¡CÓMO CAMBIAN LAS PALABRAS!
De niño, la palabra "diablo" constituía la entrada al terror; incrustada en relatos que nos ponían los pelos de punta, temblábamos de pies a cabeza ante la presencia de un poder ante el cual nada se podía hacer. Ese personaje nefasto, rojo, con cachos- imagen tomada de una cajetilla de fósforos llamada " El Diablo"- era el causante de miedos irreprimibles y comodín de los adultos cuando se trataba de corregir los malos comportamientos de los niños. Aprendí así que toda palabra tiene una historia, un pasado.
Con mucha frecuencia, al usar una palabra a la que considerábamos inmodificable, sentimos que hay un lastre que nos exige resignificarla. Esa palabra nació, creció en un contexto diverso al de hoy y al actualizarla sentimos que comporta una carga negativa : Pienso en la palabra "macho". Era, hace tiempo, elogio, símbolo de la masculinidad dominante. Hoy tenemos que la lucha de las mujeres ha puesto en cuestión las connotaciones negativas de la misma. El macho es brutal, contrario a la igualdad de los sexos.¿Y recuerdan el impacto de llamar "marica" a alguien? Hoy es una manera cariñosa, un código juvenil para fortalecer un mensaje. ¡Por supuesto, marica!
Las nuevas tecnologías han realizado cambios enormes en los significados de las palabras con el fin de nombrar nuevas realidades. "Nube" es hoy almacenamiento remoto de datos, "muro" designa el espacio de publicaciones en redes sociales, "ventana" es hoy interfaz gráfica en un sistema operativo, "carpeta" es contenedor digital de información. Burbuja, viral, tráfico, territorio, huella, plataforma, canal, red, filtro, virus son ejemplo de los nuevos significados que han adquirido estas palabras.
Yo guardo una gran admiración por un escritor brasileño, Jorge amado, autor de "Gabriela", "Doña Flor y sus Dos Maridos". y siempre recuerdo con alegría la versión cinematográfica de "Gabriela", con Sonia Braga, la mas bella mulata que ojos humanos hayan visto. Perdón, escucho a una influencer decir que mulata viene de mula y corresponde a una clasificación racista impuesta por los españoles que conquistaron América. Simplemente Sonia.
Ah, las palabras, tan cambiantes como el amor y el deseo.