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sábado, 24 de enero de 2026

 



EL PIE DE PÁGINA QUE ANUNCIA OTRA ÉPOCA

Leyendo El Espectador del 19 de enero de 2026 me encontré con una nota titulada “La RAE en el centro del debate: las tensiones y la columna que reavivó la controversia”. Más allá del contenido —las fricciones entre la Academia de la Lengua, el Instituto Cervantes y la columna de Arturo Pérez-Reverte— hubo dos detalles que me llamaron la atención: la firma “contenido creado con IA y Redacción Cultura” y la nota final que aclaraba que el artículo había sido elaborado por un periodista humano con asistencia de una herramienta de generación de contenido basada en inteligencia artificial.

Esta irrupción de las nuevas tecnologías en todos los campos ha generado tremores de magnitud 6 en las sociedades actuales: miedo a perder los empleos, prohibiciones para usar celulares en las instituciones educativas, publicaciones que alertan sobre los peligros de la exposición permanente a las pantallas, la pérdida de la autonomía humana, el desempleo masivo por la presencia cada vez mas apabullante de la IA. En el fondo, estas respuestas muestran que no tenemos respuestas para un fenómeno invasivo y arrasador.

Un ejemplo revelador es el caso de Google. Durante décadas fue la puerta de entrada al conocimiento digital, pero hoy ve disminuir sus consultas porque muchas búsquedas se realizan directamente en herramientas de inteligencia artificial. La empresa, obligada por la presión del entorno, ha tenido que incorporar estos modelos en su propio motor de búsqueda. Y mientras tanto, proliferan servicios basados en IA en todos los campos imaginables.

El sector educativo, alarmado, ve amenazado su territorio. Las propuestas educativas avanzan lentas frente a los avances formidables de la IA y seguramente vendrán cambios que transformarán lo que entendemos como servicio educativo. Educación personalizada, horarios flexibles, educación desde casa, nuevos currículos flexibles y disminución de los tiempos para la adquisición de nuevas competencias.

 Estamos, quizá, ante el inicio de una nueva época. Una época en la que las competencias humanas tradicionales se ven desbordadas por tecnologías capaces de realizar tareas que durante siglos consideramos exclusivamente nuestras. Prácticas que parecían inamovibles se desvanecen con una rapidez desconcertante. Y, sin embargo, este desconcierto también puede ser una oportunidad: la de preguntarnos qué significa seguir siendo humanos en medio de estas transformaciones, qué queremos preservar y qué estamos dispuestos a reinventar.


2 comentarios:


  1. Con todas las tecnologías, inteligencia artificial y demás avances, jamás cambiaria la sensación de dar y recibir un abrazo.Ese placer quiero preservar por siempre.

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