedras.

 Sus formas nos hablan de secretas combinaciones, de arreglos planetarios. Son libros que guardan la historia de millones de años, memoria de granito, impávida e indiferente a las vanidades humanas. Sea porque en su piel de granito se refleje la historia natural de las innumerables transformaciones planetarias, sea porque - como la piedra Rosetta- en su lomo se tallen los decretos que permitieron descifrar los jeroglíficos egipcios, las piedras son los testigos acuciosos de un relato que trasciende las vanidades humanas.

Nada mejor para descansar y disfrutar de la armonía del paisaje que esas piedras de diversas tonalidades cuyas formas reproducen el paso del tiempo. Su belleza es contenida y sus cambios suceden de manera imperceptible. La flor ostenta el arcoíris de colores y la piedra exhibe  el códice  donde reposan los cambios del planeta.

Las piedras son el complemento de la exuberancia y la fertilidad del suelo. No son objetos de cambio, no provocan la codicia del emprendedor. Así que ellas nos acercan como ningún otro elemento a la fusión con el globo

Son ellas el testimonio fehaciente del paso de años, siglos, milenios, de la cambiante estructura del planeta, de los cambios climáticos, de los fenómenos naturales y de los cataclismos que le han asignado rostros variables a la tierra. 

 Un jardín alcanza su máximo esplendor si lo adornan las piedras.  

Este texto surgió a propósito de la lectura de un artículo en El País de España, "Piedras vivientes que parecen sacadas de un cuento de Borges", por Montero Glez.

sábado, 23 de septiembre de 2023




 LOS PLACERES CULPOSOS

He aprendido que, pasados los sesenta, vamos tachando de la agenda personal  placeres y rutinas deleitosas y hemos asumido un discurso pletórico de recomendaciones sobre salud, alimentación, ejercicio físico, las que sencillamente implican prohibiciones y adopción de nuevos estilos de vida, a la mar recomendables y jartos. Eso pensé mientras escuchaba el podcast Tercera Vuelta, de Alejandro Gaviria y Ricardo Silva sobre los placeres culposos.

Los placeres culposos son por definición tan gratos que nos producen arrepentimientos, sentimientos de pecado y yerro. Esos postres exhibidos en la vitrina de alguna pastelería, la bandeja paisa repleta de  arsenal gastronómico letal- rellenas, chorizos, fríjoles, plátanos fritos, chicharrones-,   una noche de farra con los amigos en los que, por culpa de un ambiente deleitoso, nos pasamos de guaros. Creo que el castigo mas elaborado se llama  "guayabo", el tormento que faltó  incluir en  la Divina Comedia.

Cuentan Gaviria y Silva  que en muchas ocasiones fueron objeto de burla de sus amigos por declararse hinchas furibundos de Sergio y Estíbaliz y del Binomio de Oro, por leer algún best seller, hecho considerado como una transgresión a los cánones cultos, o por declarar que , a veces, cometían la herejía de ir a un centro comercial, golosina capitalista, palacio del consumo, tienda de vanidades.

Grito a los cuatro vientos y asumo  todas las consecuencias al afirmar  que los placeres culposos son el último fortín de la libertad, el escenario, los actos que nos recuerdan nuestra condición de homo ludens, el hombre que juega. Los apóstoles de la idea del  trabajo  como la condición verdaderamente humana,  mienten de cabo a rabo; esos predicadores revestidos de gesto severo y dedo índice apuntando a tu cara quieren convertirnos en esclavos, robots automatizados sin emociones ni deseos. Que la IA rellene el mundo de máquinas, mientras los mortales nos dedicamos a observar arreboles,  a jugar un picadito, a chismosear, a bañarnos en el río y a perdernos en la ternura de unos ojos coquetos y unos labios tentadores. ¡ Y sin culpa!




sábado, 16 de septiembre de 2023



 SONIDOS A LA ORDEN

La salud de un ecosistema se puede medir por los sonidos que allí se producen. Bernie Krause ha dedicado una buena parte dé su vida a grabar los sonidos de las especies que pueblan hábitats  diversos. Él es el creador del término  "biofonía" para "describir sus grabaciones en diversos ecosistemas:

Krause grabó, por ejemplo, el sonido en un área del norte de California antes y después de que se cortaran árboles. La deforestación era "selectiva", es decir, se derribaron árboles individuales en distintos puntos del ecosistema y aparentemente nada había cambiado...Sin embargo, las diferencias en las grabaciones antes y después son notables..(BBC NEWS MUNDO, LA GRAN ORQUESTA DE LA NATURALEZA).


Quienes habitamos ambientes urbanos- la mayoría de la población mundial-, vivimos en un ambiente plagado de ruidos. Cuenta Juan David Zuloaga que hace algunos años, las personas que compraban un álbum de Miguel Tomasín, " Gordura vegetal hidrogenada", no  se daban cuenta de que compraban "los sonidos del mundo y entonces podían oír el andar de los desesperados, las charlas animadas de los vecinos, los suspiros de los enamorados, los pregones de los vendedores ambulantes, los lamentos de los desempleados que pueblan las plazas, los gritos regocijados de los niños que juegan en los parques, las mechas de los tejos y los choques de las bolas en los chicos de billar; las melodías de las discotecas y los murmullos de los bares. Y en las noches,  los pasos lentos y desmañados de los parrandistas, las tristezas de los solitarios, el callado rumor de las estrellas y el vaivén del mundo en su ciego andar"(Los sonidos del mundo, Juan David Zuloaga, El Espectador).

Una reivindicación esencial: una comunidad generadora de sonidos placenteros. La vida se torna bella cuando producimos sonidos para el bienestar personal y colectivo.   Habitar el planeta significa contribuir a crear un ambiente equilibrado, sereno.

CHIPAUTÁ

El sonido mas grato: el silencio. 

sábado, 9 de septiembre de 2023






 REDES DE SOLIDARIDAD

La mamá parte temprano en la mañana a vender sus arepas y empanadas. Las vecinas que quedan en casa se encargan del cuidado de sus niños.  Así,  todos los días, un intercambio de favores, una solidaridad que no cuesta dinero y una manera de realizar  la crianza, digamos, extendida. Una red de afectos y solidaridades. 

Dice Antonio Muñoz Molina que "nadie es autónomo, eso es una falacia, una tontería. Todos tenemos una cantidad de redes alrededor. La idea del individuo que lo consigue todo con su propio esfuerzo es otra mentira" (El País, entrevista de Sergio C. Fanjul). El discurso capitalista nos vende la idea de autonomía como la realización propia, producto del esfuerzo y la constancia, ajena a cualquier interacción y desprovista de solidaridades y apoyos. El hombre actual se explota a sí mismo hasta el agotamiento, piensa que las dificultades y fracasos son su culpa, nos dice Byung Chul-Han, el filósofo surcoreano. 


La solidaridad es el otro  nombre de las redes afectivas. Una interacción cotidiana en la que se aúnan fuerzas para resolver situaciones problemáticas, construir ramilletes de alegría y creatividad.  Comunidades enteras ejecutan trabajos para construir un acueducto, abrir una trocha, recoger una cosecha, realizar un bazar para adquirir materiales para una guardería infantil, organizar una viejoteca para conseguir fondos destinados a pintar una escuela. Familiares y amigos aportan para el pago de una matrícula universitaria, el voz a voz ayuda a alguien  a conseguir un trabajo, ante la pérdida de un ser querido, familiares y amigos crean el tejido de afectos para aliviar la pérdida. 

El verdadero  poder radica en las redes comunitarias, en las acciones colectivas. 



sábado, 2 de septiembre de 2023




TEMPESTAD O BRISA APACIBLE

 "Es un anciano que lo sabe todo de las piedras y de los árboles, de los climas y de las estrellas", dice Carlos Montufar acerca de Humboldt, en la novela de William Ospina, "Pondré mi oído en la piedra hasta que hable". Humboldt,  una tromba que inundaba todos los campos del saber, un caballo brioso para quien no había obstáculos: 

No aprende lo mismo un científico encerrado en su gabinete que un hombre asomándose por el cráter de los volcanes,  descifrando los vientos desde la cubierta de un barco, padeciendo el riesgo de los naufragios, desafiando el vértigo de los peñascos sobre el lomo de las mulas equilibristas, afrontando borrascas en la intemperie y enjambres de mosquitos que oscurecen el aire. También se aprende la realidad viendo hileras de esclavos que se calcinan bajo el sol despiadado, visitando furtivas casas de placer en una ciudad de las montañas o temblando de amor en un cuarto, en la tibieza de unos brazos desnudos (Pondré mi oído...).

Nacida en un pueblo de pescadores en Japón, Kaneko Misuzu, "tuvo  una suerte  poco común para las niñas japonesas de su época: permanecer en la escuela hasta completar, a los dieciocho años, sus estudios". Huérfana de padre a los tres años, se integró al trabajo de la librería de su familia, lo que le permitió  leer los clásicos japoneses, chinos y occidentales. Temprano comenzó a escribir poemas, llenos de sensibilidad por la naturaleza. A los veinte años envía cinco poemas a una revista y son aceptados. Comienza así un periodo creativo que se trunca cuando se casa por imposición familiar. A partir de ese momento su vida cambia; su marido le prohíbe escribir y leer, frecuentar a sus amigos escritores y le contagia una enfermedad venérea. 

Por mas que extienda los brazos, / nunca podré volar por el cielo./ Y el pájaro que vuela no podrá correr/ rápido por la tierra, como yo. 

Por más que me balancee/ no se producirá un bello sonido. / Y la campana que suena,/ no podrá saber tantas canciones como yo.

La campana, el pájaro y yo, / todos diferentes, todos buenos.

KANEKO MISUZU



Cansada de los abusos de su marido, decidió separarse. "El golpe final vino cuando el para entonces exmarido decidió reclamar la custodia de la hija,  la pequeña Fusae. El 10 de marzo de 1930, a los 26 años, Kaneko Misuzu, abrumada por el dolor emocional y físico, se suicidó con una sobredosis de calmantes, dejando una carta en la que pedía a su marido que diera la custodia de Fusae a su madre". 

Humboldt y Misuzu representan dos maneras de entender y actuar en la vida. Somos tempestad o brisa apacible, acción o contemplación, reposo o movimiento.  Dos maneras complementarias de incursionar  en el humano oficio de comprender e interpretar, de sentir y analizar.  Liebre o tortuga. Caracol o lince.

"Todos diferentes, todos buenos.

Esta entrada nació de la lectura de dos libros: "Pondré mi oído en la piedra hasta que hable" de William Ospina y "El alma de las flores", de Kaneko Misuzu.