Que el mundo es injusto desde sus comienzos, nos lo recuerda la Ilíada. Así lo cuenta Irene Vallejo en El Infinito en un Junco:
Cuando un hombre del pueblo, llamado Tersites- el único plebeyo que aparece en el poema, descrito como el más feo de los griegos que acudieron a Troya- osa intervenir en la asamblea de guerreros, Ulises lo empuja con el cetro y y le dice en tono imperativo que deje hablar a quienes son mejores que él, es decir, a los reyes y a los generales. A pesar del desplante, Tersites tiene suficientes agallas para lanzar un discurso reivindicativo criticando la codicia del rey Agamenón:-¡Átrida! ¿De qué te quejas otra vez? tus tiendas de campaña rebosan riquezas y mujeres. No está bien que quien es el jefe arruine a sus guerreros-. El poema describe cómo Ulises hiere al deslenguado y cojo Tersites, mientras la concurrencia de soldados que aprecia la escena aplaude, vitorea y estalla en carcajadas."Con el cetro la espalda y los hombros le golpeó. Se encorvó y una lágrima se le escurrió. Un cardenal sanguinolento le brotó en la espalda por obra del áureo cetro y se sentó y cobró miedo (Ilíada).
Tersites no agachó el lomo ante los reyes y guerreros poderosos. Recibió, por supuesto, el castigo de quienes ostentaban el poder. Ellos, acostumbrados a recibir las loas del pueblo, reaccionaron con violencia para ratificar su poderío. Lo triste fue que el resto de los soldados, de la misma condición de Tersites, se burlaron de él.
Antígona,el personaje de la obra de Sófocles, desobedeció a Agamenón y enterró a su hermano, como era la costumbre. Para ella, la ley natural prevalece sobre las normas humanas, nacidas casi siempre del capricho de los poderosos. Antígona nos mostró que las leyes humanas, cuando son producto de la imposición, no deben ser respetadas.