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sábado, 30 de mayo de 2026

“El arte de janguear: fiesta, viento y libertad”

 

EL ARTE DE JANGUEAR: FIESTA, VIENTO Y LIBERTAD

¿Qué es el jangueo? : "irte de fiesta, sí, pero también encontrarte con tus amigos en el bar de la esquina, en un chinchorro, sin rumbo ni planes concretos. Probablemente termines perreando al ritmo de reguetón y  dembow: no sin antes haber jugado una partida de billar o tirarte una que otra bailadita de salsa con algún desconocido" (La ley del jangueo: noches puertorriqueñas en Madrid y Barcelona, Nuria net, El País).

La palabra forma parte del habla puertorriqueña, adaptada del inglés "hang out", y adoptada en otros países. Janguear es, sencillamente, dejarte llevar por el viento, el corazón dispuesto y el ánimo libre. Un encuentro sin formalidades, un rato para compartir sin rigideces. Una rumba como debe ser, sin tanto protocolo.


En Colombia tenemos: "rumbiar", "parrandiar", "juerguiar", "fiestiar", con la terminación del habla y no de la escritura. Fiestas en las que la gente "se alza la bata",  goza, coquetea,  baila, ríe y  canta. Encuentros en los que el cuerpo asume el estado de placidez necesario para vibrar con la palabra, la música y el baile. El verdadero momento en el que nos desprendemos del yugo de las obligaciones y nos dejamos llevar por el aire festivo de la rumba.

Algo misterioso, espiritual tiene la fiesta. Un aire burlón, sensaciones disparadas, vocación de risa, emociones que nos conducen al paraíso terrenal. Allí la música nos eleva a dimensiones planetarias, nos descubre la alegría contenida que no cabe en el cuerpo y que nos motiva a janguear.

sábado, 23 de mayo de 2026

 


EL LADRILLO

Dice la canción: "yo tengo ya la casita/ que tanto te prometí/ tan  llena de margaritas/ para ti, para ti". La canción se llama "Ahora seremos felices" y expresa la alegría de poseer un lugar donde dar rienda suelta al amor. Hoy, tener una casita se ha convertido en pesadilla.  A la lucha  por conseguir la casita se suma el de poder conservarla  por los costos, los  impuestos, la gentrificación y el avance de los urbanizadores voraces. El ladrillo, "convertido en el mayor depósito de riqueza del planeta, se ha transformado en el principal motor de Exclusión" (El País). 

 El derecho a tener una vivienda se cambió por la  vivienda como activo económico:" De un lado, es la mayor reserva de riqueza del planeta. El parque inmobiliario mundial (viviendas, activos comerciales y terrenos agrícolas) alcanzó a comienzos de 2025 los 341 billones de euros, de los que 249 billones corresponden solo a la vivienda, según la consultora internacional Savills. La cifra multiplica casi por veinte el valor de todo el oro extraído en la historia y supera con holgura la suma de las Bolsas mundiales y la deuda global" (El País). 


Se derrumban los derechos sociales, se impone el discurso del mas fuerte y la fragilidad de la vida adquiere tonalidades grises. La vivienda como tal se ha convertido en fortaleza- para quien quiere asegurar su capital-, en resguardo- para quien ve la vivienda como protección, refugio-; amenazante, la espada que pende de las cabezas de propietarios menores, terror de los que alquilan viviendas, tesoro para inversionistas y urbanizadores.


Yo valoro el ingenio de quien ha escogido el ladrillo como símbolo civilizatorio de la humanidad. No hay otro elemento que recoja en tan pequeño espacio las veleidades, sufrimientos, alegrías,esperanzas y tristezas humanas. Ladrillo que abriga y despoja, ladrillo que protege y golpea, verdolaga de barro, cemento y agua que se extiende soberana brindando cobijo y arrasando el verde del planeta. Un asentamiento humano que se traduce en dinero, ambición y exterminio. De la casa como caracol que lleva en sus espadas el cobijo hemos convertido la vivienda en castigo de Sísifo, condenado a cargar por siempre una roca enorme a sus espaldas.

Cierto que no hay  nada mas imprescindible para alcanzar niveles de bienestar que la vivienda. Espacio de afecto y calor, guarida para soñar y amar. Una lucha contemporánea se orienta a exigir que la vivienda sea un derecho fundamental de la humanidad. Y que se busque siempre el respeto por los bosques, las fuentes de agua limpia, el aire puro. 

Ah, se me ocurre que hay otra palabra que expresa bien a la sociedad contemporánea: PLÁSTICO.

sábado, 16 de mayo de 2026

 

¿EN DÓNDE TE UBICAS?

¿En qué puesto te ubicabas cuando ibas a la escuela, al colegio, a la universidad o al técnico? ¿quién o qué establece el orden? Eso se preguntó Juan José Millás, escritor español y me pareció formidable. Así que intenté recordar cómo me había comportado al respecto. 

Del bachillerato recuerdo que en los primeros años solía sentarme en los últimos puestos. Una decisión basada en el poco gusto por el estudio; en los dos últimos años, siempre en primera fila. En la universidad, dependía de la clase a la que asistiera; en primaria, creo que allí influía el profesor, quien decidía la ubicación. Lo cierto es que en todos lo niveles, los mas fuertes se hacían atrás, por lo que yo debía ocupar los primeros lugares.


Curiosa pregunta que nos enseña mucho sobre lo que significa ocupar un puesto en un entorno determinado. En un salón de clase se establecen jerarquías,  normas e intereses que determinan el orden. Desde la estatura hasta la imposición del profesor, pasando por los criterios subyacentes de los estudiantes que dividen el salón entre rebeldes- los de atrás- y los sumisos y comelibros- los de adelante-; Se busca estar cerca del amigo, de la chica o el chico que nos gusta; lejos del bravucón, del insoportable; Se cambia de sitio a medida que se establecen nuevos acuerdos, relaciones. 

 Extraña la manera como solemos ubicarnos en los lugares: en un concierto, estar en zonas privilegiadas junto al escenario; en un estadio, donde se ubica la barra del equipo; en los templos, depende del grado de atención puesta en el ritual; en un acto solemne, es la jerarquía social la que establece el orden. La ubicación depende de tantos factores y las reacciones y comportamientos obedecen al lugar que ocupemos.


Dicho lo anterior, el puesto que ocupamos en un lugar depende del rango social, de la supremacía física y económica, de intereses de orden sentimental, amistoso; En una fiesta, buscamos lugares que nos ubiquen junto a nuestros parces. Y a medida que esta transcurre, vamos girando, girando de acuerdo con los propósitos de cada momento.

Las acciones humanas dependen , entre otros factores, del lugar que ocupemos en el espacio. Vivir en el sur o en el norte de una ciudad significa pertenecer a una jerarquía que divide los espacios y les otorga distinción. Decir sur implica no pertenecer a una clase social alta. Decir alta quiere decir estar en una posición dominante. El bajo mundo es  guarida de malandrines.



sábado, 2 de mayo de 2026

 


¿A QUÉ HORAS DESAYUNAS?

¿Te gustaría desayunar arroz, sopa, miso y pescado al desayuno? ¿Y qué tal  Dosa, idli, chai, paratha como en la India? ¿o congee, bollos al vapor y té como en China? ¿o comer abundante en la cena como los estadounidenses? Horarios y preparaciones varían de acuerdo con los países y regiones, nos cuenta Alessandro Barbero en su libro "Cuándo se come aquí? Breve historia cultural del horario de las comidas", en el que "invita a reflexionar sobre el sentido del tiempo vinculado a la comida como una expresión cultural y social"(Entrevista de Sara Cucala, El País).

Era costumbre en el campo colombiano empezar la jornada de trabajo a las 4 o 5 de la mañana, así que para arrancar el día se tomaba café o carajillo (café con aguardiente), un primer desayuno, frugal y a las 8 o 9 de la mañana el desayuno completo, que incluía caldo, huevos o carne, arepa y otros alimentos propios de la región. Almuerzo, onces a las 4 p.m. En la noche se estilaba una cena a las 6 y otra a las 8 p.m. Hoy poco queda de esa costumbre y aplicamos mejor el dicho: desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como pordiosero.


El desarrollo del capitalismo ha impuesto hábitos propios de la cultura estadounidense: la hamburguesa es la reina a la hora del lunch. Pregunta Cucala: " Tomemos la hamburguesa como ejemplo de la proliferación del fast food. No importa a qué clase social pertenezcas, todos comemos o hemos comido alguna vez una hamburguesa; Sin embargo, ¿el acto de comer una hamburguesa puede definir la política, la economía y la cultura de una sociedad?  

Barbero: Claro que sí, en la medida en que la hamburguesa es un producto y un símbolo de la cultura estadounidense, y su difusión mundial es una señal de la hegemonía cultural de EE UU. Después, se podría objetar que también encontramos pizza y kebab en todas partes, y eso no significa que exista una hegemonía cultural italiana o turca; sin embargo, la hegemonía cultural estadounidense en los siglos XX y XXI es un fenómeno en sí mismo, único hasta ahora en la historia, y, en ese sentido, el fast food también ocupa un lugar único.

Las migraciones  influyen en las costumbres alimenticias: "Los inmigrantes han llevado por todo el mundo los restaurantes étnicos y han acostumbrado a todos a relativizar sus propios hábitos alimentarios. Es decir, hoy todos sabemos que existen formas de comer distintas a las que hemos aprendido desde pequeños, y hemos aprendido a apreciarlas, mientras que antes era normal que quien entraba en contacto con hábitos alimentarios diferentes los encontrara horribles y los rechazara con asco; y esto es una novedad en la historia humana (Barbero).

Hemos visto en Colombia la profusión de negocios de comida regentados por migrantes venezolanos y poco a poco se van imponiendo gustos: las arepas, el arroz con fríjol negro. En Guaduas, las arepas mas deliciosas las preparaba "la negrita", cordobesa con una facultad única para hacer de este alimento toda una experiencia de los sentidos: al cogerla con las manos, el calor y el olor  llenaban el ambiente; morderlas y disfrutar de esa mezcla sabia de queso y harina de maíz. Hoy, en muchos lugares del país, la comida mexicana, la italiana, la japonesa, la peruana y otras se han incorporado al repertorio culinario nacional. 

Pregunta Cucala sobre la sobremesa, ese momento para dialogar después de comer. Para Barbero, " En el momento en que el asalto del capitalismo llegó también a los hogares y a la vida familiar, el predominio de la economía hizo olvidar todo lo demás, y cada persona empezó a ser valorada exclusivamente por su eficiencia en el trabajo. Es mi generación la que lo ha perdido todo: mi padre iba a la oficina por la mañana, volvía a casa a comer en familia y luego regresaba a la oficina por la tarde. Puede que no le quedara tiempo para el happy hour, pero creo que la vida familiar era mucho más sólida y feliz cuando se vivía así".

Comer despacio, disfrutar el encuentro, saborear con placer los manjares son reivindicaciones políticas encaminadas a hacer de los encuentros un momento de solaz, de risas, de intercambio de chismes. Este mundo  tan complejo, se vive con mayor gusto si reivindicamos el derecho al ocio, a la pausa, al compartir en familia y con amigos.