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sábado, 31 de enero de 2026



LA CAMA

¿Hay acaso mueble mas acogedor que la cama? Pasamos la mitad de la vida durmiendo y vale la pena rendirle un homenaje al artefacto que lo hace posible. Decimos cama y nos trasladamos al paraíso. Luego de arduas jornadas, acostarse y adentrarse en el universo onírico constituye el placer excelso.

La intimidad encuentra en la cama el medio ideal para recorrer los pasadizos secretos de nuestra mente. Allí se vive un proceso que nos alienta a mirarnos sin los adornos del mundo exterior. Tendidos cuan largos somos, sentimos un delicado calor que nos lleva a la duermevela y luego al sueño profundo. como la mente no descansa, los sueños se encargan de poner en la pantalla los miedos, deseos, anhelos y rabias que nos mueven despiertos.


Hoy se ha colado en los dormitorios un visitante indiscreto: el celular. En la comodidad del lecho, rodamos imágenes y textos que nos atan a asuntos veleidosos.  El celular es un intruso que no permite viajar por los senderos  del alma. Muchos han cambiado el regalo del reposo por el viaje virtual a mundos de boato.

Todos los municipios de Colombia deberían erigir, en vez de estatuas a héroes dudosos, monumentos a las camas.


sábado, 24 de enero de 2026

 



EL PIE DE PÁGINA QUE ANUNCIA OTRA ÉPOCA

Leyendo El Espectador del 19 de enero de 2026 me encontré con una nota titulada “La RAE en el centro del debate: las tensiones y la columna que reavivó la controversia”. Más allá del contenido —las fricciones entre la Academia de la Lengua, el Instituto Cervantes y la columna de Arturo Pérez-Reverte— hubo dos detalles que me llamaron la atención: la firma “contenido creado con IA y Redacción Cultura” y la nota final que aclaraba que el artículo había sido elaborado por un periodista humano con asistencia de una herramienta de generación de contenido basada en inteligencia artificial.

Esta irrupción de las nuevas tecnologías en todos los campos ha generado tremores de magnitud 6 en las sociedades actuales: miedo a perder los empleos, prohibiciones para usar celulares en las instituciones educativas, publicaciones que alertan sobre los peligros de la exposición permanente a las pantallas, la pérdida de la autonomía humana, el desempleo masivo por la presencia cada vez mas apabullante de la IA. En el fondo, estas respuestas muestran que no tenemos respuestas para un fenómeno invasivo y arrasador.

Un ejemplo revelador es el caso de Google. Durante décadas fue la puerta de entrada al conocimiento digital, pero hoy ve disminuir sus consultas porque muchas búsquedas se realizan directamente en herramientas de inteligencia artificial. La empresa, obligada por la presión del entorno, ha tenido que incorporar estos modelos en su propio motor de búsqueda. Y mientras tanto, proliferan servicios basados en IA en todos los campos imaginables.

El sector educativo, alarmado, ve amenazado su territorio. Las propuestas educativas avanzan lentas frente a los avances formidables de la IA y seguramente vendrán cambios que transformarán lo que entendemos como servicio educativo. Educación personalizada, horarios flexibles, educación desde casa, nuevos currículos flexibles y disminución de los tiempos para la adquisición de nuevas competencias.

 Estamos, quizá, ante el inicio de una nueva época. Una época en la que las competencias humanas tradicionales se ven desbordadas por tecnologías capaces de realizar tareas que durante siglos consideramos exclusivamente nuestras. Prácticas que parecían inamovibles se desvanecen con una rapidez desconcertante. Y, sin embargo, este desconcierto también puede ser una oportunidad: la de preguntarnos qué significa seguir siendo humanos en medio de estas transformaciones, qué queremos preservar y qué estamos dispuestos a reinventar.


sábado, 17 de enero de 2026



PROMESAS COMO CEREZOS

 Los comienzos de año poseen un ritual que se repite sin tregua: las promesas de cambio :en el trabajo, en el hogar, en la salud, en el amor, en el deporte y en todo lo que nos parezca trascendente. Implican estas promesas una renovación, el comienzo de una nueva florescencia. Como si el camino recorrido estuviera hecho de piezas metálicas que se retiran para instalar unas nuevas.

En el caso de nosotros, humanos, cargamos el cúmulo de experiencias y legados que no podemos abandonar. Las promesas de renovación tienen una relación con el deseo de arribar al paraíso, de encontrar una senda florida. Una suerte de adanismo que considera el comienzo, las promesas de cambio como hechos frescos, nuevos, sin vínculos con lo pasado.

El cuerpo, el trabajo, el amor, los viajes, los emprendimientos son algunos de los referentes escogidos para el listado de promesas. Supone un esfuerzo, dedicación, disciplina. ¿O acaso sea una aspiración de convertir nuestras vidas el año que comienza en una transformación mágica, un hechizo que nos hace seres nuevos sin esfuerzo?


Somos sujetos frágiles que dependemos de hechos, circunstancias y azares. Es falsa la idea de que no dependemos de nadie, de que no necesitamos de nadie. Desde que ponemos los pies en el suelo, un hilo invisible nos recuerda la dependencia de otros. Así que, de manera ineludible, nuestros deseos de cambio dependen no solo de la voluntad individual sino de los infinitos cruces con los demás.

Kamo No Chomei decidió, a sus cincuenta años, abandonar el mundanal ruido y refugiarse en una cabaña de tres metros cuadrados para meditar, escribir y hacer música. El, autor de "Un relato desde mi choza", fue capaz de semejante hazaña. Japonés tenía que ser. Aquí, en esta parte del globo, tan poco amigos de meditar, de encontrar el nirvana, las promesas, en eso sí, se parecen a los cerezos en flor. Muy bellos y duran poco.

Mejor no hacer promesas de comienzos de año. O tal vez sí: Una sola: ser mejores personas, comprensivas, menos piedrudas. Suficiente.