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sábado, 13 de junio de 2026


LLEGÓ EL MUNDIAL DE FÚTBOL

Deambulo por una calle bogotana y observo gente aglomerada  en una esquina: un grupo de personas compra e intercambia monas  del álbum del  mundial de fútbol 2026. Me detengo a observar con curiosidad el fervor de los compradores, la variedad de edades, su entusiasmo,  espontaneidad y alegría, pocas veces vista en una ciudad que es fría no solo en su clima sino en su talante.

No hay en el mundo una actividad tan llena de pasión, generadora de odios y amores extremos, que congrega a millones de adeptos, que atraviesa todas las fronteras y crea incontables fanaticadas para quienes un partido sin goles es como un domingo sin sol, que dijera alguien. Por el fútbol suceden encuentros que terminan en hermandades eternas, odios y rencillas en las que muchas veces se juegan la vida hinchas energúmenos, se acaban matrimonios, se desatan guerras; el fútbol pone a soñar a muchos padres de familia que sueñan con ver a su hijo vistiendo la camiseta de algún club profesional, y muchos hinchas  ahorran y empeñan sus propiedades para asistir a un mundial. 

Leo en el país una crónica acerca de un árbitro ecuatoriano a quien se le murió su mamá  el día anterior a pitar un partido. Él, abatido, decidió pitar el encuentro: hubo un minuto de silencio, los hinchas aplaudieron al árbitro, los jugadores lo abrazaron y se inició el partido. En una parte del encuentro, el árbitro le anuló un gol al equipo local y los hinchas le gritaban con rabia: "huérfano de puta" a quien unos minutos antes habían rodeado con tanto cariño. Cosas del fútbol.

Soy un seguidor incondicional de algunas ligas y disfruto mucho los partidos que se transmiten por tv. Creo que pocas emociones se igualan  a las que genera el fútbol y creo que no hay nada más glorioso que un picadito en un potrero o en una calle de pueblo o de barrio. Ser hincha de un equipo es la muestra mas poderosa de fidelidad y amor incondicional. Sin embargo, el fútbol ha tomado rumbos deplorables: convertido en mercancía al servicio de multinacionales, domestica el entusiasmo de los hinchas y convierte el deporte mas bello del planeta en un asunto comercial de alto turmequé. Seguro estoy de que en unos pocos años el fútbol será propiedad de empresarios norteamericanos en alianza con los multimillonarios del Medio oriente. Y a pagar se dijo.

Llegó el mundial y no queda otro camino que adorarlo: vibrar, gozar  y sufrir con el equipo de Colombia.


sábado, 6 de junio de 2026


           

PEPE, EL FLAUTISTA DE GUADUAS

Hace algún tiempo alguien ironizó una publicación del maestro Julio Valenzuela mencionando al Tonto Pepe, ese personaje que durante décadas formó parte deL paisaje cotidiano de Guaduas. Al leer el comentario, volvió a mí su figura: la caña convertida en flauta, la partitura el concierto ambulante que ofrecía, lloviera o tronara, siempre a la misma hora. Lamento no tener una fotografía suya. ¿Qué sonidos alimentaban su cabeza? ¿Qué aires compondría Pepe mientras caminaba por calles y carreras del municipio? ¿Cuál era su historia de vida?

Las palabras tienen su época, su carga moral y su filo. “Tonto”, “loco”: etiquetas que la sociedad ha usado para nombrar —y a veces expulsar— a quienes no encajan en su idea de normalidad. No son exclusivas de Guaduas; pertenecen a la historia de todas las ciudades.

La antropóloga Silvana Bermúdez Claros reconstruyó la vida de cinco mujeres bogotanas —La Loca Margarita, Pacha Muelas, Valentina Sombreros, Mauricia y la Loca Benita— que entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX "deambularon por la capital en aparente estado de locura. Viudas, víctimas de la violencia o trastocadas por una pérdida, caminaron desnudas, gritaron consignas liberales o hablaron de sexualidad libremente"(El País). Sus recorridos, trazados en mapas antiguos, revelan no solo sus trayectorias, sino la manera en que la ciudad las miraba y las temía. Igual que a Pepe.

                                  

En aquella época, la respuesta institucional era el encierro: asilos, lobotomías, castigos disfrazados de tratamiento, sobre todo para mujeres pobres. "Hoy los diagnósticos han cambiado, pero persisten las heridas: el 62% de las personas deprimidas son mujeres, y la pobreza, el cansancio y la soledad siguen siendo factores de riesgo. Ya no se habla de locura, sino de ansiedad y depresión, las enfermedades mentales más comunes en la Bogotá contemporánea"(El País).

Decía que las palabras tienen su momento. Algunas desaparecen; otras regresan con nuevos sentidos. Y algunas, como “loco”, se resignifican cuando miramos de cerca la vida de quienes las cargaron. Pepe merece formar parte de la memoria de aquellos tiempos, no como un personaje pintoresco, sino como un ciudadano de pleno derecho. Con gusto le otorgaría la orden de ciudadano ilustre: nos mostró que más allá de cualquier valoración de normalidad, encontró en la música una forma de expresar su mundo, uno que —les aseguro— no estaba tan lejos del de quienes nos consideramos normales.

Gracias, Pepe, por otorgarle alegría a nuestra villa. Por recordarnos que la locura es, a veces, una manera distinta de intentar comprender este mundo. Por enseñarnos que la música puede ser una forma de libertad, un modo de habitar la vida cuando la vida no sabe cómo nombrarnos.

La foto de Guaduas es de Wilson René Diavanera.