EL ORDENADOR DE BIBLIOTECAS
¿Qué tal el oficio de Arturo Charria,"ordenador de bibliotecas"? A mí me parece formidable: adentrarse en la selva enmarañada de libros cuyo orden parece depender de dioses arcanos, alterar la secreta comunión de libros dispuestos al azar- o por el destino- y disponerse a establecer un nuevo orden, cuyas leyes son arbitrarias y provocativas.
Cuenta Charria que Jorge fue su primer cliente: "Observé que tenía bibliotecas hechas a la medida del apartamento distribuidas por toda la casa. Lo abrí (el libro París no se acaba nunca), y por la fecha me di cuenta que lo había comprado hace poco. Me corrigió: -no. Yo no les pongo la fecha en que los compro, sino cuando los termino.
-Ese es el orden-, dije inconscientemente".
Tremendo reto armar una biblioteca. ¿qué criterios adoptaría yo, en caso de asumir este oficio? Bueno, aquí van algunas ideas:
- Ordenar los libros por emociones. Cuáles nos causaron mayor tristeza o alegría, cuáles nos produjeron rabia, dolor, esperanza.
- Ordenarlos por las circunstancias en que se adquirieron: los robados, los que se compraron con mucha dificultad, los que se compraron por compromiso, los que nos regalaron.
- Clasificarlos por el impacto que nos produjeron ciertos personajes. Aquiles, José Arcadio Buendía, Ana Karenina, Madame Bovary, Adriano, Horacio Oliveira y la Maga.
-Los libros subrayados, según la cantidad e intensidad de los trazos.
Para rematar, una perla.Como Charria realizó su labor en compañía del dueño de los libros, obtuvo una ganancia adicional:
Hubiera podido terminar el trabajo en dos días, pero siempre había libros en los que Jorge se detenía. Mientras subíamos y bajábamos volúmenes, él recordaba viejos amores, viajes y tristezas que descifraba entre los subrayados. de repente, buscando la fecha de la lectura, caían viejos pasajes de avión o fotografías que usaba como separador. en una oportunidad cayó una foto de él junto a una mujer. "Es Diana", me dijo. Esa tarde no acomodamos mas libros; fue a su cocina y regresó con dos vasos y una botella de whisky.
Ese oficio me gusta. Disponer y ordenar un universo, al calor de la palabra memoriosa, con un vaso de bon vino.
Ese oficio me gusta. Disponer y ordenar un universo, al calor de la palabra memoriosa, con un vaso de bon vino.
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