PEPE, EL FLAUTISTA DE GUADUAS
Las palabras tienen su época, su carga moral y su filo. “Tonto”, “loco”: etiquetas que la sociedad ha usado para nombrar —y a veces expulsar— a quienes no encajan en su idea de normalidad. No son exclusivas de Guaduas; pertenecen a la historia de todas las ciudades.
La antropóloga Silvana Bermúdez Claros reconstruyó la vida de cinco mujeres bogotanas —La Loca Margarita, Pacha Muelas, Valentina Sombreros, Mauricia y la Loca Benita— que entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX "deambularon por la capital en aparente estado de locura. Viudas, víctimas de la violencia o trastocadas por una pérdida, caminaron desnudas, gritaron consignas liberales o hablaron de sexualidad libremente"(El País). Sus recorridos, trazados en mapas antiguos, revelan no solo sus trayectorias, sino la manera en que la ciudad las miraba y las temía. Igual que a Pepe.
En aquella época, la respuesta institucional era el encierro: asilos, lobotomías, castigos disfrazados de tratamiento, sobre todo para mujeres pobres. "Hoy los diagnósticos han cambiado, pero persisten las heridas: el 62% de las personas deprimidas son mujeres, y la pobreza, el cansancio y la soledad siguen siendo factores de riesgo. Ya no se habla de locura, sino de ansiedad y depresión, las enfermedades mentales más comunes en la Bogotá contemporánea"(El País).
Decía que las palabras tienen su momento. Algunas desaparecen; otras regresan con nuevos sentidos. Y algunas, como “loco”, se resignifican cuando miramos de cerca la vida de quienes las cargaron. Pepe merece formar parte de la memoria de aquellos tiempos, no como un personaje pintoresco, sino como un ciudadano de pleno derecho. Con gusto le otorgaría la orden de ciudadano ilustre: nos mostró que más allá de cualquier valoración de normalidad, encontró en la música una forma de expresar su mundo, uno que —les aseguro— no estaba tan lejos del de quienes nos consideramos normales.
Gracias, Pepe, por otorgarle alegría a nuestra villa. Por recordarnos que la locura es, a veces, una manera distinta de intentar comprender este mundo. Por enseñarnos que la música puede ser una forma de libertad, un modo de habitar la vida cuando la vida no sabe cómo nombrarnos.
La foto de Guaduas es de Wilson René Diavanera.
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