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sábado, 28 de febrero de 2026

 


MEMORIA SAMPERINA: UN LECTOR Y SEÑOR DIGNO DE ADMIRACIÓN

Hace muchos años, leí con fruición "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar. Lo leí de un tirón, absorto ante la riqueza de ideas y de historias que pasaban ante mis ojos; además, lo subrayé y escribí muchas anotaciones en las márgenes del libro. No podía contenerme: el libro me entregaba reflexiones sobre el poder, el amor, la vejez, la política, la guerra que nunca había escuchado. Un día, un colega del colegio Samper, al oírme hablar de Adriano, me dijo que quería leerlo. "Por supuesto,  pero está subrayado y con muchas anotaciones" , le dije. "No importa", me respondió. A las pocas semanas me lo devolvió. "¿Cómo le pareció? " pregunté. "Formidable", me respondió:  Y añadió: " Y disfruté a la par  sus anotaciones". Caramba, ha sido el homenaje mas bello que me han hecho en mi vida en tratándose de lecturas. Ese lector  se llamaba Álvaro Acevedo, amigo y colega de muchos años.

A Álvaro se lo puede describir con imágenes: siempre arribaba al colegio a las 6:30 a.m. A esa hora, abría el periódico El Tiempo, sentado en su escritorio. Luego de leer aquello que le interesaba, se disponía a resolver el crucigrama, asunto que era "pan comido", pues en cuestión de cinco minutos completaba los cuadros. Su porte, su elocuencia, lo hacían digno de admiración de alumnos y maestros. Alguna vez quise molestarlo, corcharlo preguntándole sobre literatura, medieval. Burlador burlado: me dio una cátedra erudita de autores y obras . Tenga pa' que chupe.


Poseía el don del buen maestro. Creativo, riguroso. Y severo. Nadie se ponía de ruana sus clases. Metódico, ejercía la sabiduría del maestro justo.  Famoso era su ademán de rascarse el cuello y soltar un "jeje" cuando alguien en su clase quería pasarse de listo. Amó el Samper y su mejor aporte fue su constancia, su disciplina, su responsabilidad. No solo dominaba  las matemáticas: la historia, el arte, la música eran parcelas en las que Álvaro descubría la belleza y la profundidad del conocimiento humano.

 Fervoroso escucha del tango, me enseñó sobre cantantes y canciones que escucho igual ahora con  deleite. Tardes y noches de farra en la cancha de tejo Tropicana, en  los duelos tejísticos, rematados con charlas deliciosas en las que su palabra no solo nos enriquecía sino que motivaba tremendos debates al calor de unos buenos aguardientes.

Su mayor tesoro era su familia. No escatimaba esfuerzos para responder a las demandas hogareñas. A mí me encantaba su estricto sentido del deber y el amor familiar. 

Oh, capitán, mi capitán,  cuánto lo extraño.



sábado, 21 de febrero de 2026




LA SEDUCCIÓN

Cambian las costumbres: la seducción formaba parte de las estrategias de conquista amorosa y era paso obligado para el éxito amoroso. Con la irrupción del movimiento Me too, seducir se convierte en una expresión del poder hegemónico del macho, elemento central del catálogo patriarcal. Una actriz francesa muy famosa reivindicó la seducción como el juego necesario para lograr la conquista. Quién dijo miedo. Rayos y centellas le llovieron.

Cada acto o movimiento de protesta posee el rasgo de lo extremo. La conquista amorosa se convierte en un acuerdo en el que se establecen las reglas y se delimita lo posible. Antes que miradas cargadas de deseo, un memorando con lo que se puede o no hacer en el encuentro. Menos gestos y actitudes libidinosas y mas precisión sobre los límites y las barreras.


Adiós cine francés, adiós literatura erótica, adiós arte de la conquista. Expresar el deseo, desplegar los artilugios de la conquista son causales de un proceso penal. Por supuesto, no excuso la intrusión agresiva y violenta que confunde el deseo con el acoso. Reclamo, por el contrario, el derecho a explayar todas las tácticas que avivan el eros. Los ojos, las sonrisas, la ropa, las poses son parte del ritual que nos convierte en homos eroticus. Un instante en el que las emociones alcanzan el máximo punto de ebullición y los cuerpos se metamorfosean en órganos candentes. Escribió Byung - Chul Hang:

Si pienso filosóficamente sobre el beso, eso no fue un beso, porque él la besó y ella no, eso es violencia. Pero el problema es que todo este movimiento Me Too era bueno. Ir contra la violencia sexual es bueno. Pero ahora este movimiento contra la violencia sexual se ha convertido en violencia.  Ha destruido el eros, ha destruido la seducción. Conozco a muchas actrices, muy independientes, y a muchas feministas que rechazan este Me Too porque destruye la seducción”(Entrevista de Josefa Elola a Byung Chul Hang, El País).


Válida es la lucha contra el patriarcalismo, el acoso, la violencia en contra de la mujer. Deplorable convertir el juego erótico en delito. La seducción, el coqueto, la conquista son expresiones ligadas al instinto, al deseo animal de aparearse. Potenciadas por la cultura, estas tácticas convierten la seducción en arte amoroso.

Listo estoy para ser juzgado por leyes tan taxativas y rigurosas. Prefiero el cepo a perder el encanto de una mirada, de una sonrisa seductora, de un gesto, de un contoneo  que invita a perderse por los pasadizos que conducen al placer. ¿Habrá acto mas libre y grato?

sábado, 14 de febrero de 2026



EL REGRESO DE ULISES

Un ejemplo  de la manera como cambian las interpretaciones de los clásicos lo señala Máriam Martínez Bascuñan en su reseña de la película "El regreso de Ulises"(EL PAÍS): El héroe que regresa a Ítaca después de 10 años de guerra y 10 de peripecias en su viaje de vuelta;  el guerrero debe retomar el trono, ahuyentar a los pretendientes de Penélope, su mujer, quien lo ha esperado pacientemente evadiendo el cerco de asedio de hombres que anhelan desposarla y posesionarse de su reino; y el reencuentro  con su hijo, Telémaco.       

A esta mirada se opone el cuestionamiento del enfoque feminista: ¿Es en verdad un ser pasivo la mujer que cada día debe rechazar el asedio de hombres obsesionados con posesionarse de su cuerpo para tomar el poder? ¿ Es pasiva una mujer que resiste con astucia los intentos de ser sometida a los deseos de sus pretendientes? 


La mirada sobre Ulises pone en jaque la interpretación de la crítica acerca de la restauración del poder. Han transcurrido 20 años desde cuando el héroe de Ítaca partió a Troya; a su regreso, un orden alterado por la codicia de los pretendientes de Penélope volverá a su curso normal tras su regreso. El cuestionamiento obedece a que ha sido la violencia la que ha marcado el ejercicio de poder de Ulises. Penélope ha resistido a las pretensiones de los hombres y al volver Ulises ella vuelve a ser la súbdita de su marido. El regreso al orden significa el retorno del poder incuestionado de Ulises y la sumisión de Penélope, vuelta a ejercer el rol de mujer subordinada en un mundo patriarcal.

Penélope ha resguardado su reino, mantenido su dignidad intacta, protegido a su hijo y rechazado el ansia de dominio de los hombres sobre su cuerpo y sus deseos. ¿Qué habrá pensado Penélope al ver a Ulises tras 20 años de ausencia?  Ulises es otro, no es el mismo hombre que partió a la guerra y que cree que su reino ha permanecido en estado latente aguardando su retorno. El poder concebido por Ulises niega el carácter rebelde de Penélope, asume la hegemonía masculina como el designio eterno de manejo del poder. 


Este caso nos evidencia la riqueza que cabe en los textos: el lector aporta sensibilidad, enciclopedia; el texto está allí, para ser interpretado por seres que viven en un tiempo determinado. De esta manera se suceden las múltiples lecturas que en cada periodo enriquecen su comprensión.

El héroe de la Odisea es Penélope, nos dice Máriam.

sábado, 7 de febrero de 2026

 


MELANFORIA

Una emoción para viajar sin haber viajado

Hay lugares que nos habitan antes de que los habitemos. Ciudades que despiertan en nosotros una nostalgia inexplicable, como si hubiéramos caminado sus calles en otra vida o en un sueño que no recordamos del todo. Esa sensación —mitad bruma, mitad latido— aparece a veces sin aviso: basta una melodía, un acorde, una voz.

A esa emoción la llamo MELANFORIA: melancolía + euforia ( fora, llevar).

La alegría de ser transportados hacia un lugar que nunca hemos pisado, pero que, de algún modo, ya forma parte de nuestra memoria.

Vivimos rodeados de geografías imaginadas. Cada día, cientos de personas sueñan con paraísos que solo conocen por fotografías, relatos o películas. Y sin embargo, esos lugares adquieren ciudadanía en nuestro cerebro: se vuelven íntimos, familiares, casi propios. A mí me ocurre con La Habana, con Londres, con Río de Janeiro. En mi mente camino por pubs donde jóvenes celebran la noche, escucho el son cubano que se derrama por las calles, tomo un café porteño mientras escucho conversaciones eruditas, admiro la elegancia de una chica en Ipanema o la danza rosada de los delfines amazónicos.

La música es el pasaporte que activa ese viaje.

Amy Winehouse me guía por Londres; la bossa nova me pasea por Brasil; el son me transporta en alfombra mágica por el Caribe. Cada ritmo abre una puerta, cada voz ilumina una esquina del mundo. Y dos mujeres, Lucibela y Cesária Évora, rompen toda rigidez en mi corazón: desde Cabo Verde me enseñan que la música no solo nos lleva lejos, sino hacia adentro.

Porque la melanforia no es solo un desplazamiento imaginario.

Es una forma de reconocer que también  estamos hechos de lugares que no hemos vivido.

Que nuestra identidad está tejida con geografías afectivas, con músicas que nos adoptan, con ciudades que nos sueñan antes de que podamos soñarlas.

Quizá viajar —de verdad o en la imaginación— sea siempre esto: descubrir el paisaje íntimo que nos habita.