Buscar en este blog

sábado, 3 de octubre de 2026

EL CINE MUDO Y LOS HERMANOS KUROSAWA

En sus comienzos, el cine fue mudo. Además de la sorpresa de imágenes que parecían escapar para irrumpir  en el mundo de los espectadores, se fueron incorporando personas cuyo oficio consistía en leer los letreros que aparecían en la pantalla, explicar determinadas situaciones y gestualizar su rostro para acompañar y enfatizar cada situación. Poseían una enorme capacidad para generar timbres y ritmos que acompañaban las secuencias de historias y además actuaban de manera paralela a las imágenes de la pantalla, otorgando sentidos mas allá de la mera narración. En ocasiones, además del narrador se incorporaban orquestas y productores de ruidos.

 En Japón, a los narradores se les conocía con el nombre de BENSHI. Heigo Kurosawa fue el narrador de cine mudo más famoso del país oriental- años veinte y treinta del siglo pasado-. A Heigo lo acompañaba a las funciones de cine su hermano menor, Akira, su mas ferviente admirador. Heigo le enseñó a leer una película, le mostró la manera como se organizaban las salas de cine, le presentó a actores y directores de cine de la época y le contagió el gusto por el cine. Cuentan que cuando ocurrió el terremoto de Kanto (1923) , Heigo llevó a su hermano a recorrer la zona del desastre. -No apartes la vista de lo que te aterra-, le dijo.

Con la llegada del cine sonoro, Heigo perdió fama y entró en una grave crisis existencial. Se suicidó en 1933, a los veintisiete años de vida. Superada la pérdida de su hermano, Akira entró como aprendiz en los estudios Photo Chemical Laboratories. Con el tiempo, Akira Kurosawa se convirtió en el director de cine mas destacado de Japón. Consideran algunos críticos que su obra es el resultado de la influencia de Heigo: Mirar la verdad sin apartar la vista, el ritmo narrativo y la ética del arte, concebida como confrontación, no como evasión.

De la fructífera producción cinematográfica de Akiro, destacan Rashomon y Los siete Samurais, obras de calidad excelsa que, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo clásicos eternos del séptimo arte. 

Para terminar, existieron hace mucho tiempo en Colombia unos comentadores de cine sonoro, especie de aguafiestas que adelantaban lo que iba a ocurrir en la pantalla. Sabían los muy sinvergüenzas  la molestia que ocasionaban a los espectadores, por lo que en vez de aplausos se merecen una rechifla.