LEONARDO DA VINCI Y LA CURIOSIDAD IRREFRENABLE
Para los ciudadanos de su época, Leonardo Da Vinci era un "incumplido", una persona que no respondía a tiempo a los encargos de sus mecenas, cuenta W. Isaacson, autor de una biografía del genio renacentista y biógrafo de Steve Jobs, Albert Einstein, Benjamín Franklin y Henry Kissinger.
Fue Leonardo un ser ávido de conocimiento, capaz de embeberse en la observación de un fenómeno sin importar sus compromisos, curioso como el que mas y capaz de saltar de un asunto a otro. Pocos como él, dotados de una proverbial curiosidad por el mundo que le rodeaba.
(Estudios anatómicos)
"El genio del Renacimiento fue un "inadaptado auténtico": era hijo ilegítimo, homosexual, zurdo, vegetariano, se distraía..., pero también era "el más divertido y apasionado por cualquier tema. Le encantaba inventar instrumentos musicales, utilizar aplicaciones matemáticas, pintar 'La última cena' o diseccionar un corazón humano", explica Isaacson"(El Espectador, todos podemos ser un genio).Era tal su dedicación,que "pasó 30 años estudiando los músculos del cuello y realizando experimentos de anatomía para lograr que los del san Jerónimo que estaba pintando por encargo de un mecenas fueran exactamente como quería" y 16 años en pintar la Mona Lisa.
(Autorretrato)
Señala Isaacson que "todos podemos detenernos un poquito para preguntarnos por qué el cielo es azul o por qué vuela un pájaro y maravillarnos con la forma en la que aletea; analizar cómo la luz incide en un objeto, buscar qué hay detrás de la expresión de una persona y fijarnos en sus emociones internas", igual que lo hacía Leonardo con el mundo que le rodeaba.
(Florencia, sigloXVI)
En una época en que la memoria ha sido barrida de nuestra actividad intelectual, recomienda Isaacson que "debemos detenernos a observar con más atención en lugar de coger nuestro teléfono móvil rápidamente y buscar en Google lo que sea o mirar el último mensaje de texto que ha entrado".
(tornillo aéreo)
Genios como Leonardo no son frecuentes en la historia humana. No obstante, su curiosidad y sed de conocimientos son una actitud y disposición que, bien aplicados, contribuyen a formar mejores personas, atentas a descubrir la riqueza que subyace a cada fenómeno social y natural.