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sábado, 6 de junio de 2026


           

PEPE, EL FLAUTISTA DE GUADUAS

Hace algún tiempo alguien ironizó una publicación del maestro Julio Valenzuela mencionando al Tonto Pepe, ese personaje que durante décadas formó parte deL paisaje cotidiano de Guaduas. Al leer el comentario, volvió a mí su figura: la caña convertida en flauta, la partitura el concierto ambulante que ofrecía, lloviera o tronara, siempre a la misma hora. Lamento no tener una fotografía suya. ¿Qué sonidos alimentaban su cabeza? ¿Qué aires compondría Pepe mientras caminaba por calles y carreras del municipio? ¿Cuál era su historia de vida?

Las palabras tienen su época, su carga moral y su filo. “Tonto”, “loco”: etiquetas que la sociedad ha usado para nombrar —y a veces expulsar— a quienes no encajan en su idea de normalidad. No son exclusivas de Guaduas; pertenecen a la historia de todas las ciudades.

La antropóloga Silvana Bermúdez Claros reconstruyó la vida de cinco mujeres bogotanas —La Loca Margarita, Pacha Muelas, Valentina Sombreros, Mauricia y la Loca Benita— que entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX "deambularon por la capital en aparente estado de locura. Viudas, víctimas de la violencia o trastocadas por una pérdida, caminaron desnudas, gritaron consignas liberales o hablaron de sexualidad libremente"(El País). Sus recorridos, trazados en mapas antiguos, revelan no solo sus trayectorias, sino la manera en que la ciudad las miraba y las temía. Igual que a Pepe.

                                  

En aquella época, la respuesta institucional era el encierro: asilos, lobotomías, castigos disfrazados de tratamiento, sobre todo para mujeres pobres. "Hoy los diagnósticos han cambiado, pero persisten las heridas: el 62% de las personas deprimidas son mujeres, y la pobreza, el cansancio y la soledad siguen siendo factores de riesgo. Ya no se habla de locura, sino de ansiedad y depresión, las enfermedades mentales más comunes en la Bogotá contemporánea"(El País).

Decía que las palabras tienen su momento. Algunas desaparecen; otras regresan con nuevos sentidos. Y algunas, como “loco”, se resignifican cuando miramos de cerca la vida de quienes las cargaron. Pepe merece formar parte de la memoria de aquellos tiempos, no como un personaje pintoresco, sino como un ciudadano de pleno derecho. Con gusto le otorgaría la orden de ciudadano ilustre: nos mostró que más allá de cualquier valoración de normalidad, encontró en la música una forma de expresar su mundo, uno que —les aseguro— no estaba tan lejos del de quienes nos consideramos normales.

Gracias, Pepe, por otorgarle alegría a nuestra villa. Por recordarnos que la locura es, a veces, una manera distinta de intentar comprender este mundo. Por enseñarnos que la música puede ser una forma de libertad, un modo de habitar la vida cuando la vida no sabe cómo nombrarnos.

La foto de Guaduas es de Wilson René Diavanera.

sábado, 30 de mayo de 2026

“El arte de janguear: fiesta, viento y libertad”

 

EL ARTE DE JANGUEAR: FIESTA, VIENTO Y LIBERTAD

¿Qué es el jangueo? : "irte de fiesta, sí, pero también encontrarte con tus amigos en el bar de la esquina, en un chinchorro, sin rumbo ni planes concretos. Probablemente termines perreando al ritmo de reguetón y  dembow: no sin antes haber jugado una partida de billar o tirarte una que otra bailadita de salsa con algún desconocido" (La ley del jangueo: noches puertorriqueñas en Madrid y Barcelona, Nuria net, El País).

La palabra forma parte del habla puertorriqueña, adaptada del inglés "hang out", y adoptada en otros países. Janguear es, sencillamente, dejarte llevar por el viento, el corazón dispuesto y el ánimo libre. Un encuentro sin formalidades, un rato para compartir sin rigideces. Una rumba como debe ser, sin tanto protocolo.


En Colombia tenemos: "rumbiar", "parrandiar", "juerguiar", "fiestiar", con la terminación del habla y no de la escritura. Fiestas en las que la gente "se alza la bata",  goza, coquetea,  baila, ríe y  canta. Encuentros en los que el cuerpo asume el estado de placidez necesario para vibrar con la palabra, la música y el baile. El verdadero momento en el que nos desprendemos del yugo de las obligaciones y nos dejamos llevar por el aire festivo de la rumba.

Algo misterioso, espiritual tiene la fiesta. Un aire burlón, sensaciones disparadas, vocación de risa, emociones que nos conducen al paraíso terrenal. Allí la música nos eleva a dimensiones planetarias, nos descubre la alegría contenida que no cabe en el cuerpo y que nos motiva a janguear.

sábado, 23 de mayo de 2026

 


EL LADRILLO

Dice la canción: "yo tengo ya la casita/ que tanto te prometí/ tan  llena de margaritas/ para ti, para ti". La canción se llama "Ahora seremos felices" y expresa la alegría de poseer un lugar donde dar rienda suelta al amor. Hoy, tener una casita se ha convertido en pesadilla.  A la lucha  por conseguir la casita se suma el de poder conservarla  por los costos, los  impuestos, la gentrificación y el avance de los urbanizadores voraces. El ladrillo, "convertido en el mayor depósito de riqueza del planeta, se ha transformado en el principal motor de Exclusión" (El País). 

 El derecho a tener una vivienda se cambió por la  vivienda como activo económico:" De un lado, es la mayor reserva de riqueza del planeta. El parque inmobiliario mundial (viviendas, activos comerciales y terrenos agrícolas) alcanzó a comienzos de 2025 los 341 billones de euros, de los que 249 billones corresponden solo a la vivienda, según la consultora internacional Savills. La cifra multiplica casi por veinte el valor de todo el oro extraído en la historia y supera con holgura la suma de las Bolsas mundiales y la deuda global" (El País). 


Se derrumban los derechos sociales, se impone el discurso del mas fuerte y la fragilidad de la vida adquiere tonalidades grises. La vivienda como tal se ha convertido en fortaleza- para quien quiere asegurar su capital-, en resguardo- para quien ve la vivienda como protección, refugio-; amenazante, la espada que pende de las cabezas de propietarios menores, terror de los que alquilan viviendas, tesoro para inversionistas y urbanizadores.


Yo valoro el ingenio de quien ha escogido el ladrillo como símbolo civilizatorio de la humanidad. No hay otro elemento que recoja en tan pequeño espacio las veleidades, sufrimientos, alegrías,esperanzas y tristezas humanas. Ladrillo que abriga y despoja, ladrillo que protege y golpea, verdolaga de barro, cemento y agua que se extiende soberana brindando cobijo y arrasando el verde del planeta. Un asentamiento humano que se traduce en dinero, ambición y exterminio. De la casa como caracol que lleva en sus espadas el cobijo hemos convertido la vivienda en castigo de Sísifo, condenado a cargar por siempre una roca enorme a sus espaldas.

Cierto que no hay  nada mas imprescindible para alcanzar niveles de bienestar que la vivienda. Espacio de afecto y calor, guarida para soñar y amar. Una lucha contemporánea se orienta a exigir que la vivienda sea un derecho fundamental de la humanidad. Y que se busque siempre el respeto por los bosques, las fuentes de agua limpia, el aire puro. 

Ah, se me ocurre que hay otra palabra que expresa bien a la sociedad contemporánea: PLÁSTICO.

sábado, 16 de mayo de 2026

 

¿EN DÓNDE TE UBICAS?

¿En qué puesto te ubicabas cuando ibas a la escuela, al colegio, a la universidad o al técnico? ¿quién o qué establece el orden? Eso se preguntó Juan José Millás, escritor español y me pareció formidable. Así que intenté recordar cómo me había comportado al respecto. 

Del bachillerato recuerdo que en los primeros años solía sentarme en los últimos puestos. Una decisión basada en el poco gusto por el estudio; en los dos últimos años, siempre en primera fila. En la universidad, dependía de la clase a la que asistiera; en primaria, creo que allí influía el profesor, quien decidía la ubicación. Lo cierto es que en todos lo niveles, los mas fuertes se hacían atrás, por lo que yo debía ocupar los primeros lugares.


Curiosa pregunta que nos enseña mucho sobre lo que significa ocupar un puesto en un entorno determinado. En un salón de clase se establecen jerarquías,  normas e intereses que determinan el orden. Desde la estatura hasta la imposición del profesor, pasando por los criterios subyacentes de los estudiantes que dividen el salón entre rebeldes- los de atrás- y los sumisos y comelibros- los de adelante-; Se busca estar cerca del amigo, de la chica o el chico que nos gusta; lejos del bravucón, del insoportable; Se cambia de sitio a medida que se establecen nuevos acuerdos, relaciones. 

 Extraña la manera como solemos ubicarnos en los lugares: en un concierto, estar en zonas privilegiadas junto al escenario; en un estadio, donde se ubica la barra del equipo; en los templos, depende del grado de atención puesta en el ritual; en un acto solemne, es la jerarquía social la que establece el orden. La ubicación depende de tantos factores y las reacciones y comportamientos obedecen al lugar que ocupemos.


Dicho lo anterior, el puesto que ocupamos en un lugar depende del rango social, de la supremacía física y económica, de intereses de orden sentimental, amistoso; En una fiesta, buscamos lugares que nos ubiquen junto a nuestros parces. Y a medida que esta transcurre, vamos girando, girando de acuerdo con los propósitos de cada momento.

Las acciones humanas dependen , entre otros factores, del lugar que ocupemos en el espacio. Vivir en el sur o en el norte de una ciudad significa pertenecer a una jerarquía que divide los espacios y les otorga distinción. Decir sur implica no pertenecer a una clase social alta. Decir alta quiere decir estar en una posición dominante. El bajo mundo es  guarida de malandrines.



sábado, 2 de mayo de 2026

 


¿A QUÉ HORAS DESAYUNAS?

¿Te gustaría desayunar arroz, sopa, miso y pescado al desayuno? ¿Y qué tal  Dosa, idli, chai, paratha como en la India? ¿o congee, bollos al vapor y té como en China? ¿o comer abundante en la cena como los estadounidenses? Horarios y preparaciones varían de acuerdo con los países y regiones, nos cuenta Alessandro Barbero en su libro "Cuándo se come aquí? Breve historia cultural del horario de las comidas", en el que "invita a reflexionar sobre el sentido del tiempo vinculado a la comida como una expresión cultural y social"(Entrevista de Sara Cucala, El País).

Era costumbre en el campo colombiano empezar la jornada de trabajo a las 4 o 5 de la mañana, así que para arrancar el día se tomaba café o carajillo (café con aguardiente), un primer desayuno, frugal y a las 8 o 9 de la mañana el desayuno completo, que incluía caldo, huevos o carne, arepa y otros alimentos propios de la región. Almuerzo, onces a las 4 p.m. En la noche se estilaba una cena a las 6 y otra a las 8 p.m. Hoy poco queda de esa costumbre y aplicamos mejor el dicho: desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como pordiosero.


El desarrollo del capitalismo ha impuesto hábitos propios de la cultura estadounidense: la hamburguesa es la reina a la hora del lunch. Pregunta Cucala: " Tomemos la hamburguesa como ejemplo de la proliferación del fast food. No importa a qué clase social pertenezcas, todos comemos o hemos comido alguna vez una hamburguesa; Sin embargo, ¿el acto de comer una hamburguesa puede definir la política, la economía y la cultura de una sociedad?  

Barbero: Claro que sí, en la medida en que la hamburguesa es un producto y un símbolo de la cultura estadounidense, y su difusión mundial es una señal de la hegemonía cultural de EE UU. Después, se podría objetar que también encontramos pizza y kebab en todas partes, y eso no significa que exista una hegemonía cultural italiana o turca; sin embargo, la hegemonía cultural estadounidense en los siglos XX y XXI es un fenómeno en sí mismo, único hasta ahora en la historia, y, en ese sentido, el fast food también ocupa un lugar único.

Las migraciones  influyen en las costumbres alimenticias: "Los inmigrantes han llevado por todo el mundo los restaurantes étnicos y han acostumbrado a todos a relativizar sus propios hábitos alimentarios. Es decir, hoy todos sabemos que existen formas de comer distintas a las que hemos aprendido desde pequeños, y hemos aprendido a apreciarlas, mientras que antes era normal que quien entraba en contacto con hábitos alimentarios diferentes los encontrara horribles y los rechazara con asco; y esto es una novedad en la historia humana (Barbero).

Hemos visto en Colombia la profusión de negocios de comida regentados por migrantes venezolanos y poco a poco se van imponiendo gustos: las arepas, el arroz con fríjol negro. En Guaduas, las arepas mas deliciosas las preparaba "la negrita", cordobesa con una facultad única para hacer de este alimento toda una experiencia de los sentidos: al cogerla con las manos, el calor y el olor  llenaban el ambiente; morderlas y disfrutar de esa mezcla sabia de queso y harina de maíz. Hoy, en muchos lugares del país, la comida mexicana, la italiana, la japonesa, la peruana y otras se han incorporado al repertorio culinario nacional. 

Pregunta Cucala sobre la sobremesa, ese momento para dialogar después de comer. Para Barbero, " En el momento en que el asalto del capitalismo llegó también a los hogares y a la vida familiar, el predominio de la economía hizo olvidar todo lo demás, y cada persona empezó a ser valorada exclusivamente por su eficiencia en el trabajo. Es mi generación la que lo ha perdido todo: mi padre iba a la oficina por la mañana, volvía a casa a comer en familia y luego regresaba a la oficina por la tarde. Puede que no le quedara tiempo para el happy hour, pero creo que la vida familiar era mucho más sólida y feliz cuando se vivía así".

Comer despacio, disfrutar el encuentro, saborear con placer los manjares son reivindicaciones políticas encaminadas a hacer de los encuentros un momento de solaz, de risas, de intercambio de chismes. Este mundo  tan complejo, se vive con mayor gusto si reivindicamos el derecho al ocio, a la pausa, al compartir en familia y con amigos.

viernes, 24 de abril de 2026



 EL DEBER SER

No podemos quejarnos: gracias a las redes sociales, tenemos hoy un sinfín de expertos en todos los campos que nos orientan sobre cómo educar a los niños, cómo reparar relaciones rotas, cómo ejercitar nuestro cuerpo, cómo preparar un alimento, cómo vivir cien años, cómo aplicar técnicas infalibles para alcanzar el orgasmo, cómo comer de manera sana, etc. Todo apunta a redefinir nuestras metas, a adquirir los hábitos necesarios para alcanzar la felicidad. El deber ser.

Sometidos por la tiranía de las nuevas formas de interactuar, chicos y adultos son sometidos a la intervención de influencers, los que determinan el ser a través de las redes sociales. Un deber ser que se experimenta en el presente continuo y se sufre como futuro. Por ejemplo, los padres de familia menores de cuarenta años navegan por aplicaciones que les enseñan cómo criar a sus hijos, cómo educarlos, cómo responder a sus sensibilidades y emociones.  El aprender del error, el permitir a los niños actuar de manera espontánea en el juego, en los encuentros con otros ha sido proscrito por los nuevos psicólogos virtuales. Y si bien es cierto que una conversación amplia sobre estos asuntos es necesaria, la actual está determinada por el consumo: comprar como requisito para educar.

Ha sido una constante el dilema entre el ser y el deber ser. Van de la mano y forman parte del proceso ineludible para desenvolverse en el mundo. Lo curioso es que la escuela y la familia han perdido protagonismo en este asunto. Con niños y adolescentes formados en el la manigua de las redes sociales, la autoridad de los padres y la de la escuela perdió relevancia. Hoy influye mas un niño de 7 años que pontifica sobre la alimentación, el ocio, la moda que lo que pueden hacer padres y maestros. Y la paradoja estriba en que los adultos también son influenciados por otros gurúes que dan cátedra sobre lo habido y por haber.

Siento  necesaria una revolución contra  los empresarios tecnológicos y sus propósitos de convertirnos en zombies tecnologizados. Una revolución que demande una legislación para limitar la dictadura de las redes sociales, que rechace la propensión de las redes a convertir el odio en la nueva forma de interactuar, en rechazar a los políticos que en vez de mejoras sociales se dedican a los fake news y lo mas importante, en estimular formas de interacción que nos acerquen al goce por los ambientes verdes, el consumo básico y el respeto por todas las formas de vida que habitan el planeta. Es decir, una tecnología al servicio del mundo, mas allá de lo humano para dar cabida a la diversidad planetaria.

Todo depende de la rebeldía individual y colectiva  ante la presencia apabullante de las redes.

sábado, 18 de abril de 2026



 LAS Y LOS ERUDITOS

Son pocos los eruditos. Y si pensamos en un pueblo pequeño como Guaduas, nada qué hacer. Por supuesto, ¿quién es un erudito? Pienso en Marguerite Yourcenar, formada en casa en lenguas clásicas, historia y literatura, políglota y autora de obras como "Memorias de Adriano"; realizó múltiples viajes, y fue una autodidacta que abarcó no solo a Grecia y  Roma,  sino a culturas de Europa oriental. Fue la primera mujer en pertenecer a la academia francesa. En Colombia, pienso en Nicolás Gómez Dávila: Autodidacta radical, formado en bibliotecas privadas, lenguas clásicas y tradiciones filosóficas europeas.Leía en latín, griego, alemán, francés, inglés e italiano, y lo hacía con la naturalidad con que otros hojean el periódico. Su obra —los Escolios a un texto implícito— es un destilado de siglos de pensamiento, escrito con una densidad que solo se logra desde una vida de estudio silencioso. Su biblioteca personal, de más de 30.000 volúmenes, no era un adorno: era su mundo.

  Erudito es entonces, alguien cuya vida está  dedicada al conocimiento. Alguien capaz de acumular y sedimentar información para convertirla en creación. Erudito no es el intelectual pretencioso.  Recuerdo en Guaduas a Carlos Díaz Padilla, verdadero erudito, conocedor como pocos de literatura, arte, política, economía y derecho. Fue, además, y ese es su valor, un divulgador exquisito de todo lo que pasaba por su cabeza e influyó en un grupo de jóvenes que aprendieron de su mano la belleza de la lectura, la reflexión y el intercambio de ideas.

Todavía existen, aunque su papel como figuras relevantes, han perdido peso. El cerebro universal contenido en internet nos ha convertido de la noche a la mañana en portadores de bolsillo de la cultura universal. De la memoria alojada en el cerebro a la biblioteca total contenida en un celular o computador.  Prodigio si los hay, magia contenida en algoritmos, realización del sueño de la biblioteca universal de Borges.

Se ha convertido la memoria en  asunto frágil. No es necesario esforzarse para recordar. Allí está la información, lista para ser usada. Pero falta el calor humano. No reclamo la presencia de  eruditos. Apenas aspiro a dialogar con alguien a quien le atraiga la belleza que surge de las conexiones que la memoria, la sensibilidad y la enciclopedia tejen para generar nuevos mundos. 


Tal vez nos acercamos a un mundo donde pensar sea un oficio inútil. Que mientras viva, tenga yo la dicha de aprender de seres para quienes el conocimiento representa la imaginación, el juego, la creación.