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sábado, 22 de agosto de 2026


ELOGIO DE LA MEMORIA

Cuenta Irene Vallejo en "El Infinito en un Junco" que un día se celebraba un concurso de poesía en Alejandría:

El rey eligió a seis personajes ilustres de la ciudad como jueces literarios. Faltaba uno mas para conseguir un número impar, y alguien deslizó el nombre de Aristófanes. Los siete escucharon recitar a los petas pero, mientras los demás aplaudían, Aristófanes se limitaba a callar con gesto inexpresivo. Dejó deliberar a los otros sin mezclarse en la discusión. Solo al final pidió que le permitieran hablar, para decir que todos los concursantes menos uno eran farsantes. Selevantó, entró en los pórticos de la biblioteca de Alejandría y, utilizando solo su memoria, extrajo una montaña de rollos de distinas estanterías. Alli estaban, palabra por palabra,  recónditos, los poemas que los escritores tramposos habían  saqueado. Los ladrones de palabras no puderon engañar a Aristófanes.  para él, cada verso era tan inconfundible como un rostro, y recordaba su lugar en los anaqueles igual que otros conocen el puesto de una estrella en el cielo nocturno.

El personaje era Aristófanes de Bizancio (ca. 257 a.c.-ca. 180 a.c.)[ el memorioso, a quien el rey de Egipto nombró, ante tamaña demostración, director de la biblioteca de Alejandría.  

Pero, ¿qué es la memoria? La memoria, en términos sencillos y acordes con la neurociencia actual, es la capacidad del cerebro para transformar lo que vivimos en conexiones que podemos volver a activar. No guarda información como un archivo: la reconstruye cada vez que la usamos. Es un proceso vivo que permite aprender, pensar, decidir y reconocernos como quienes somos. Ella es la base de la identidad personal, organiza el conocimiento, permite el aprendizaje, es la base de la memoria de trabajo, base de la creatividad y la imaginación y arquitectura invisible del pensamiento.

La memoria es una especie de cámara que reconsruye desde el presente la dinámica de los acontecimientos individuales y colectivos. Ella activa aquellas partes que consideramos especiales en nuestras vidas: los recuerdos de la infancia, el primer amor, los miedos, los fracasos, las ilusiones. Todo como reconstrucción, al punto de que, a veces, la memoria, como la IA cuando no sabe la respuesta, se la inventa.

La memoria no es un vestigio del pasado: es una disciplina del mundo interior. Una manera de permanecer despiertos. Quizá por eso Aristófanes, con su prodigiosa capacidad de recordar, no solo descubrió a los ladrones de versos: también nos recordó que la memoria es una forma de lucidez. Y que, sin ella, el pensamiento sería un cielo sin estrellas.

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