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viernes, 24 de abril de 2026



 EL DEBER SER

No podemos quejarnos: gracias a las redes sociales, tenemos hoy un sinfín de expertos en todos los campos que nos orientan sobre cómo educar a los niños, cómo reparar relaciones rotas, cómo ejercitar nuestro cuerpo, cómo preparar un alimento, cómo vivir cien años, cómo aplicar técnicas infalibles para alcanzar el orgasmo, cómo comer de manera sana, etc. Todo apunta a redefinir nuestras metas, a adquirir los hábitos necesarios para alcanzar la felicidad. El deber ser.

Sometidos por la tiranía de las nuevas formas de interactuar, chicos y adultos son sometidos a la intervención de influencers, los que determinan el ser a través de las redes sociales. Un deber ser que se experimenta en el presente continuo y se sufre como futuro. Por ejemplo, los padres de familia menores de cuarenta años navegan por aplicaciones que les enseñan cómo criar a sus hijos, cómo educarlos, cómo responder a sus sensibilidades y emociones.  El aprender del error, el permitir a los niños actuar de manera espontánea en el juego, en los encuentros con otros ha sido proscrito por los nuevos psicólogos virtuales. Y si bien es cierto que una conversación amplia sobre estos asuntos es necesaria, la actual está determinada por el consumo: comprar como requisito para educar.

Ha sido una constante el dilema entre el ser y el deber ser. Van de la mano y forman parte del proceso ineludible para desenvolverse en el mundo. Lo curioso es que la escuela y la familia han perdido protagonismo en este asunto. Con niños y adolescentes formados en el la manigua de las redes sociales, la autoridad de los padres y la de la escuela perdió relevancia. Hoy influye mas un niño de 7 años que pontifica sobre la alimentación, el ocio, la moda que lo que pueden hacer padres y maestros. Y la paradoja estriba en que los adultos también son influenciados por otros gurúes que dan cátedra sobre lo habido y por haber.

Siento  necesaria una revolución contra  los empresarios tecnológicos y sus propósitos de convertirnos en zombies tecnologizados. Una revolución que demande una legislación para limitar la dictadura de las redes sociales, que rechace la propensión de las redes a convertir el odio en la nueva forma de interactuar, en rechazar a los políticos que en vez de mejoras sociales se dedican a los fake news y lo mas importante, en estimular formas de interacción que nos acerquen al goce por los ambientes verdes, el consumo básico y el respeto por todas las formas de vida que habitan el planeta. Es decir, una tecnología al servicio del mundo, mas allá de lo humano para dar cabida a la diversidad planetaria.

Todo depende de la rebeldía individual y colectiva  ante la presencia apabullante de las redes.

sábado, 18 de abril de 2026



 LAS Y LOS ERUDITOS

Son pocos los eruditos. Y si pensamos en un pueblo pequeño como Guaduas, nada qué hacer. Por supuesto, ¿quién es un erudito? Pienso en Marguerite Yourcenar, formada en casa en lenguas clásicas, historia y literatura, políglota y autora de obras como "Memorias de Adriano"; realizó múltiples viajes, y fue una autodidacta que abarcó no solo a Grecia y  Roma,  sino a culturas de Europa oriental. Fue la primera mujer en pertenecer a la academia francesa. En Colombia, pienso en Nicolás Gómez Dávila: Autodidacta radical, formado en bibliotecas privadas, lenguas clásicas y tradiciones filosóficas europeas.Leía en latín, griego, alemán, francés, inglés e italiano, y lo hacía con la naturalidad con que otros hojean el periódico. Su obra —los Escolios a un texto implícito— es un destilado de siglos de pensamiento, escrito con una densidad que solo se logra desde una vida de estudio silencioso. Su biblioteca personal, de más de 30.000 volúmenes, no era un adorno: era su mundo.

  Erudito es entonces, alguien cuya vida está  dedicada al conocimiento. Alguien capaz de acumular y sedimentar información para convertirla en creación. Erudito no es el intelectual pretencioso.  Recuerdo en Guaduas a Carlos Díaz Padilla, verdadero erudito, conocedor como pocos de literatura, arte, política, economía y derecho. Fue, además, y ese es su valor, un divulgador exquisito de todo lo que pasaba por su cabeza e influyó en un grupo de jóvenes que aprendieron de su mano la belleza de la lectura, la reflexión y el intercambio de ideas.

Todavía existen, aunque su papel como figuras relevantes, han perdido peso. El cerebro universal contenido en internet nos ha convertido de la noche a la mañana en portadores de bolsillo de la cultura universal. De la memoria alojada en el cerebro a la biblioteca total contenida en un celular o computador.  Prodigio si los hay, magia contenida en algoritmos, realización del sueño de la biblioteca universal de Borges.

Se ha convertido la memoria en  asunto frágil. No es necesario esforzarse para recordar. Allí está la información, lista para ser usada. Pero falta el calor humano. No reclamo la presencia de  eruditos. Apenas aspiro a dialogar con alguien a quien le atraiga la belleza que surge de las conexiones que la memoria, la sensibilidad y la enciclopedia tejen para generar nuevos mundos. 


Tal vez nos acercamos a un mundo donde pensar sea un oficio inútil. Que mientras viva, tenga yo la dicha de aprender de seres para quienes el conocimiento representa la imaginación, el juego, la creación. 



sábado, 11 de abril de 2026

 


COCINANDO AFECTO

¿De dónde procede, qué  origina el amor y la nostalgia por la familia, por aquellos lugares de la infancia que nos causan nostalgia, por los olores y sabores que invaden  los rincones  de la casa? Yo creo conocer uno, doy fe de su existencia: la cocina.

Tengo presente una imagen imborrable: la abuela prepara las arepas para el desayuno; a su lado, la nieta, siguiendo las enseñanzas de la experta cocinera. Moler, mezclar, asar dan origen a un alimento inseparable de los hábitos alimenticios de millones de personas. Se dialoga, se ejerce la enseñanza práctica y se transmite una herencia colmada de afecto. Lo he visto muchas veces: niños, niñas, chicos y chicas escuchando atentos las instrucciones de una mujer para quien cocinar y enseñar es amar. 

Pasa el tiempo, los chicos crecen, se van. No del todo. Llevan con ellos el recuerdo, el olor y el sabor de un alimento que es argamasa para construir el nido de afecto que nos acompaña siempre. Allí está la imagen de esa mujer paciente, llena de sabiduría culinaria que convierte los alimentos en elíxir amoroso.

Debo decir en aras de la objetividad, que la cocina ha encarnado un símbolo opresivo: la reclusión de las mujeres al ámbito doméstico, la ausencia de reconocimiento de derechos laborales y la imposición del mundo patriarcal, que concibe el hogar como el lugar propio de las mujeres. Hoy han cambiado un poco estas condiciones: hombres que cocinan y asumen las tareas domésticas como uno de sus deberes con la familia. Ymuchos de los encuentros familiares suceden por la pericia culinaria de los hombres.


La mañana es mañana si temprano, cuando canta el gallo y asoman los primeros rayos solares, un olor inconfundible penetra todos los lugares: el café, servido en tazas, ritual primero que nos da aliento y energía para arrancar el día. En horas de la tarde, cuando las sombras cubren los restos de luz solar, sentados en bancas y sillas, afuera en el corredor  o en la sala, familia y amigos sorben su café y resumen los acontecimientos del día. 

La cocina representa el altar donde se oficia el acto mas sublime: la preparación de los alimentos, adobado con las conversaciones que son lecciones de moral y ética, burlas y censuras, expresiones  de amor y ternura, regaños y juegos. Allí se condensa la savia que nutre la vida en familia. Allí se prepara el equipaje para el largo o corto viaje por la vida. Entre cortar, mezclar, hervir, servir, afloran los relatos que son el condimento esencial de toda preparación. Palabras que se cortan, se mezclan y se sirven para alimentar el alma.


viernes, 3 de abril de 2026

 


ESCUELAS BAJO FUEGO: LA INFANCIA COMO TERRITORIO DE GUERRA

6.30 a.m. Niñas y niños yendo a sus escuelas y colegios, temprano en la mañana, con su morral de ilusiones, la brisa tempranera y el sol que celebra el nuevo día. Una nube gris se cierne sobre el firmamento: la guerra, sin importar el motivo, despoja a las comunidades de su alegría. Hombres armados, desprovistos de compasión, disparan sus armas.  Los asesinos alardean de su eficacia. Los políticos disculpan el hecho. Los medios justifican la matanza. 

Cuenta Juan Carlos Bayona:

El sábado es el primer día de la semana laboral y escolar para el islam y el viernes, que es el día santo, el último. El pasado sábado 28 de febrero, los Estados Unidos e Israel bombardearon la escuela primaria femenina Shajare Tayyebeh, en Minab, en el sur de Irán, una ciudad cerca del estrecho de Ormuz. Era el primer día de la guerra (Escuela, Juan Carlos Bayona, El Espectador).


En Colombia, muchas comunidades de zonas periféricas sufren el acoso de grupos armados y asistir a la escuela es un acto de valor. Los centros escolares carecen de protección y las clases son interrumpidas con frecuencia por los ruidos de las armas. Una situación permanente que muestra la degradación de la existencia de tantas comunidades en el mundo.

¿De verdad valoramos a los niños? Sí, en el papel, No, en la realidad. Esos locos bajitos representan los momentos esplendorosos de una comunidad, pues son los niños los poetas que tiñen de color los días y con sus juegos y risas otorgan aliento y fortaleza a las  familias. 

Diría que el mejor termómetro para medir  la riqueza de un país consiste en observar la manera como se cuida a los niños. Las sonrisas infantiles alumbran la existencia de las comunidades y garantizan un ambiente de justicia social.