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sábado, 30 de octubre de 2021

 



EL ESPACIO PÚBLICO

Nada mas grato que disfrutar en algunos lugares el espacio público: alamedas generosas en las que sobresale el verde, baños públicos, aceras limpias, bien cuidadas, cultura ciudadana respetuosa de los lugares. Dice Antonio Muñoz Molina : " No es casual que las ideas liberales y democráticas surjan al mismo tiempo y más o menos en los mismos lugares que el empirismo científico. No hay ciudadanía sin racionalidad. La vida del mayor número posible de personas puede mejorarse duraderamente con políticas a la vez imaginativas y sensatas que fortalezcan lo público al mismo tiempo que respeten y protejan el albedrío individual, las iniciativas comunales de los ciudadanos"(Lugares Públicos, Babelia).

A guisa de parecer mas tonto, señalaré cuatro escenarios que fortalecen lo público: los parques infantiles, las bibliotecas públicas, los baños públicos y las aceras. Los primeros, dan muestra del respeto y cuidado por los niños. En Colombia, donde no abunda esta consideración, son las plazas y los parques de pueblos y ciudades los que cumplen la función de parques infantiles, en la que se abren campo los vendedores ambulantes, las palomas y las familias. 


Una biblioteca pública, dotada de libros para todas las edades, con instalaciones cómodas y agradables, dan fe del valor y la importancia del conocimiento como eje de una comunidad. Y por supuesto, los baños públicos dignos evitan lo que sucede a toda hora: personas haciendo sus necesidades fisiológicas en la calle. Las aceras en mi país son lo mas parecido a la ruina, llenas de huecos y tomadas por el comercio informal, lugares mas propicios para practicar deportes extremos. Nada mas ajeno a la contemplación es caminar por calles y pueblos de Colombia, aventura que exige toda la atención para no caer en un hueco, ser atropellado por un motociclista o un carro o ser despojado de la billetera o el celular Una ñapa: transporte público digno con vías adecuadas y vehículos amables con el ambiente.

Lo público trasciende lo gubernamental, lo estatal, es el escenario en el que confluye la ciudadanía, el ágora en el que se ventilan los asuntos de interés ciudadano, los espacios para estimular el gusto por el arte, la recreación, la cultura. 


Una manera infalible de evaluar a una sociedad consiste en observar la manera como se trata el espacio público.

sábado, 23 de octubre de 2021

 


MAPAS Y REALIDADES DEL PLANETA

¿Qué nos dicen los mapas acerca de las dinámicas diversas que componen el mundo en sus aspectos sociales, culturales, geopolíticos, económicos, geológicos y ambientales? Muy poco, si  observamos el movimiento incesante de migraciones humanas y de otras especies, las fronteras que se encogen y amplían, las rutas ilegales que atraviesan las fronteras, las heridas causadas a la naturaleza por razones tan diversas como la explotación de materias primas, los cultivos de coca, amapola, la ganadería extensiva, la expansión desaforada de las áreas urbanas. 

Lejanas aquellas épocas en las que mirábamos los mapas con respeto y noble aceptación de los límites impuestos por cartografías imperialistas en las que el norte emergía poderoso y los otros puntos cardinales se sometían al dictado de trazos arbitrarios.  Lecciones de geografía escolar en las que aprendíamos a reconocer las jerarquías de naciones y continentes con  ingenuidad y reverencia, complementadas con lecciones de historia cuyo núcleo lo constituía la noción de progreso y el manto protector de la civilización occidental.


Desde el ámbito escolar vale la pena comenzar a poner en cuestión los límites impuestos por una cartografía que desconoce la riqueza y la variedad  de regiones vistas como lugares remotos e incivilizados, apenas mencionados en las noticias cuando suceden desastres naturales o hechos de violencia.  Imagino un mapa multicolor en el que se destaca el verde " que es de todos los colores", la diversidad de grupos y lenguas, el sonido estruendoso de ríos y quebradas, las murallas verdes y el aire limpio que agita los ramajes esplendorosos de sus bosques. O dicho de otra manera: sentir a Colombia de manera diferente. Con amor, con generosidad, entendiendo que la supervivencia de la humanidad depende de cómo encaremos nuestras relaciones con el planeta. 




sábado, 9 de octubre de 2021

 


COTIDIANIDAD Y ASOMBRO

Escribe  Alejandro Gaviria en su libro "En Defensa del Humanismo":

No todos los días son iguales. Muchos pasan de largo sin dejar rastro. Van acumulándose en esa tumba sin nombre que es el olvido. La mayoría de nuestros día están perdidos para siempre. Es como si hubiéramos estado muertos, dice el poeta.

Otros días, sin embargo, unos pocos , los recordamos por siempre.  Quedan impresos en el libro cambiante, caprichoso e impreciso que es la memoria humana. Esos pocos días(frágiles conexiones en el universo insondable que es nuestro cerebro) nos definen. Son parte de nosotros. Estamos, casi sobra decirlo, hechos de recuerdos. Alejandro Gaviria, en defensa del humanismo).



Comparto esta idea. Y me pregunto: en mi caso, ¿Cuáles son algunos de esos días especiales e inolvidables? 

Viajaba, de niño, a Medellín en bus, por la vía a Sonsón. Un viaje agotador, con derrumbes y largas esperas. Después de una jornada de quince horas, el bus remonta una subida larga y corona la loma. Ya está cerca  Medellín. Al finalizar el plan y comenzar a descender, un mar de luces a nuestros pies. Luces amarillas extendidas en lomas y valle, cocuyos alegres que brindan la sensación de calma. Un niño observa maravillado ese regalo visual que aviva la corta memoria y excita los sentidos.

Son las dos de la tarde. Nos hemos citado con nuestros amigos para ir a bañarnos a la Moya. Por el camino abundante en árboles corremos, bromeamos. Al fin llegamos al pozo. La corriente verde forma un charco provocativo. El sonido de la corriente, las aves cantarinas y una brisa suave que alivia el calor de tarde. 


Primero fue el libro.  El templo del Pabellón Dorado, de Yukio Mishima.- Un monje, cansado del acoso de sus compañeros, decide quemar un templo. Es su venganza-. Luego, estar frente al templo, contemplando la belleza del edificio barnizado de oro, junto a un lago y circundado por un bosque espeso.  Allí, se dice, reposan los huesos de Buda. Es otoño y los árboles se reflejan en el agua. Silencio y asombro.

Tarde de encuentro con los amigos. El sol, el calor y la cerveza fría para el comienzo. Huele a viandas exquisitas y las risas añaden ambiente de fiesta. Bromas, relatos y el espíritu del aire fresco. La música acelera el pulso, despide ráfagas de emoción y le pone un acento superlativo al encuentro.

 Charla con mis estudiantes de once sobre Antígona. Una voz delicada se eleva como una cometa. Para la chica, Antígona es la voz de los vencidos. Se arma la discusión y la clase se prolonga mas allá del toque de la campana. Una voz capaz de avivar el fuego, de poner en situación una historia que data de hace mas de veinticinco siglos.  Unos jóvenes recogen el eco de una historia nacida en un contexto lejano, lo convierten en su voz y dan salida a sus dudas, certezas  y esperanzas.

Sucede casi todos los días. Sales a la calle por cualquier motivo. Alguien te pregunta una dirección, un dato. Le respondes amablemente. Te ofreces a acompañarlo. Así se inicia una conversación que adquiere tonalidades de relato mágico. Otro día, sales a la calle y te encuentras con un grupo de niños que juegan.  O te deslumbras ante el paso de esa mujer hermosa que parece un rayo del sol. 

Un amigo te comparte una alegría: será mamá, papá, ha conseguido un trabajo, ha comprado un lote, pisado un buen negocio, logrado conquistar a esa  o ese al que se ha esperado tanto tiempo.

Ante la imponencia del paisaje, el silencio. 

Las mejores preguntas nacen del asombro ante la noche de luna y estrellas.

Ha fallecido alguien cercano. Ayer, antier, conversaste con ella, con él. Su muerte te recuerda que somos mortales y nos invade la duda,  un temor reverencial ante la pelona y la tristeza por el que se ha ido.


Abres un libro y a medida que lees experimentas una tormenta interior, una especie de huracán que arranca tus seguridades y te ofrece una visión nueva. 

Esa película que te hace moverte inquieto en la silla, el espectáculo teatral o de danza, la conferencia en la que las palabras desalojan la apatía inicial.

Descubrir cada día la magia latente que bulle en la cotidianidad, dejarse llevar por el cauce subterráneo de las voces, los gestos, los silencios y la siempre provocativa llamada del paisaje.


 

sábado, 2 de octubre de 2021


 NOSTALGIA, AMBIENTE  Y NUEVAS PALABRAS

Hubo una época en la que para pasar el río san Francisco en Guaduas, Cundinamarca, se utilizaban puentes de Guadua, dado su caudal y anchura. Hoy apenas se requiere dar un paso sencillo para cubrir la lánguida corriente que amenaza con desaparecer. La pena y la nostalgia por lugares otrora frondosos y exuberantes tiene nombre: solastalgia.  Fue el filósofo Glenn Albrecht quien lo creó  a petición de los pobladores de valle de Hunter, en el suroeste de Australia, nostálgicos por "los pastos de alfalfa y las hileras de viñedos" devastados por la minería extensiva. Así que "solastalgia" es "la melancolía o la nostalgia por la pérdida de un hogar, estando en el propio hogar"(A la pena por la pérdida de ese paraje de tu infancia se le llama "solastalgia", Alberto G. Palomo, El País). 

Señala Albrecht que este término  refleja un estado anímico, "profundo, evidente, que se palpa en todo el mundo en distintos contextos y que probablemente llevamos miles de años experimentando en circunstancias similares". El deterioro ambiental se expresa con el término "ecocidio", visto por algunos como un crimen de lesa humanidad, y algunos psicólogos hablan de "trastorno por déficit de naturaleza", cuyos efectos son "disminución del uso de los sentidos, enfermedades físicas o emocionales, obesidad infantil y adulta"(El País).


Otros términos que definen nuestro presente ambiental son "ecotrauma" y "ecoansiedad", manifestaciones traumáticas por la pena que causa la pérdida de ambientes naturales. Sabido es que la mayoría de las urbes del tercer mundo son tiras gigantescas de cemento, barrios en donde no es posible encontrar un árbol y mucho menos un parque o sendero ecológico. Así que ha surgido una corriente de pensamiento denominada "colapsología", que plantea el fin de la especie humana por la manera como nos relacionamos con las otras especies y el medio natural. 


Miro embelesado el valle de Guaduas. Esos tapetes verdes, las montañas que protegen el valle, las murallas de árboles protectores y de repente, una mancha amarilla que significa un fragmento de monte derribado, unas moles de cemento, un cultivo de algún producto comercial y los potreros, dispuestos a tragarse la riqueza que nos brinda la naturaleza. 

¿Habrá alguna posibilidad de revertir los modelos de desarrollo basados en la extracción y la explotación inmisericorde de nuestros recursos naturales?