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sábado, 31 de julio de 2021

 


 FILAS Y NUEVAS RUTINAS SOCIALES

Solíamos hacer colas para ingresar a un teatro, un restaurante, una oficina, un estadio. Hoy, el panorama añade las colas para vacunarse contra el COVID-19.  Incluso, se han dispuesto  lugares para vacunar a las personas en sus vehículos. Por supuesto, la motivación tiene que ver, ni mas ni menos que con la búsqueda de protección contra un mal que no respeta edad, sexo ni condición social ni geográfica.

Alguna vez leí que en Cuba, con tantas limitaciones económicas, las parejas asisten a los pocos moteles de La Habana y cuando llega una pareja pregunta: ¿quién va último? y alguien levanta la mano, así que la pareja se sienta por allí, a esperar su turno. En este caso, la espera contiene una dosis de ansiedad gozosa, cuyo premio significa el paso a la habitación acalorada por el sol de La Habana y el deseo de los amantes.


Allá por los años 70 del siglo pasado, en una sociedad pacata como la nuestra, una película porno se robó el interés de muchos: "Cuando las colegialas pecan". Filas largas de personas con los rostros volteados hacia las paredes, mirando hacia las vitrinas, simulando estar por ahí, esperaban el momento de ingresar a la sala de cine y sorprenderse, excitarse y disfrutar de las escenas calientes de actores porno suecos.

Las colas o filas han formado parte de las rutinas sociales, tan inevitables y pesadas que solo caben la paciencia y la rabia interna. Esas filas desde la madrugada para lograr un turno, tan comunes en una época en Colombia, que daban pie al ingenio y el rebusque de algunos madrugadores de oficio, vendedores de turnos en complicidad con funcionarios deshonestos. 

Hoy, luego de cuarentenas, cierres, restricciones horarias y toques de queda, de nuevo vemos largas colas que ocupan aceras enteras para retomar el gusto por algún espectáculo, comida, evento cultural y deportivo. Sospecho que hay placer en la espera, cierta sensación de venganza ante las prohibiciones. Volver a vivir los encuentros gozosos al calor de un buen plato, una bebida espirituosa, un espectáculo, con el cerebro cómplice que nos hace sentirnos seguros.

Desde aquí, desde este espacio virtual, invoco a los dioses del Olimpo a desterrar mal tan devastador y antisocial: que los virus pierdan la cabeza por los  agujeros negros y nos dejen en paz a los mortales. Eso espero. Mientras tanto, me ajusto el tapabocas y miro por la ventana transcurrir los días, solitario, deshojando una margarita y repitiendo: con Covid, sin covid, con covid...


sábado, 24 de julio de 2021

 


EL CUERPO

Para algunos, el cuerpo es un templo; para otros, un centro comercial. Para Wayne Mc Gregor es un archivo. "Somos la suma de nuestra memoria genética, somática y emocional. Construimos un conjunto de datos que usamos para navegar por lo familiar y por lo desconocido (Nuestros cuerpos son historias, entrevista de Roger Salas a Wayne McGregor, Babelia).

El cuerpo, objeto de prohibiciones para las religiones, espacio de combate donde se dirime la batalla perpetua por su dominio, posesión patriarcal, fuente de búsqueda y de placer, mera envoltura de algo mas sublime- el alma-, máquina exquisita capaz de desafiar la gravedad, objeto de deseo y condición ineludible del consumo, en fin; que el cuerpo ha sido y es tormento y búsqueda, totalidad y liquidez. 


Objeto tan codiciado por tantos, el cuerpo exhibe su cambiante disfraz y cada época le atribuye signos y destinos, pues allí se definen batallas en torno a su condición. La mirada masculina ha sido proclive a fijar límites morales y a imponer criterios de belleza, seducción y control. Las prendas son mas que envolturas; definen las normas de belleza, discreción, osadía y rebeldía. La desnudez se asocia con la transgresión de los códigos morales y no existen miradas serenas ante la piel desnuda. 

Las enfermedades son las compañeras permanentes del cuerpo. Ahí están, recordándonos nuestro carácter mortal. "Es difícil seguir siendo emperador ante un médico", le escribe Adriano a Marco en la novela de Marguerite Yourcenar. Ante las enfermedades, el cuerpo se torna sumiso, callado. A su vez, ante las enfermedades, el cuerpo descubre placeres íntimos como disfrutar del silencio, revisar el decurso de la existencia y vivir, en directo, la proximidad de la muerte.


Por ser nosotros una especie cargada de símbolos, el cuerpo se asume como una hoja de papel sobre la que se escribe o se pinta. Cada trazo intenta dotar al cuerpo de significados, de ampliar o reducir el tamaño y la forma de algunos órganos. La ciencia médica se desvela tratando de prolongar la vida y la vejez se asume como una carga a la que hay que eliminar de tajo. El cuerpo se exhibe, se agita como arma de seducción, de poder. Y el color de la piel y el tipo de cabello condenan o privilegian a grupos, estigmatizan a pueblos enteros e imponen las marcas onerosas de las razas, vistas unas como superiores.

En especial el cuerpo de la mujer reclama su independencia de imanes, pastores, curas, patriarcas, policías, jueces, políticos. Los géneros y la identidad ofrecen una gama de tendencias contestatarias y movimientos femeninos derriban los pedestales de acosadores y violadores.



Que el cuerpo se confunda con el tronco altivo del árbol centenario, que el rostro se asimile a las flores y en cada especie veamos una señal de encuentro y regocijo. La vanidad humana es nada si deja de lado la relación armónica con el mundo. Al fin de cuentas, dependemos de todos y la permanencia en este planeta depende de cómo nos integremos con el resto. El cuerpo que adquiere matices variados en la relación con otros cuerpos. Un cuerpo asumido como fruto de la naturaleza. Un bosque.



sábado, 17 de julio de 2021

 


LA VIDA PEQUEÑA

A lo largo de 15 años, el coronel esperó el  mensaje que le avisaría sobre la asignación de su pensión. Con resignación y ansiedad contenida, aguardó la carta que nunca llegó. ¿Qué conjeturas haría en la madrugada, qué pesadillas atravesaron sus noches, qué angustias se contuvieron en la garganta, qué rabias brotaron impúdicas en medio de la cena frugal? en el fondo,  la esperanza de un mendrugo que alivie la espera. 

Así es, me parece, la vida. Mas allá de las pretensiones de paraísos terrenos o celestiales, la cotidianidad está colmada de alegrías y penas. Ahora o en el 1100, la codicia y la violencia han conducido una parte de los sueños de los seres humanos. La bondad y la solidaridad, la esperanza, el sacrificio y la rebeldía, la otra parte.



¿Cómo, entonces, navegar en este mar agitado, cómo sobreponerse al desencanto y las amarguras que nos dejan la maldad de los malos y la pasividad de los buenos?  Antonio Muñoz Molina escribe en su reseña del libro de José Ángel González Sainz, "La vida pequeña. El arte de la fuga":

Cuando era muy joven me desconcertaba una frase de Borges que ahora no sé citar de memoria: venía a decir que no hay un solo día de la vida en el que no pasemos al menos unos instantes en el paraíso...A lo largo de los años me he acordado con mucha frecuencia de esas palabras: no ya en esos días, que los hay, en los que uno se siente colmado de felicidad, de pura alegría, sino también en otros más sombríos, atropellados, incluso amargos. Una sensación, un encuentro, una llamada, un descubrimiento, unos minutos de descanso entre dos obligaciones me han ofrecido un paréntesis o una luz de paraíso, y he agradecido la lucidez de fijarme en ellos mientras me sucedían(Antonio Muñoz Molina, buscando níscalos, Babelia).

                                                                                                                                Níscalos

Estar abierto a las sorpresas que nos ofrece el diario discurrir, quitarle fuerza a la rabia y la decepción y asumir que esta vida, tan repleta de ofensas e injusticias, nos brinda la abundancia de gratitud, generosidad y sacrificio presente en la mayoría de las acciones humanas. Señala Muñoz Molina sobre el libro de José Ángel González:

 La vida pequeña propone, desde su título, una actitud inversa, un curarse en salud de las feroces mayúsculas que tanto daño hicieron al mundo en el siglo pasado —y siguen amenazando todavía— mediante el cultivo a conciencia de lo menor, lo concreto, lo próximo, el paraíso de cada momento presente, lo tangible de un bloque de madera que huele todavía a savia y que un artesano convertirá en un valioso objeto cotidiano, la soledad acompañada que no se rinde a las fantasmagorías narcisistas del yo, las metáforas contenidas en la lengua común de todos los días. No sé si a propósito, lo que ha escrito González Sainz es un breviario laico, una defensa de un edén modesto como una huerta en el que el trabajo será tan gustoso como la indolencia y del que no será obligatoria la expulsión. Muchos farsantes proclaman que buscan la Verdad. Es más de fiar quien sale al bosque a buscar níscalos.


Esas manos que en la mañana amasan el maíz para hacer las arepas, el pájaro que se posa en la cuerdas de la luz eléctrica, la mano amorosa que calma el dolor de alguno,  la persistencia en el rebusque, el juego espontáneo, el hombro que soporta la tristeza del amigo,  la sensación de vacío y asombro al contemplar el cielo estrellado, el bocado que se comparte, las risas desbocadas, la pasión que rompe las normas, el asombro presente en los niños, el libro que nos deja perplejos, la canción que desvela nuestras emociones mas íntimas, una flor que brota espontánea en el camino. Así entiendo la vida pequeña.

sábado, 10 de julio de 2021


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SENTIDOS ALERTA, CORAZÓN ABIERTO 

Una niña camina por un sendero en el campo. Un atajo la lleva a una cueva y en la cueva descubre un mundo lleno de seres mágicos. Así imagino la lectura y el diálogo: como una cascada de novedades para el alma, fragmentos capaces de estremecernos y acercarnos a paisajes distintos, a sensaciones nuevas, ideas que nos ponen el mundo patas arriba. El domingo 7 de septiembre de 2019, El Tiempo publicó una entrevista a la poeta rumana Ana Blandiana. A la pregunta "¿Cómo era la relación con su padre, que fue perseguido y encarcelado por el régimen comunista en su país?", responde: 

Él era sacerdote ortodoxo y una persona muy especial.  No era capaz de tener una relación con los demás que no fuera de igualdad, incluso conmigo. Cuando él me hablaba, siempre lo hacía como un adulto. Me respondía todas las preguntas con seriedad y me enseñaba cómo formularlas.  Murió cuando yo tenía 22 años, en un accidente, a muy pocos días de haber salido de la cárcel.  Llevaba seis años preso, así que nuestra relación se interrumpió desde mis 16.  Es decir, al final de la adolescencia, que es la época de las grandes preguntas sobre la existencia.  Acumulé muchas preguntas que no le pude hacer. Me quedé con ellas. De alguna manera, mi destino literario empezó porque tuve que contestar sola esas preguntas(La poesía es una invitación al silencio, Redacción lecturas, El Tiempo).

Resultado de imagen para joven dialoga con su abuelo

De la respuesta de Blandiana surgen tres tópicos: la actitud del padre, la consideración sobre el fin de la adolescencia como el momento de las grandes preguntas y la literatura como una manera de responderlas. Un hombre abierto, generoso, una joven inquieta que interroga y la literatura como respuesta a las grandes preguntas. 

Entre el sudor y la prisa, el juego y los amores, surgen los interrogantes vitales en  esa etapa de la vida. La frescura y la vitalidad no opacan las dudas y las incertidumbres comienzan a depositarse en la cabeza. Alguien responde. De su tino, de la manera como se aborda la respuesta, llenamos nuestras expectativas y damos un paso adelante en la construcción de nuestras miradas. 

Resultado de imagen para adolescentes dialogan con adultos


Qué no daríamos por encontrar padres dispuestos a resolvernos los interrogantes que nos rodean. Qué no daríamos por reconciliarnos con la vida a partir de una palabra justa. Dichosa Ana Blandiana que encontró en la literatura una manera de encontrar las respuestas.

Y dichoso yo, que encontré en sus palabras un tesoro para sentir y compartir.

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Para finalizar, un poema de la escritora rumana:  

Deberíamos
Deberíamos nacer ancianos,
Llegar sabios al mundo,
Pudiendo decidir nuestro destino en el mundo,
Conocer los caminos que nacen del cruce primigenio
Y que sólo sea irresponsable el anhelo de caminar.
Luego, ser más jóvenes, y más jóvenes, para llegar
Maduros y fuertes ante la puerta de la creación,
Cruzar y entrar al amor adolescentes,
Ser niños cuando nazcan nuestros hijos.
Entonces serían más ancianos que nosotros,
Nos enseñarían a hablar, nos acunarían para dormirnos,
Nosotros disminuiríamos hasta desaparecer
Como una uva, un guisante, un grano de trigo...


sábado, 3 de julio de 2021



ALDEAS Y COSMOPOLITISMO

¿Al habitar en un pueblo pequeño se está condenado a vivir por fuera de las tendencias que marcan las pautas globales? ¿se requiere vivir en ciudades cosmopolitas para respirar la contemporaneidad? Irene Solá, escritora española, responde :

Hui de Malla con 18 años para vivir historias universales, para aprender en grandes ciudades relatos que creía buenos solo por ser en principio factibles ahí… Pero me di cuenta, y en eso influyeron mucho cómo los islandeses narraban sus leyendas con seriedad y universalidad, que las historias que quería contar venían de aquí… Es decir: se puede ser contemporáneo desde Malla; se trata de explorar y hacer preguntas desde el ahora, un ahora crítico, feminista… Puedo hacer literatura contemporánea desde donde decida”, afirma, sentada en un prado solitario de un pueblo de 272 habitantes(Se puede ser contemporáneo desde tu pueblo, entrevista a Irene Solá por Carlos Gelis, El País).


¿Qué ocurría, por ejemplo, en la cabeza de un niño en un pueblo de la costa Atlántica, en un ambiente de pobreza, de calles destapadas, de ausencia de acueducto y alcantarillado en las primeras décadas del siglo XX? Del barullo de relatos de sus abuelos nació una de las obras mas destacadas de la literatura universal, especie de biblia laica en la que se narra el devenir de la humanidad desde una aldea remota llamada Macondo.

Hoy, por obra y gracia de las nuevas tecnologías, vivimos intercomunicados y los acontecimientos se conocen al instante. Las pausas y el ritmo lento han dado paso a la vertiginosa experiencia de lo inmediato. Además, es tal el caudal de información que circula en internet, que vivimos ahítos y listos a sufrir de indigestión mental debido a la invasión sin pausa de imágenes, textos y datos. Los consumos se unifican a nivel global y las grandes corporaciones trazan el mapa de la cultura mundial. Sabemos de todo e ignoramos todo. No es posible verificar la validez de la información y los bulos constituyen un arma exitosa en las confrontaciones ideológicas.


Este escenario es confrontado por muchos, cansados de las promesas de mundos utópicos en los que el consumo define el ser y el estar en el mundo.  Como todo lo humano, implica confrontación, debate, cuestionamientos, reacciones violentas.

Comparto la idea de Irene Solá: desde cualquier lugar, desde la aldea mas remota, desde las regiones mas recónditas es posible ser contemporáneo  si ser contemporáneo significa estar en el mundo, palpar las vibraciones de cuestiones que  afectan la existencia misma de la humanidad. Por ejemplo: se puede ser joven y mantener una actitud patriarcal frente a las relaciones afectivas, ser un troglodita dispuesto a arrojar ácido a la cara de una mujer que un día decide  decir :¡no!.


Si hasta hace algún tiempo era despreciable ser parte de un pequeño poblado, de una comunidad rural, hoy, la perspectiva ha virado de forma radical: los jóvenes huyen de las grandes urbes en busca de ritmos de vida menos frenéticos y se piensa en formas de desarrollo integral en las que el cuidado del medio, el consumo basado en productos elaborados de manera amigable con el medioambiente, el rechazo al consumo de animales constituyen una manera contemporánea de vivir de manera armónica.

Lo contemporáneo no es sinónimo de uniformidad.  En el espacio social mas reducido existen diversas maneras de vivir y de actuar.  Así que lo contemporáneo es como un collage, en el que se superponen, solapan, mezclan distintas manifestaciones de la cultura. Lo contemporáneo está en la cabeza.

Cada día me levanto sabiendo que solo necesito un buen par de tenis para recorrer  los lugares en los que me desenvuelvo. Así que imprimo el ritmo pausado que me permite pararme en cada cuadra a conversar con amigos, a sentarme en una cafetería  a compartir una taza de café con mis parces y deleitarme con las montañas que rodean el valle de Guaduas. 

Y  saber que la contemporaneidad es una actitud, una manera de sentir y explorar los movimientos,  imperceptibles, unos, estruendosos otros de un planeta que gira sin cesar.