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sábado, 25 de marzo de 2023


KITSUGI O EL ARTE DE REPARAR LAS CICATRICES 

 Compras la vajilla que te ha parecido bella, la de diseño de plantas y aves de Colombia. La pones en el lugar mas seguro de la alacena o la exhibes en el estante visible desde cualquier lugar de la cocina. Te reúnes con tus amigos y sirves las viandas en esos platos y tazas para deleite de los invitados. Un día- siempre sucede así-, estás de prisa, a preparar el desayuno, alistar el traje del día, vestir a los chicos, organizar su lonchera, responder varias llamadas; un día cualquiera, coges un plato que se escurre de tus manos y va a parar al piso. Otro día, en una reunión alguien pone una taza en el piso- la charla amena, la frescura del encuentro y otro- ¿dónde está el baño?- golpea sin querer la taza. Miras a la alacena y ves con tristeza que poco a poco han ido disminuyendo los objetos de la vajilla que cuidabas con tanto amor. Los restos van a parar a la cesta de basura. Tal vez haya que comprar otra, tal vez.

O no. Hacer lo que se le ocurrió a Ashikaga Yoshimasa, hace varios siglos: un día se le rompió una cerámica y la envió a China a reparar; inconforme con el resultado, reunió a varios artesanos, quienes usaron un barniz espolvoreado en oro, lo que hacía visibles los encajes. El objeto se recuperó y adquirió una nueva cualidad: "en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida... Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades"(Kintsugi, la belleza de las cicatrices de la vida, Marta Rebón, Letras Libres).


Mantenemos una relación fría y utilitaria con los objetos que nos sirven. Al fin y al cabo, son objetos inertes. O eso creemos. Cada objeto, cada pieza de nuestro inventario personal está hecho de partículas, átomos del universo. Sería valioso pensar, que, igual que un ser vivo que nos abandona, ese objeto merece nuestro reconocimiento y afecto. 

Somos, de alguna manera, iguales a los objetos que nos sirven. Llenos de huellas que señalan el paso del tiempo, fracturas, marcas del ritmo incesante de la vida. Igual que un vaso,  nos rompemos, nos fracturamos y  nos recomponemos. 

"Todo tiene una grieta y por ahí entra la luz", escribió alguien.

sábado, 18 de marzo de 2023



ROMPIENDO MOLDES

 ¿Existe un único significado para los conceptos  "pasado, presente y futuro"? Cada persona los utiliza de manera espontánea, y pareciera que significan lo mismo para todos. Juliana Leone, Mariano Sardón y Mariano Sigma realizaron un experimento: los participantes representaban los tres conceptos con círculos y "algunos piensan que el presente es ínfimo y la hoja (y por tanto su mente) está poblada de pasado y futuro mientras que para otros el pasado y el futuro son círculos ínfimos, que orbitan, o en ocasiones se encuentran contenidos en el presente"(El poder de las palabras, Mariano Sigman). 

El espacio y el tiempo son dos nociones conectadas: cuando hablamos de pasado miramos atrás; para hablar de futuro miramos adelante. El pasado sucedió, está atrás; el futuro está adelante, por llegar. Sin embargo, "al hablar de futuro, los aymaras acompañan sus palabras con un brazo extendido hacia atrás. Cuanto mas lejano es el futuro al que se refieren, mas pronunciado resulta el gesto hacia atrás. En cambio, cuando hablan del pasado, extienden su brazo hacia el frente". Para Sigman, "el vínculo del tiempo y el espacio es una convención cultural forjada en el lenguaje...El lenguaje condiciona nuestra manera de pensar, desde las ideas mas abstractas hasta decisiones en apariencia irrelevantes".


El lenguaje es el vehículo que nos permite ser en el mundo. Gracias a este portentoso don, los seres humanos transformamos la realidad, establecemos los referentes que hacen posible el control de la naturaleza y de la sociedad, producimos las mas bellas expresiones artísticas y establecemos puentes para la comunicación. A la vez, el lenguaje es camisa de fuerza, imposición que castiga, molde rígido que comprime la diversidad y la complejidad de la vida. 

Una práctica útil para movernos en la vida consiste en resignificar los conceptos que nos mueven. Eso que llamamos tristeza se puede replantear para otorgarle nuevos campos de experiencia gracias a los cuales podemos sobrepasar el malestar. Entrever nuevas perspectivas frente a la ira, el odio, los celos. 

Igual que renovar el jardín.

sábado, 11 de marzo de 2023


 MAESTROS INOLVIDABLES

Don Leovigildo era un hombre descomunal, de traje de paño, chaleco y un andar de magistrado romano, allá en la Normal de Varones, localizada en el barrio Villa hermosa de Medellín, en los años sesenta del siglo pasado. Tenía, asumo, mas de sesenta años y cuando entraba al salón de clases se producía un silencio, no de miedo, de respeto. Extendía sobre el tablero un mapa y empezaba una travesía de lugares, personajes, batallas, acontecimientos diversos, anécdotas curiosas. A mí me aterraban sus exámenes, frente a un mapa que en ese momento se convertía en una espada de Damocles. De él adquirí una curiosidad enorme por países y regiones distantes, donde los camellos abrevan su sed de manera pausada, los hombres viven mas tiempo en sus caballos que a pie, las amazonas valientes derrotan a ejércitos de hombres,  las mujeres bailan la danza del vientre, las llantas  estallan debido al frío glaciar y   mujeres y hombres construyen su cotidianidad al ritmo de creencias diversas. 


Muchos años después, frente al pelotón de estudiantes del Colegio Miguel Samper, conocí a un personaje a todas luces raro: vestía siempre de corbata, esbelto como una palmera de Santa Marta, dueño de un verbo digno de elogio, caballeroso y risueño: el profesor de sociales, Toño Hernández. Cuánto aprendieron de geografía los estudiantes samperinos, cuántos relatos desgranó ante su audiencia de chicas y chicos deslumbrados por la magia del relato de hechos, fenómenos y personajes. 

La geografía, esa ciencia tan bella, integradora de conocimientos diversos fue, en manos de estos dos maestros, una suerte de relato de "Las Mil y Una Noches". De la palabra, los gestos y el entusiasmo de Leo y Toño partieron la curiosidad por indagar y conocer lugares de nuestro país y del mundo. Hoy, relegada a disciplina sin valor, la geografía nos recuerda que todo acontecimiento humano, grande o pequeño, sucede en un espacio y que las proyecciones humanas dependen siempre de las condiciones del planeta que habitamos.


En un mundo global, con los recursos infinitos de la red, la geografía debería ser como un delicioso helado de vainilla, provocativo, tentador. Toño y Leovigildo, con los recursos de su época, fueron Marco Polos  que convirtieron sus clases en relatos fascinantes, provocativos. 

sábado, 4 de marzo de 2023




CAMINAR

 "Un día mi abuela ya no pudo andar.

Ese día murió. .."

Este es el  comienzo del libro "Caminar. Las ventajas de descubrir el mundo a pie".  Se inicia así una recorrido  en el que Erling Kagge reflexiona sobre el acto de caminar: "poner un pie delante del otro es uno de los actos más importantes que realizamos".



Junto a  la imagen de su abuela pone la de su hija de trece meses, Solveig: "mientras su bisabuela se encogía despacio y adoptaba una posición fetal, Solveig sintió que había llegado  la hora de aprender a andar... puede que me equivoque, pero cuando veo a un niño aprender a andar, estoy seguro de que la satisfacción de descubrir y de controlar es la fuerza más poderosa que existe...Explorar no es algo que empecemos a hacer, sino que es algo que dejamos de hacer".

Para Cagge, "el  bipedismo, caminar sobre dos piernas, sentó las bases de lo que somos hoy". Gracias al acto de andar, los Homo Sapiens se distribuyeron por todos los continentes y poblaron la tierra, dando origen a una nueva especie con un desarrollo cerebral extraordinario: "primero caminamos, más adelante aprendimos a encender el fuego y a cocinar los alimentos, y después desarrollamos el lenguaje".



¿Qué nos brinda caminar para nuestras vidas? "Cuando camino, todo se mueve mas despacio, da la impresión de que el mundo es mas blando, y por un breve lapso de tiempo, no vivo para las ocupaciones diarias como recoger la casa, las reuniones de trabajo y la lectura de manuscritos". Caminar significa "prolongar los instantes".

Estos comentarios son apenas el abrebocas de un viaje por  el mundo fascinante de caminar. Testimonios personales, anécdotas,  reflexiones filosóficas sorprendentes forman parte de la visión de Kagge. 


Andrew Bastawrous

No puedo terminar esta breve reseña sin compartir la historia de Andrew Bastawrous, oftalmólogo, contada en el libro, quien "viaja por el este de África, con sus consulta médica en un camión, de pueblo en pueblo, para ayudar...Una tarde cuando Andrew y sus colegas iban a dar por finalizada una larga jornada en el campo de Keny, llegó María, una mujer ciega de treinta y cinco años, llevando en brazos su bebé de seis meses. Resultaba evidente que la madre era ciega, no se veía en sus ojos, sino en su manera de andar. Se trata de una forma particular de caminar que emplea la gente cuando se encuentra en un entorno nuevo y utiliza todos sus sentidos para avanzar sin peligro".



María había escuchado que ese día la consulta estaría cerca de donde ella vivía. "María nunca había cruzado una carretera con coches...no solo podía oír los camiones , los coches y las motos que pasaban lanzados a su alrededor, también sentía la presión del aire. Se detuvo un rato, a la espera de que alguien se acercara a ayudarla, pero nadie acudió... María decidió cruzar corriendo cuando hubiera un momento de silencio. Un coche llegó por la derecha cuando casi se encontraba al otro lado, tocó la bocina y ella abrazó con fuerza al bebé, que colgaba de su pecho, y se lanzó hacia adelante. Cuando sintió la hierba bajo los pies, comprendió que habían cruzado y que, por esta vez, los dos estaban a salvo. Las horas siguientes fueron "un caos en el que caminaba, tropezaba, iba a cuatro patas y suplicaba ayuda, hasta que dio con la clínica".

Después de revisar los médicos sus ojos, la operaron de cataratas y a las dos horas podía ver bien. "Nunca había visto a su bebé y se quedó tumbada observando su sonrisa, estudiando cada rasgo y abrazándolo...María estaba deseando volver a casa para ver a sus otros dos hijos y a su marido por primera vez, pero no era capaz de explicar el camino a casa". Un grupo de colegas de Andrew, después de mucho averiguar, la llevaron de regreso a su casa. 

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Al llegar se encontraron con muchos niños jugando en un río. María se quedó mirándolos y preguntó: ¡Cuáles son los míos? De repente los niños vieron a su madre, se levantaron de un salto y corrieron hacia ella: Mientras los abrazaba, María preguntó: -¿Dónde está mi marido? todos miraron a su alrededor y de pronto oyeron a un hombre gritar:-¡María!- Era su esposo. Sus ojos y su manera de caminar destilaban felicidad. Por  primera vez su mujer podía verlo, un pequeño milagro que empezó el día anterior con unos pasos.