El primer cuestionamiento tiene que ver con el hecho de que la IA logrará independizarse del control humano y nos hará seres irrelevantes. En un futuro no lejano, será la IA la que dirija el mundo. Los humanos seremos una horda de esclavos, sujetos a su dominio.
El segundo argumento plantea la pérdida de la autonomía y la creatividad humanas, dada la infinita capacidad de la IA para desempeñarse en todos los campos donde hasta ahora ha reinado la especie humana.
El panorama es poco halagüeño y nos ofrece una mirada distópica, como de serie de Netflix. Una humanidad dominada por máquinas, una sociedad carente de iniciativas y sometida a la tiranía de una nueva especie sin biología y sin corazón.
¿Qué haremos cuando las máquinas se tomen el poder y todos dependa del capricho de un robot? ¿Seremos despojados de nuestras pertenencias? ¿se nos privará de las delicias del arte y la buena conversación? ¿habrá elecciones para nombrar a los nuevos amos del mundo? ¿Que pasará con Messi? ¿habrá torneos deportivos entre robots y humanos? ¿Seguirá Amparo Grisales impartiendo su juicio en la tv? ¿Qué pasará con los procesos judiciales de Uribe? ¿obligarán a Petro a llegar a tiempo a sus citas?
Precavido como soy, me dedicaré, mientras pueda, a mirar arreboles, cantar boleros, reírme con los chistes de mis amigos , tomarme una cerveza fría, mirar a la vecina del quinto piso, tan bella, leer un libro y esperar la llegada de los nuevos reyes del mundo.









