Deambulo por una calle bogotana y observo gente aglomerada en una esquina: un grupo de personas compra e intercambia monas del álbum del mundial de fútbol 2026. Me detengo a observar con curiosidad el fervor de los compradores, la variedad de edades, su entusiasmo, espontaneidad y alegría, pocas veces vista en una ciudad que es fría no solo en su clima sino en su talante.
No hay en el mundo una actividad tan llena de pasión, generadora de odios y amores extremos, que congrega a millones de adeptos, que atraviesa todas las fronteras y crea incontables fanaticadas para quienes un partido sin goles es como un domingo sin sol, que dijera alguien. Por el fútbol suceden encuentros que terminan en hermandades eternas, odios y rencillas en las que muchas veces se juegan la vida hinchas energúmenos, se acaban matrimonios, se desatan guerras; el fútbol pone a soñar a muchos padres de familia que sueñan con ver a su hijo vistiendo la camiseta de algún club profesional, y muchos hinchas ahorran y empeñan sus propiedades para asistir a un mundial.
Leo en el país una crónica acerca de un árbitro ecuatoriano a quien se le murió su mamá el día anterior a pitar un partido. Él, abatido, decidió pitar el encuentro: hubo un minuto de silencio, los hinchas aplaudieron al árbitro, los jugadores lo abrazaron y se inició el partido. En una parte del encuentro, el árbitro le anuló un gol al equipo local y los hinchas le gritaban con rabia: "huérfano de puta" a quien unos minutos antes habían rodeado con tanto cariño. Cosas del fútbol.
Soy un seguidor incondicional de algunas ligas y disfruto mucho los partidos que se transmiten por tv. Creo que pocas emociones se igualan a las que genera el fútbol y creo que no hay nada más glorioso que un picadito en un potrero o en una calle de pueblo o de barrio. Ser hincha de un equipo es la muestra mas poderosa de fidelidad y amor incondicional. Sin embargo, el fútbol ha tomado rumbos deplorables: convertido en mercancía al servicio de multinacionales, domestica el entusiasmo de los hinchas y convierte el deporte mas bello del planeta en un asunto comercial de alto turmequé. Seguro estoy de que en unos pocos años el fútbol será propiedad de empresarios norteamericanos en alianza con los multimillonarios del Medio oriente. Y a pagar se dijo.
Llegó el mundial y no queda otro camino que adorarlo: vibrar, gozar y sufrir con el equipo de Colombia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario