Son pocos los eruditos. Y si pensamos en un pueblo pequeño como Guaduas, nada qué hacer. Por supuesto, ¿quién es un erudito? Pienso en Marguerite Yourcenar, formada en casa en lenguas clásicas, historia y literatura, políglota y autora de obras como "Memorias de Adriano"; realizó múltiples viajes, y fue una autodidacta que abarcó no solo a Grecia y Roma, sino a culturas de Europa oriental. Fue la primera mujer en pertenecer a la academia francesa. En Colombia, pienso en Nicolás Gómez Dávila: Autodidacta radical, formado en bibliotecas privadas, lenguas clásicas y tradiciones filosóficas europeas.Leía en latín, griego, alemán, francés, inglés e italiano, y lo hacía con la naturalidad con que otros hojean el periódico. Su obra —los Escolios a un texto implícito— es un destilado de siglos de pensamiento, escrito con una densidad que solo se logra desde una vida de estudio silencioso. Su biblioteca personal, de más de 30.000 volúmenes, no era un adorno: era su mundo.
Erudito es entonces, alguien cuya vida está dedicada al conocimiento. Alguien capaz de acumular y sedimentar información para convertirla en creación. Erudito no es el intelectual pretencioso. Recuerdo en Guaduas a Carlos Díaz Padilla, verdadero erudito, conocedor como pocos de literatura, arte, política, economía y derecho. Fue, además, y ese es su valor, un divulgador exquisito de todo lo que pasaba por su cabeza e influyó en un grupo de jóvenes que aprendieron de su mano la belleza de la lectura, la reflexión y el intercambio de ideas.
Todavía existen, aunque su papel como figuras relevantes, han perdido peso. El cerebro universal contenido en internet nos ha convertido de la noche a la mañana en portadores de bolsillo de la cultura universal. De la memoria alojada en el cerebro a la biblioteca total contenida en un celular o computador. Prodigio si los hay, magia contenida en algoritmos, realización del sueño de la biblioteca universal de Borges.
Se ha convertido la memoria en asunto frágil. No es necesario esforzarse para recordar. Allí está la información, lista para ser usada. Pero falta el calor humano. No reclamo la presencia de eruditos. Apenas aspiro a dialogar con alguien a quien le atraiga la belleza que surge de las conexiones que la memoria, la sensibilidad y la enciclopedia tejen para generar nuevos mundos.
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